DE LA MANO DEL INVIERNO

Así es. Tarde pero con ganas de hacerse ver, apareció el Invierno en Os Cotiños. Los campos amanecen blancos. Hay un lienzo de vega, en el fondo del valle, que por las mañanas, parece un cuadro de Miró.  solo hay un zarzal, en la parte superior, que divide al lienzo por  la mitad. Los que hayais ido al Museo de la Reina Sofía, en Madrid, vereis, nada más entrar  por la puerta principal, a la izquierda, un cuadro del inmortal pintor. La temática, es para 20170126_194821.jpginteligentes, yo no alcanzo a tanto. Todo blanco, y en  la parte superior, casi en el borde, justo en la mitad del cuadro, una mancha roja, redonda, como si hubieran explotado una pequeña bolsa de pintura roja y al romperse, bajara un chorrito, más o menos un metro. El cuadro debe medir bien, bien, 4 metros de ancho por 3 de alto. Solo se ve el lienzo y ese vestigio de pintura, obra de un niño travieso que rompió ahí, un pequeño globo cuyo contenido era eso, un poco de pintura roja. Bueno, pero a lo que voy,. Estas últimas mañanas, los campos amanecen blancos de la escarcha que por las noches los pinta y los deja bellísimos. Yo gozo con la visión, pero lo que más me alegra, es la aparición de Pico Amarillo y el hijo de Papo Rubio, quienes, esta mañana aparecieron debajo de mi ventana. 20170319_194835.jpgIncreible, pero vinieron juntos. Sentí renacer en mí todas las ilusiones que estaban algo aletargadas, porque llegué a temer lo peor, aunque,  al ser los dos los que faltaban a su cita alimentaria, me figuraba que se debía a la abundancia de comida, este año, por todas partes. Tanto de insectos que hasta hace cuatro días saltaban por los prados, como frutas. Sobre todo manzanas, peras y bellotas. Hogaño, los manzanos, perales y robles, fueron generosos en sus dádivas.

Estoy seguro que alguien preguntará por Poquita Cosa y sus cachorros. En su momento daré cumplida información sobre ellos. Están bien, pero para mí disgusto, ya no están bajo mi jurisdicción personal. 20171012_131311.jpg

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POQUITA COSA Y SUS HIJOS

20171118_162136.jpgPoquita Cosa, disfruta, con sus hijos, del sol otoñal. Los tres cachorros, ya caminan, muy lentamente, pero ya se desplazan. También han abierto los ojos y están descubriendo el mundo al que han llegado. Yo, de momento no les digo nada sobre los problemas que ello entraña. Tiempo habrá para decírselo.20171118_162534.jpgEstán preciosos. Tienen una madre que se desvive por ellos y el buen cuido se nota a las claras.20171118_162919_HDR.jpgTienen un pelo tan suave, que al tenerlos en las manos, es lo mismo que si tocaras un lienzo de seda. Quien mejor lo muestra es Poquita Cosa que no cabe en sí de orgullo, al ver lo bien que se portan sus tres hijos. No hay que insistirles para que coman. Duermen hasta el aburrimiento y no protestan nunca. Aunque lo hicieran, nadie se iba a molestar, tienen para ellos muchos metros cuadrados de habitación y los únicos vecinos que hay, están a muchos metros de su casa.20171118_162327.jpgNo quiero pensar en el mañana, porque el hoy es muy bello. Si, en algún momento me proyecto hacia el futuro de los cuatro, inmediatamente, abandono el camino y regreso al momento que estoy viviendo con ellos.20171118_162128.jpgAunque el color de Calcetines, tiene las cuatro patitas blancas, es igual que el color de Morrito Blanco, aseguro que no se le ha teñido. Cuando nació, tenía el pelo negro, o al menos a mí me lo parecía y, sin embargo ahora lo tiene castaño.20171118_162443.jpg Caprichos de la Naturaleza o dantonismo por mi parte.

 

HASTA LUEGO HOLANDINA

20171119_132329.jpgEra por la mañana. Entré en la Residencia, como de costumbre, luciendo mi mejor sonrisa. No siempre, ni por todos los Residentes, es recibida con la alegría que yo intento transmitir. Hice un recorrido visual a todos los internos, que disfrutaban de un merecido reposo a su larga y, a veces costosa subida por  los caminos de la vida. La mayoría, ya peinan o le peinan, más de los 90 abriles. Hay alguna que ya culminó la difícil cumbre de los 100. De pronto, mis ojos se paran en la imagen de una señora que viste de negro. Me acerco a ella y le pregunto el nombre. antes de escuchar su respuesta, detrás de mí suena la voz gutural y jovial de la Directora del Centro.

–Que te cuente, que te cuente. Tiene una conversación increible. Es un placer hablar con ella.

Le repito la pregunta, inquiriendo su nombre. Con voz sonora y bastante grave, me contesta.

–Y, ¿Quién eres tú para querer saber mi nombre?–Sin esperar respuesta contestó–me llamo Holandina

— Qué nombre tan bonito tienes. Yo soy Pepe. Pepe Balboa. Solo se lo dije una vez. Fue suficiente para que nunca más se le olvidara. Cada vez que le hacía una visita, y eso sucedía todos los días, salvo obligadas ausencias, por viajar fuera de Galicia, nunca más se le olvidó mi nombre. Supe de su deseo de comer pan de millo o de centeno. Era para mí un placer complacerla, siempre que lo hubiera en la panadería o se celebrara alguna feria por las proximidades. Desde el primer encuentro nació una, para mí ilusionante amistad, con Holandina.  En su conversación, era muy fértil, elocuente y sobre todo frontal. Siempre decía lo que le apetecía decir. No tenía pelos en la lengua. Había vivido muchos años, con su Antonio, su marido, en Fuencarral.20171119_132408.jpg

–Fuencarral, pueblo, porque también hay un Fuencarral, pero calle, pero en Madrid. Pero mi Antonio mi Manolita y yo vívíamos en Fuencarral, pueblo. Compartir con Holandina unos momentos, era disfrutar, era viajar por los espacios de la sabiduría popular, envuelta en una pronunciación perfecta. Su amor por el hombre que compartió con ella una larga y feliz travesía por los caminos de la vida, era latente y ella lo resaltaba siempre que se le daba la oportunidad de hacerlo. Pero ese amor, no era obstáculo para que mantuviera su criterio cuando las discrepancias propias del día a día, pudieran surgir.

–Un día nos fuimos de compras al Corte Inglés–me contaba.–Estuvimos viendo toda clase de cosas. Cuando llegamos, donde se encontraban los vestidos más bonitos del Corte, reparé en uno que me gustó. El Antonio se fue a dar una vuelta para ver otras cosas que él quería ver. Yo le dije a la señorita que estaba en aquella sección que me diera aquel vestido que me gustaba. Me lo dio, Entré en el probador y me gustó. Le dije que me lo envolviera, que me lo llevaba. Volvió Antonio y me preguntó si había comprado algo. Yo, le contesté que sí, que había comprado el vestido que me gustaba.20171119_132532.jpg

–¿Cuánto cuesta?

–Veintiocho mil pesetas. De esto hace más de 50 años.

–Tú no estás bien de la cabeza. 28.000 pesetas  tú

..-Perdona, yo gano para ello y yo me lo compro. No hay más que hablar del asunto.

–Antonio, sabía muy bien, lo que aquello significaba.

De todo me hablaba Holandina de sus vivencias. Tenía un recuerdo muy especial para las porras con chocolate que tomaba en la Churrería del Sr, Mateo. ¡Qué ricos estaban! Decía mientras se le hacía la boca agua.

Ayer, se durmió Holandina y pasó a la morada de lo Eterno. Manolita, su hija, la vistió de fiesta. La vistió con el traje más bonito que jamás cubrió su cuerpo, el vestido que compró en el Corte Inglés, allá por los años 60 y cuyo precio asustó al bueno de Antonio, pero que ella había ganado, para comprarlo y nada ni nadie, le podría quitar el placer de vestir su esbelto cuerpo y hacer relucir su bello rostro, con aquel vestido de color azul y motivos dorado que aún hacían resaltar más el cimbreante cuerpo de Holandina, una mujer que paseaba su galaica gallardía por el pueblo de Fuencarral. Hasta luego entrañable Dama. Ahora que ya estás en brazos del Eterno, aunque te costaba creer en El, dile que yo también quiero compartir contigo esa eterna estancia, por los siglos de los siglos. Dile que para entrar allí, te pusiste tus mejores galas. El mejor y más caro vestido, que había en el comercio aquel 14 de Febrero de l.962.

Mañana, prometo adjuntar fotografías suyas.

LA UNIVERSIDAD NO ENTIENDE DE EDADES

20171113_185407.jpgNo me sentí rejuvenecer, al pisar el aula universitaria. A mis setenta más once años, no me sentí, en absoluto, incómodo. Ni siquiera sentarme al lado de jóvenes que, por edad, todos ellos podrían ser mis nietos. Sentí una emoción especial, prestar atención a una profesora que, con una densa formación, impartía unas normas, para que mis conocimientos sobre la materia de que trata el curso, en el que estoy inscrito, sean un poco más amplios. 20171113_185415.jpgPosiblemente haya quien pueda pensar, y es muy libre de hacerlo, que esta intromisión mía, en el interés de ampliar mis conocimientos, pueda considerarse una pérdida de tiempo o lo que es peor, que pueda hacerle perder el tiempo a una profesional, que me dedica una pequeña parte, la que preciso, de su valiosísimo, tiempo en explicarme algunos de llos conceptos, por los que tengo interés. A quien así piense, le puedo asegurar,, que está en un craso error. Intento estar pendiente de todas las preguntas que se se le hacen a la profesora, por parte de cualquiera de mis compañeros. Y cuando yo realizo alguna aclaración sobre las dudas que pueda yo tener, siempre intento que su aclaración, sea útil a muchos de mis colegas. 20171113_185426.jpg No quiero cerrar este comentario, sin decir a todas las personas que tengan inquietudes de ampliar sus conocimientos, sobre cualquier materia que le interese, que no tengan el mínimo reparo de romper cualquier tabú que se le pueda pasar por su cabeza. Es maravilloso contrastar que lo de los años, para determinados conceptos, no es sino un razonamiento inventado por el hombre, en un momento de aburrimiento. Aburrimiento que sufría, en ese instante, quien lo inventó. La mente, siempre debe tener las puertas abiertas, para que todo lo que venga, pueda entrar y enriquecer es espíritu, en el conocimiento.

POQUITA COSA YA ES MADRE.

Mis sospechas de que Poquita Cosa debía haber parido se confirmaron. Pregunté a todas las personas que, de una u otro manera, hubieran visto a la perrita en alguna ocasión. Una señora que, por hallarse muy limitada en sus movimientos, se pasa muchas horas en su balcón, me dijo que la había visto.

–Xa non ten barriga (ya no tiene barriga). Como es natural ello me confirmó definitivamente mi sospecha de que Poquita Cosa, había parido. La busqué por todos los lugares que, en buena lógica, debía haberlo hecho. Pero la lógiica de los humanos, tiene poco que ver con la lógica de los perros, al menos con la de Poquita Cosa. Horas y horas de búsqueda infructuosa. Pero la constancia y el pararse a pensar, de vez en cuando, si no te aseguran el éxito, te acercan a él, de manera inexorable. puerta1 Casas viejas deshabitadas. Cuadras vacías, sin puertas. Acceso

libre a quien lo deseara. Todo inútil. Una cuadra cerrada, con tarabelo y llave. Orificio limpio sin ninguna hierba en la proximidad de la entrada. Intimidad  y privacidad absolutas. perrita Desde un lugar discreto, monté la guardia. Si era allí, Poquita Cosa no tardaría en salir o entrar, dependiendo de si estuviera fuera o dentro, como es lógico. Después de varios meses sin caer una gota de agua, comienza a llover. perritapuertaLa recibo con mucho gusto. La necesitamos. Mis sospechas se confirman. Por una callejuela que desemboca en la calle principal, que en realidad es un camino, baja corriendo Poquita Cosa. Casi ni respiro, por si, mi aliento, ella lo percibe y evita, lo que tanto deseo. Acelera el paso y se dirige hacia la puerta, de la que yo sospecho. Corre y, en efecto, se mete por el agujero que yo pensaba, que era su puerta particular. Sin perder un segundo, me voy hacia la puerta, ansioso por ver lo que hay dentro. Poquita Cosa, no solo ha elegido un lugar íntimo, además la puerta tiene tarabelo y llave. Me convierto en un asaltador de cuadras y consigo abrir, después de mil dificultades.20171101_175448.jpg Ya dentro me encuentro con, dejo de hablar y que lo digan las imágenes. El blanco y el gris, sé de quién son hijos.20171101_175322.jpg El negrito, ese no es si es que se pasó de playa, tomando el sol o bien, al padre no conseguí verlo nunca. 20171102_125955.jpgA lo mejor es de una generación remota, dicen que hasta la antepasada doce, puede dejar huella de su existencia20171102_125950.jpgEste es el padre de…..no hay duda20170904_114156_HDREste es el padre del gris marrón20170904_145255Pero ahora, los muy sinvergüenzas, ni señales de vida dan. Si Poquita Cosa no buscara y Pepe no proveyera….Son unos malos e irresponsables padres. en cuanto ella dejó de darles placer, la ignoraron y la dejaron que se arreglara como Dios le diera a entender. ¡¡Qué injusta es la vida donde el egoismo es el santo imperante!! Y cuánta similitud hay entre ……… Ahora, hasta que le busquemos una casa que garantice un buen cuido y mucho cariño, no les faltará de comer. Acaricié a Poquita Cosa cuando la felicitaba, por ser madre y no os imaginais, lo cariñosa y contenta que se puso. ENHORABUENA FELIZ MADRE.

POQUITA COSA TIENE PROBLEMAS

Que Poquita Cosa tiene problemas, es fácil imaginarlo. La encuentro por la calle, la llamo, ella viene, pero solo hasta una distancia prudencial. Incluso cuando me ve, procura esconderse debajo de cualquier cosa que encuenttre a su paso.20171012_131311.jpgLa otra mañana lo hacía debajo de unas sillas que se hallan en la acera. La llamo y la respuesta es la misma. Me mira, mueve el rabo en señal de saludo y sigue su camino. A veces, si intento acercarme a ella, acelera el paso, haciendo  que su vientre cargado de  vida, cada día se le nota más, se mueva con garbo de futura madre.wp-1509625594792..jpegReepito, su comportamiento conmigo me extraña y me preocupa. Intento sondear las razones que puedan crear esa situación y, tomando un café, escucho a uno de los señores que compartían barra que habla de una perrita que anda por la calle y él intenta agarrarla porque quiere bañarla. Loable intención. Pero Poquita Cosa, tiene sus propios criterios sobre la higiene y le huye. Tantas veces lo intentó como ella se escapó. He ahí la razón que tiene ella de no permitir que nadie se le acerque. Su vientre anuncia un pronto parto.

Hace tres días que no la veo. Recorro los sitios que normalmente ella frecuenta y no consigo dar con ella. Me preocupa. Seguro que ha parido y está vigilando a sus cachorros. Seguiré buscando20171012_131301.jpg