EL CAMINANTE: AMISTADES ENRIQUECEDORAS.

Ayer estando dedicado a mis labores como escritor, alguien llamó a mi puerta. Era el cartero. Me entregó un pequeño paquete. Helo aquí:

Acuciado por mi humana curiosidad lo abrí. Dentro había dos pequeños estuches y un sobre lacrado.

En el sobre un mensaje cuyo contenido encierra todo un mundo de intenciones. Cada edad tiene el privilegio de interpretar los momentos que vive el ser humano. Aún siendo muy similares los conceptos vertidos, existen distancias incalculables en su captación y modo de realizarlos. A los ochenta y seis años que luce mi blanca cabellera, el filtro que utiliza mi psiquis es infinitamente más agradecido que lo era en cualquiera de las demás etapas de mi existir.

Los pequeños estuches se me figuraban grandiosos contenedores repletos de toda clase de tesoros que la Lámpara de Aladino tenía encerrados para mí. Nunca el Genio podría aportar nada más ilusionante.

Los tomé en mis manos. Los acaricié. Inicié su apertura y me detuve antes de darlos a luz. Me recreé en su contemplación. Mi fantasía voló por los etéreos espacios del infinito. Abrí los estuches y …

Nunca, hasta contemplar el medallón Celta TRINIDAD TRIQUETRA, mis más ancestrales genes Celtas habían sacudido mi corazón con tal intensidad.

Ahíto de maravillosas sensaciones, buscando un espacio que se antojaba inexistente se abrió paso el TRIQUETRA en modo de anillo, colofón de ilusionantes placeres que mi entrañable amigo Ricardo Muradas me brinda desde el lugar en que los sentimientos se adueñan de nuestro vivir.

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