EL CAMINANTE ESTÁ VIGILANTE

img_20190109_2328238187775429856162124712.jpgLa verdad es que no suena nada bien, pero es así como puedo expresar lo que quiero deciros y con ello aconsejaros que hagais. Incluso aquellos a quienes su juventud les dice: “Eso es cosa de viejos. Tú estás por encima de esas nimiedades ” . Pues no. Os aconsejo que no le hagais caso a esos cantos de sirena que a veces vuestra inexperiencia os susurra al oido. Siempre hemos de estar vigilantes, sin obsesión, de todo lo que acontece en nuestro cuerpo. Sobre todo cuando se observa alguna cosa que se sale de la normalidad. Toda esta paliza que os estoy dando viene a cuento de que hace algún tiempo, en mi frente, apareció un pequeño lunar. Si teneis la curiosidad de observar alguna de mis fotografías, lo encontrareis en el mismo centro de mi testa. En una ocasión se lo comenté a mi hija mayor, Beatriz. Por algo la denomino con el título de “Mi Parte Luminosa”. E inmediatamente me aconsejó que visitara al Dermatólogo. No le hice caso inmediatamente, pero tampoco eché en saco roto su observación. Visité a mi Doctor de Cabecera y con la delicadeza que le caracteriza, me aconsejó hacerme una fotografía y mandarla al Dermatólogo de S.S. Ellos le dan un nombre que en estos momentos no recuerdo.  A los pocos días tuve una llamada desde esa magnífica Institución, citándome para las once horas del día tres de los corrientes. Me presenté,como es preceptivo. Y el Doctor Especialista,después de un profundo estudio, me indicó que el día diecisiete próximo, me presente en la Residencia de la S.S. de Orense, donde él, el Doctor me someterá a una pequeña operación quirúrgica. Dios mediante, así lo haré y contribuiré con mi actitud a mejorar mi salud y agradecer a las personas que están vigilantes y saben cómo hacerlo, su contribución de estudioso.

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EL CAMINANTE CORTANDO CUPONES

img_20181225_1231029821703799088013446432.jpgRecuerdo que hace muchos años, cuando mi esposa quería entrenar conmigo, en la pista de ténis, a mí me fastidiaba bastante porque en el decir de mi profesor, jugar con alguien que tiene un nivel inferior al que tú has alcanzado, te hace perder calidad en el golpe. Pero yo, disimulando, como buenamente podía, accedía a sus deseos. Aquella situación, la denominábamos, entre nosotros, “cortar cupones” que es lo mismo que conseguir méritos para después tener derecho a prebendas de mayor calado.

El día de Navidad me invitó una de mis hijas a que fuera con ella para ayudar en la preparación de un comedor social. Es un comedor como otro cualquiera, donde se atiende a las personas que, por avatares de la vida, tienen necesidades de las que otros no poseen. A mí me pareció una estupenda invitación, para poder colaborar en algo tan bello, como es dar un poco de tí mismo en favor de quien lo necesita. Y, os puedo asegurar que, siempre es bueno, pro cuando se peinan 64+18, es menester cortar cupones donde quiera que se presente la ocasión. Me da mucho miedo presentarme ante el Juez Eterno con las manos vacías. Por ello en cuanto tengo la oportunidad de cortar algunos cupones, me presto para ello inmediatamente. Sé que estos son de tan poco esfuerzo que no tendrán mucho valor, pero si se hace con verdadero amor, tal vez puedan completar alguna hoja que esté en blanco o casi. Estuve cinco horas dedicado a ese menester y me sentí un poquito mejor persona. Sobre todo me sirvió para incentivar esa dosis de buena gente que todos llevamos dentro y que algunas veces dejamos que se duerma. Espero que a mí no me ocurra y pueda seguir siendo útil, dentro de mi pequeñez, a quien me necesite.