FUE MUY BELLO MIENTRAS DURÓ

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       Eso es lo que diría alguien que cifrara su exuistencia, en los ojos de la cara. Afortunadamente la mujer y el hombre, son pseedores de un mirar que perdura, en la mirada del recuerdo, esa  “Nuve,” como diría un  experto en las técnicas modernas, donde se guardan los fotogramas y textos de momentos compartidos, que llenaron nuestras retinas y nuestros corazones. Quiero en estas breves líneas, anticiparos la próxima llegada de instantes  vividos y que afianzan, aún más,  mis pensamientos en lo que creo y respeto. ¡¡¡Qué bello es vivir!!! Siempre  estuve enamorado de la vida, y cada día lo estoy más.Las vivencias de todo tipo que relataré en los días sucesivos, intentarán, torpemente, reflejar esos porqués.Os quiero, a los de siempre y a los que habeis llegado ahora a este viejo, arrugado y sobre todo, hambriento corazón.

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HOY HE VUELTO ALLÍ

Crreo que los niños del siglo XXI, ni son más inteligentes, ni más listos, ni más espabilados que lo eran los nacidos en el primer tercio del siglo XX, a cuyo grupo pertenezco. También es cierto que los comportamientos de unos y de otros no tienen nada en común. Las razones son obvias. Ahora se les bombardea con toda clase de informaciones. Antes solo funcionaba el boca a boca vecinal.  ¿Mejores? ¿Peores? Ni lo uno ni lo otro. Sencillamente diferentes. Y eso no solo ocurre con los niños sino con los que ya éramos y son algo más que niños.

Hoy, cuando salí a dar mi acostumbrada caminata, me desvié un poco y por un monte, casi inacesible llegué a un lugar donde hace muchos años se extrajo pizarra y al paralizar la explotación quedó una oquedad que utilizábamos los muchachos para guarecernos del frío o simplemente como lugar curioso para meternos allí cuando llevaábamos el ganado a pastar por las proximidades.

Era el verano de 1954. Había terminado los estudios y disfrutaba de las vacaiones veraniegas en mi pueblo, Beariz. Una tarde conocí a una jovencita muy linda que otros años no había visto. Era forastera. Llevaba en la aldea unos meses. Nos presentaron. Hablamos y acordamos ir al día siguiente con el ganado. Decidimos que fuera para las Mamoas. Esa zona, de uno de los montes donde se apacentaba al ganado se denominaba así, Las Mamoas porque allí existen cinco túmulos funerarios que tienen forma de “Mamoas” Entre las “Mamoas” está la depresión que mencionaba al principio, vestigio de la vieja cantera abandonada.  Yo me ofrecí a llevar las vacas y las tres o cuatro ovejas que había en la casa, llevar el ganado para el monte  La solicitud fue aceptada con mucho gusto, no exenta de una buena dósis de sorpresa por mi voluntarioso y no muy nhabitual ofrecimiento. El caso es que a la hora convenida, Carmiña, así se llamba familiarmente la joven y yo nos encontramos en el sitio convenido. Eran ls primeras horas del día. La mañana estaba serena. El gando pacía tranquilamente y nosotros nos metimos en el hueco de la antigua cantera. Nos sentamos el uno junto al otro. Ella me preguntaba cosas sobre la Capital. Yo, a la vez lo hacía sobre sus actividades en la aldea. En fin, lo normal entre dos jóvenes que desean conocerse mejor. Al rato de estar charalando, Carmiña se acercó más a mí, rozándome con su cuerpo y haciéndome preguntas con cierto sesgo, para mí muy novedoso.  No conforme con mi actitud, abrió una bolsa de tela que llevaba, en aquel entonces aún no se conocían las bolsas de plástico, y comenzó a sacar fotografías de su familia. Había fotos de sus padres, de sus hermanos, de ella misma. A la vez que me las mostraba, se pegaba más a mí. Cuando ya había sacado bastantes fotografías de la familia, comenzó a mostrarme otras de sí misma, en traje de baño. Ponía mucho énfasis en la calidad del bañador y lo bien que se ajustaba a su cuerpo, en especial a los pechos. Cuando eso decía, cási se ponía frente a mí rozándome con sus senos. Yo asentía coincidiendo con ella en lo bien que le quedaba la refrescante prenda. Viendo fotos y haciendo comentarios, pasamos la mañana, olvidándonos de nuestra misión más importante: cuidar el ganado. Cuando salimos del hueco, no encontramos ni vacas ni ovejas por ninguna parte. Los animales espantados por las moscas y los tábanos que al requerimiento del calor veraniego buscan refrescarse chupando la sangre a los animales que se lo permiten, las hicieron salir corriendo buscando refugio sabe Dios dónde. Entre la maleza de los montes o en las cuadras. Carmiña debió quedar decepcionada totalmente pensando de mí que, adem´s de tonto, era una auténtica calamidad, no sabiendo interpretar los clarísimos mensajes que me remitía de forma tan clarividente. La clarividencia, la vi después, con los años. Y es que yo siempre fui un poco ……..También es cierto que para entonces, aún no había conocido mujer, a pesaar de mis casi 18 años. ¡¡Qué diferencia de aquellos tiempos a estos que vivimos!! Pero, a decir verdad, hoy es el día que siento un poco de pena de mí mismo. Pero solo un poco, porque ser honesto con las propias convicciones, te da un plus de bienestar que, en muchas ocasiones compensa de todo lo demás.

¿El ganado? Mucho más coherente que sus jóvenes dueños, se refugiaron en sus cuadras, viniéndose para la casa. Capítulo aprte merece el comentario de mis padres, por lo que a mí atañe. Otro tanto me supongo que le sucedería a ella. Y lo peor, yendo al pragmatismo que debía imperar en sus mentes, sobre todo en la de Carmiña, el tiempo perdido por el tonto del estudiantillo capitalino que de estudios y de capital, mucho, pero del conocimiento femenino, SUSPENSO. Honestamente, lo recuerdo sin resabios. ¿Lo volvería a repetir?……..

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A LA BÚSQUEDA DEL TESORO

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Para lo que intento narrar, es necesario hacer un poco de historia. En el Ayuntamiento donde resido, tenemos un aerodromo para aviones utilizados para extinguir posibles incendios. Este aerodromo su utiliza, como es fácil de en tender, en época de estiaje. La escuadrilla, normalmente, la componen cinco aviones con sus respectivos pilotos. En esas labores hubo varios accidentes en los que perdieron la vida dos de los hombres que pilotaban las pequeñas y prácticas naves. En las proximidades del polideportivo que hay en el Municipio colocamos dos monolitos en recuerdos de los esforzados profesionales que perdieron la vida intentando que el fuego no convirtiera en un erial calcinado nuestros montes. Estoos bellos y variopintos montes de Beariz.20160703_214857.jpg

Personalmente me he trazado una norma de comportamiento que consiste en ir cada día al lugar donde está el sencillo monumento. Les dedico un recuerdo, a la vez que rezo unas oraciones y continuo mi camino. Por razones que sería prolijo explicar, los monolitos se trasladaron unos metros de su posición original. Hoy cuando hacía mi cotidiano caminar, me encontré al lado de las voluminosas piedras, dos personas, que parecían buscar alguna cosa. Un joven, ya avanzadito como tal y un poquito pasado de peso y una jovencita bellísima. Entablamos conversación. La razón de estar allí, no era otra que la pertenencia a un grupo que juegan al divertido método de esconder algún objeto en sitios desconocidos y luego dar unas pistas para proceder a su localización. Instructiva y divertida manera de conocer parajes curiosos que de otra manera pasarían desapercibidos. Por su simpática actitud y por el aire de jovialidad que transmitían, y, todo hay que decirlo, por permanecer un poco más, cerca de aquella joven y bella dama, me ofrecí para ayudarles. En efecto. Ni debajo, ni en los alrededores del monumento  encontraron nada. Cuando y conocí en qué consistía el juego, les pregunté de cuándo databa el mensaje que les servía de orientación. Al comprobar que era de una fecha anterior al traslado del monumento, llevé a los simpáticos buscadores del Tesoro, al lugar donde estaban anteriormente las grandes piedras. Y, en efecto, allí estaba la cajita que guardaba en su interior los mensajes y los elementos que la identificaban. Cumplimentaron los extremos pertinentes y la dipar pareja, Juan José y Alba, así dijeron llamarse, siguió ruta, ilusionados por el hallazgo y yo contento por haber contribuido con mi humilde aportación a que así fuera. Cosas sencillas que van conformndo una vida. Las cosas importantes quedan para las gentes importantes. Hay muy pocas.