EL CAMINANTE: NUESTRO GALLO CUPE, ESTÁ DEPRIMIDO.

Este era mi gallo CUPE, hace unos meses. Estaba pletórico, tenía tres mozas que compartían con él mil aventuras diarias. Incluso un afortunado encuentro con un zorro que, gracias a la oportuna intervención de Lorena, terminó de manera divertida. Incluso el rescate de las fauces del astuto raposo de la moza más joven, NICASIA. Sin embargo CUPE ahora está triste y deprimido. Anoche una alimaña entró en el pazo donde residían, y asesinó a sus tres compañeras: CIRILA, FILOMENA Y NICASIA.

Así se pasa el día CUPE, desde que lo dejaron viudo. Recorre todos los rincones por dónde andaba con sus incondicionales. Ya no canta como antes. Su cacaracó no es tan sonoro. Suena muy triste y muy lastimero. Estamos convencidos que no canta porque le apetezca, sino por si ellas, donde quiera que se hallen, lo escuchan sepan que las echa de menos.

No, él no lo sabe, pero nuestro elegante CUPE ha enternecido tanto nuestros corazones que, en breve, tendrá con él a BLANCANIEVES, POCAHONTAS, MÉRIDA y RAPUNZEL. Tendréis cumplida información llegado el momento. Por ahora, os ruego me guardéis el secreto.

EL CAMINANTE: NOCHE DE REYES.

Noche de Reyes, noche de ilusiones, noche en la que los astros ceden parte de su luminosidad para que la que guía a los Tres Reyes Magos de Oriente, ilumine el Camino que lleva a la casa de todos los niños. Esta es la noche en que los años no cuentan. En esta noche todos debemos convertirnos en el Ave Fénix de nuestros primeros años de vida. No importa que los años que haya vivido y las etapas que haya superado. Esta es la noche en que renace el niño que todos llevamos desde que nuestra madre nos depositó en este mundo. Al amor de la lumbre adormecida o a la sombra del árbol que adorna nuestra sala, hemos colocado nuestros zapatos limpios. Junto a ellos agua para los camellos y polvorones acompañando a unos trocitos de turrón para que los Reyes repongan fuerzas. Sí, claro, a la derecha de la bandeja de los dulces, las copitas llenas. No importa el contenido. Ellos son Magos y lo convertirán en lo que más les guste. Veo que mi zapato izquierdo tiene algo de barro en la puntera. Voy a limpiarlo. No quiero que ellos piensen que no soy un niño limpio y me dejen nada. ¿Carbón? No ahora ya no dejan carbón. Me voy a dormir. En cualquier momento podrían llegar y si me ven levantado, se pueden enfadar. Taparé mi cabeza con las sábanas para no ver nada y dormirme antes. Antes de hacerlo, un ruego: Sé niño aunque solo sea por esta noche. Renacerás.

EL CAMINANTE: PARA TÍ, ADORABLE HERMANO MANUEL, LA COMPRESIÓN AHOGA

Una de las situaciones, para mí, más presentes durante la pandemia, está siendo la compresión. Todo se comprime. Cuando se podría pensar que el hecho de estar encerrados en nuestras casas, nos puede aportar tiempo libre para hacer todo lo que nos apetezca, en mi caso, sucede todo lo contrario. Se me amontonan los conceptos. Cuando quiero realizar cualquier actividad, se presenta otra que también está esperando. Realizo la una y me falta tiempo para comenzar con la otra. Cuántas más soluciones quiero poner en activo para evitar esa compresión, resulta que la resultante es otra imposición que entra en escena y necesita su papel con su guión correspondiente. En estos mismos instantes en que me hallo escribiendo estas letras estoy sufriendo las mismas premuras que intento describir. Por más vueltas que le doy, pensando el por qué de todo ello, más me introduzco en la incomprensión de mi compresión. ¿Será que las normas que nos obligan a cumplir emanan ya por sí mismas la compresión necesaria para atrofiar nuestros sentidos y así no comprendamos nada? Solo me lo pregunto, pero no tengo respuesta, por más que escudriño en los entresijos de mi muy limitada inteligencia. Digo solo, porque la solución no la encuentro. Os aseguro que estas líneas no las he escrito para implicaros en mi absurdo problema de no comprender por qué me comprimo sencillamente porque no comprendo nada de lo que sucede. También es cierto que si alguna de la buenas personas que me seguís, lo comprendéis, os ruego encarecidamente que me libréis de este suplicio.

Que este Niño que acaba de nacer, apenas tiene una semana y nos ha regalado este otro que solo tiene trece horas, ambos nos regalen las suficientes sonrisas para que vayamos por el mundo, sin pandemia, regalándolas con generosidad.