EL CAMINANTE Y LOS ÁNGELES DE BEARIZ

No es momento de lanzar al viento florituras que a nada conducen, sin embargo, es mi personal opinión, sí lo es de reconocer la magnífica labor que hace un grupo de personas que, cumpliendo con un deber profesional que les honra, añaden un plus humanístico que convierte su impecable comportamiento en algo que obliga a este humilde emborronador de folios, pregonar a los cuatro vientos que se merecen el calificativo de ÁNGELES DE BEARIZ. Destacaba hace unos días la profesionalidad de la Guardia Civil, del impecable y docto equipo médico que vigila nuestra salud y de las personas que cuidan de nuestros mayores en la Residencia San Antonio. Hoy, reiterando de nuevo mi reconocido agradecimiento a todos ellos, dedico una especial y muy loable mención, a las personas que con una entrega de inmensa humanidad los ÁNGELES DE BEARIZ, prestan su apoyo incondicional a todos aquellos que, no pudiendo valerse por sí mismos, encuentran en estas jóvenes y algún varón que también hay, a la samaritana amorosa que consigue, con su bien hacer, que su vida sea más llevadera en los años que la naturaleza se deteriora y no puede dar una respuesta adecuada a sus necesidades. Para ellas, en nombre de todas las personas que son atendidas, valga este público, justo, humilde y sincero reconocimiento. Tampoco puedo dejar en mi pluma, la tinta que le queda, sin hacer mención a la magnífica labor que realiza nuestra Monitora del Aula Cemit, Antonella Lizza, siguiendo con sus enseñanzas por “teleclases” para que sus alumnos sigan activos. ¡Cómo ignorar la siempre loable labor de Marta, nuestra servicial y eficiente bibliotecaria, llevando a quien lo solicite el libro que le apetezca leer. Y qué decir de nuestras Farmacéuticas, ahí siempre dispuestas a mitigar nuestros dolores y necesidades con su bien hacer.  Gracias de todo corazón. Gracias, también a los dos comercios que solícitamente atienden nuestras necesidades alimentarias ¡Qué poco reconocemos y hacemos nuestros, los valores de personas tan significadas que conviven con y por nosotros! Deberíamos aprovechar estos momentos de soledad, y mirar un poco hacia nuestros adentros para intentar hacernos más dignos de nosotros mismos siendo coherentes con nuestro vivir y con el comportamiento con los semejantes.     LOOR Y AGRADECIMIENTO, a quienes lo merecen. 

EL CAMINANTE: RESIDENCIA SAN ANTONIO DE BEARIZ

           Como diría el clásico,”el dia que la FUNDACIÓN SAN ROSENDO decidió construir la RESIDENCIA SAN ANTONIO PARA MAYORES en Beariz, vino Dios a vernos”. En efecto, Beariz es uno de esos Ayuntamientos afortunados que tiene en sus pagos unas instalaciones donde residen, dependiendo de las fechas, unas cincuenta personas de avanzada edad. Al menos desde que yo la conozco, de ello pasan ya de los dos lustros, me maravilló la limpieza de todas las áreas de las instalaciones. Es una de las primeras exigencias que la dirección de la Residencia exige a las profesionales de la misma. La limpieza está en consonancia con la que  exhiben los residentes. Con mis propios ojos presencié el ingreso de alguno de los ancianos, cuya ropa era el auténtico reflejo de las condiciones de habitabilidad que tenía en su vivienda de origen, deprimente. Por supuesto que esa ropa desaparecía de inmediato y el aspecto externo del recién llegado era totalmente diferente, como otra era su humanidad al cabo de pocos días de su ingreso. Recuerdo a más de cuatro que, cuando ingresaron, no se tenían de pie, otros no comían solos, alguno había perdido el hábito del habla y en un tiempo increible ni necesitaban que nadie los alimentara, bailaban como peonzas, aquellas que no se tenían de pie, las cotorras se quedaban cortas escuchando a los que, al ingresar, eran incapaces de pronunciar su nombre. Todo ello, gracias a la profesionalidad de una dirección que en ningún momento baja la guardia y un personal con vocación de entrega a los demás y por los demás. Unos días se puede trabajar en una residencia de la forma que ellas lo hacen, pero sin vocación de amor al prójimo no hay quien lo aguante. Comentario aparte merecen, además de lo anteriormente dicho, en primer lugar la entrega, conocimiento de la profesión y amor por el fiel cumplimiento de sus deberes, de la dirección del centro. En segundo lugar, la enfermería. Desde hace bastantes años, esta sección está en manos de una profesional de quien bastaría con decir que nació para servir a los demás y por todos los medios evitar que el prójimo sufra el más mínimo dolor si se puede evitar. Para que todo se acomode a lo que en cada caso procede, el Doctor Dobarro hace diariamente la visita para comprobar y poner al servicio de los internos su densa y generosa profesionalidad. Y como tercer elemento, las actividades en que deben ocuparse los residentes en los momentos de relax. Una creativa, inquieta e inteligente monitora, consigue que hasta los más reticentes sientan la necesidad de realizar actividades por lo que esperan el reconocimiento de los demás, amén de la propia monitora y, por supuesto, de la dirección. Determinados días a la semana también cuentan con la competente profesionalidad de un fisioterapeuta, quien es inflexible en toda clase de ejercicios, por cuyo exigente  cometido, nada cómodo para quien lo s realiza, me supongo recibirá una bien merecida compensación económica, lo que no tengo que suponerlo, porque lo he comprobado decenas de veces, son la sarta de insultos por lo que toda su familia y en especial su buena madre, debe bañarse cientos de veces al día. También hay otra labor muy provechosa que es la que consiste en dar masajes a los que precisan de ellos, que reciben como un regalo especial para su relajamiento corporal. En estos momentos que vivimos con la invasión mundial de la devastadora “coronavirus”, la dirección de la residencia de acuerdo con el doctor Dobarro, han establecido un protocolo de actitudes que les está dando un resultado encomiable y digno del mayor de los éxitos en pro de la población de mayor riesgo, como lo es todos los internos que allí tienen su residencia. Solo me resta rogar al Dios en el que creo, que ese esfuerzo tenga el mejor de los resultados. A don Benigno Moure y a su equipo, después de reconocer que el valor más cotizado de su Fundación es el que aporta el equipo humano que la compone, de manera especial, el que consigue que la Residencia San Antonio de Beariz, despierte la admiración de todos los que la conocemos, después de eso, digo, agradecerle que eligiera nuestro pueblo para honrarnos con la que tenemos.  

EL CAMINANTE: JUSTO RECONOCIMIENTO

 (NOTA ACLARATORIA) Cuando el amable lector llegue a la frase donde el incompetente escribidor pone “…las infecciones…”, en ningún momento quiso decir eso sino “…las inyecciones…”                                                                                    Dicen los que saben de eso, que Dios escribe derecho con líneas torcidas. A lo mejor tienen razón. Y deben tenerla cuando el acerbo popular, durante siglos ha mantenido vigente su decir. En estos momentos que vivimos, nuestra querida España, atraviesa una situación nada halagüeña. Se quedaría en una anécdota para las generaciones venideras, si cada día no se contaran por cientos los cadáveres que ya no caben en los cementerios. Presume el pueblo español, y razones no le faltan para ello, de tener la mejor SANIDAD del mundo. No lo niego y a los hechos me remito. La mejor SANIDAD sí, en lo que a profesionales y modus operandi del cotidiano vivir se refiere. Eso nadie lo niega, al contrario, todos lo ratificamos. En la parcela que más directamente nos atañe, en ella estriba el fundamento de todo lo demás, donde se amasa el pan de cada día, de donde salen los alimentos que luego llenan los estantes de los grandes centros comerciales, y a continuación llenan las despensas domésticas, donde viven las gentes que nadie se acuerda de ellas, existen unos profesionales que consiguen con su bien hacer, que todo eso se haga realidad. En el rural gallego, el más longevo de la humanidad, hay personas sencillas, casi anónimas que consiguen que gentes en el ocaso de su existencia sientan el calor y la humana profesionalidad de sus comportamientos. Me refiero a las personas que combaten el sufrimiento ajeno con su grandiosa humanidad. Beariz, un municipio de la provincia de Orense, el último, antes de entrar en la marinera Pontevedra, será y casi podría asegurarlo, una de las comunidades con edades más avanzadas de nuestra Piel de Toro. Ya sabemos lo que suponen los años sobre las espaldas de las personas. Pues bien, Beariz lleva unos años siendo cuidado, sí, cuidado por el Doctor José Dobarro. Don José, para los vecinos, es un hombre sencillo, afable, breve en su sonreir y desgarbado en su andar. Su hablar destila humanidad, su alborotada y rizada cabellera permite que la brisa se en rede y se divierta en ella y en esa diversión va engarzada su despreocupación por lo superfluo. Excelente profesional, destacado en sus estudios como  epidemiólogo con menciones destacadas, conocedor de los sufrimientos humanos como pocos, pero todo ello nada sería al lado de la gran PERSONA  que es y se muestra con sus pacientes. Su humanidad es tal, que si la naturaleza quisiera regalarle una poquita más, no tendría donde ponerla. Como tanta perfección no es propia de lo humano, algo tenía que llevar de contrapeso: Lo despistado que se muestra en gran parte de su comportamiento. y a él no le duelen prendas reconocerlo. Con seguridad que irá pensando en sus queridas abejas, a las que dedica sus pocos momentos de asueto. Tan insigne doctor no podría tener a su lado otras personas que no fueran: Daniel García, ENFERMERO. Daniel no le va a la zaga a su jefe en lo que a calidad profesional se refiere. Dani, para los que le queremos, que somos todos los que tenemos el placer de tratarle, agradecerle, admirarle e incluso sufrir las caricias de sus pinchazos, las inyecciones que pone Dani, no las sientes, es esa clase de PERSONAS buenas, sí, con mayúsculas, que Dios pone en el mundo, para compensar tanta estupidez, ignorancia, maldad y otro tipo de iniquidades que honran a muchas gentes. Si tiene que explicarte algo, lo hace con tal sabiduría y sencillez que hasta los ignorantes lo entendemos. Si de orientaciones se  trata, tómalas en consideración, porque por su boca habla la sabiduría con el profundo conocimiento que tiene de lo que dice. No podría encontrar mejor compañero de viaje el Doctor José Dobarro para hacer el camino del bien en pro de los demás. Como no hay dos sin tres, a los dos señores ya reseñados se les une, por azar del destino Celso Bernárdez. Siempre lo he dicho y lo mantendré hasta el final. Mi largo caminar por el mundo me ha enseñado muchas cosas y una que aprendí y contrasté en cientos de ocasiones,  la calidad del hotel escogido para hospedarme, me la daba el personal de recepción. Cuando en la presentación del mostrador correspondiente, alguien amable, eficiente, correcto y que mira a los ojos, me atendía, estaba seguro que había acertado con el lugar deseados. Llegar a la visita del doctor Dobarro o del Enfermero Daniel García y ser atendido por Celso Bernárdez, las dolencias, si las hubiere, comienzan a ser menores. Es Celso, hombre de pocas palabras. breve en el sonreir, amable en el trato y PERSONA donde las haya. Ya sea en consulta telefónica o personalizado, siempre tiene la frase correcta para la aseveración o la disculpa, si el caso lo amerita. Tiene Beariz, hoy por hoy el mejor equipo médico que pudiera desear en sus mejores pretensiones. En estos agobiantes momentos que vivimos, como decía al principio, nuestro equipo MÉDICO, el desvivir de nuestro alcalde Manolo Prado, orientando a sus gentes para que guardemos las normas de conducta que el sentido común nos aconseja y la vigilancia, siempre admirable y respetuosa de la GUARDIA CIVIL con su Comandante de puesto al frente para que nadie transgreda lo prescrito por la ley, Beariz es hoy y quiera Dios siga siendo, un paraíso donde la tranquilidad y la paz se enseñorean por doquier. QUE SIGA.

EL CAMINANTE Y EL CAMPO ll

Que la naturaleza humana es débil, lo sabemos hasta aquellos que sabemos poco de todo, pero en mi caso la debilidad es rayana con lo inmisericorde. ¿Cuántas veces he prometido no escribir de política? Ni me acuerdo, pero mis instintos alacraneros están tan latentes en mi psiquis que no consigo deshacerme de ellos. Por si hay alguna buena persona que no conoce el instinto del alacrán, con solo que haya uno que no lo recuerde, merece la pena que lo traiga a colación. Caminaba un alacrán por el borde del lago y se le antojó pasar a la otra orilla. Tenía un grave problema, no sabía nadar. De pronto, en una pequeña playita vio a una rana que sesteaba tomando el sol. “Si ella quisiera cruzarme, pensó, me vendría de perillas” Sin más preámbulos se dirigió a ella solicitando que le ayudara a llevar a cabo su proyecto. La ranita que era muy inteligente, tanto como buena, le contestó que no, que no lo llevaría porque le conocía muy bien y sabía de sus maldades. Estaba convencida que en cuanto lo tuviera encima, la picaría y como el veneno del alacrán era para ella mortal, no lo cruzaría. Argumentó el alacrán que nunca se le ocurriría tal disparate, porque si lo hiciere, se ahogarían los dos. “Tú sabes muy bien que yo jamás haría eso. Tengo mucho cariño a mi vida para perderla de esa manera.” Así estuvieron discutiendo un buen rato hasta el el taino y venenoso arácnido convenció a la noble y cantarina dama de las charcas. Comenzaron la travesía y aún no habían llegado al centro del lago y restaba un buen tramo para alcanzar la tierra, el alacrán que iba a la grupa de la bondadosa rana le dijo: “No te puedes imaginar, buena amiga lo que me cuesta hacerlo, pero mi instinto me obliga a clavarte mi corva uña.” “No seas tonto, si lo haces moriremos los dos” Sabiendo que así sería, el alacrán dio rienda suelta a su instinto criminal. Yo tampoco me puedo resistir a la tentación de pensar, en estos momentos angustiosos que vive mi querida patria España, en la calamidad de políticos que la desgobiernan: Ególatras, embusteros, sinvergüenzas, traidores, falsos, se engañan entre ellos, nos engañan a nosotros, apesebrados, despilfarradores y todo lo que se les llame es poco. Eso sí, con toda esa lacra de virtudes que les adornan, han dejado al descubierto algo que nadie queríamos ver porque no creíamos a quienes nos lo decían: Que nuestra institución sanitaria estaba deficiente de muchísimas necesidades. Como no había unas exigencias más allá del vivir cotidiano, todo iba de maravilla. ¡Ay!, en cuanto hubo que dar una respuesta más allá de lo normal, se nos vio el plumero. Y, no es que no diéramos una respuesta al completo, nos quedamos en el primer rellano y no tenemos escalones para subir otra planta. Nuestros profesionales, maravillosos. como tales y como personas, pero sin medios. No quiero seguir, me indigno. Imitando a la bella hermana de Dalí, miro hacia el bosque y veo a mi dama, a la que el verde musgo, en abrazo fraterno con el roble, diseñó para que yo, al despertarme cada mañana me deleite contemplándola

EL CAMINANTE Y EL CAMPO

EL CAMINANTE: PENSANDO

En mi comentario de ayer, hablaba de bajar a la madre tierra y observar en la proximidad los aconteceres que estamos viviendo. No puedo negar que cada hombre solo por el hecho de serlo, piensa. Puede hacerlo mucho o poco, bien o mal, siempre desde una perspectiva interesada, pero piensa. Eso es indiscutible. ¿Cual es su capacidad y cómo ha de catalogársela? Dependiendo del momento, lugar, status y de mil situaciones más, así será su pensamiento, y en base a él, su toma de decisiones. Si los vientos soplan de popa, navega la barca a toda vela. Si de proa lo hace, hay que trazar líneas de soslayo y evitar el choque frontal. Si de babor empujan las olas, hay que ofrecerles la proa que las reviente. Otro tanto si de estribor lo hicieren. Soy tan benevolente que les concedo a esta cuadrilla de mangantes que desgobiernan esta España mía, ese derecho al que me refiero en el inicio, pensar. Pero, ¿en qué piensan? Ninguna dirección del viento se acomoda a la Barca y con sus órdenes la conducen contra todas las rocas que en la mar se encuentren,. Y, son tan bisoños y descerebrados que, hasta los roquedales del acantilado los ven como puertos de suave arribo. Pensando, ni al piélago de sus ojos alcanzan sus pensamientos. No puedo sino refugiarme en los versos del poeta y con él grito con toda mi alma:”Oigo Patria tu aflicción y escucho el triste concierto…” Pensando, vergüenza da pensarlo y en el agua me zambullo para no hacerlo.

EL CAMINANTE: REFLEXIÓN

Tal vez sea el modus vivendi que nos hemos regalado, lo que convierte este momento que vivimos, como algo irremediable. No somos o no queremos ser conscientes que esto que nos está sucediendo, lo hemos propiciado nosotros mismos, nadie más que nosotros, con nuestra propia actitud, allanamos el camino para que aconteceres como el que, en estos instantes nos agobia, tú y yo y otros como nosotros, ebrios de inconsciencia lo invitamos a nuestra casa, a nuestra mesa y hasta duerme en nuestro propio lecho. Hasta tal punto la sociedad actual se manifiesta y comporta con tal grado de soberbia incontrolada que, a lo sencillo, a lo que realmente tiene valor, como es la convivencia, le negamos hasta el derecho a existir. Creamos minifundios con todas las actitudes de nuestra vida. Lo catalogamos todo, lo bello, lo feo, lo grande, lo pequeño. Le ponemos etiqueta a todo. Nunca el subjetivismo tuvo tanta vigencia como tiene hoy. No nos conformamos con emitir un juicio sobre todo lo que nos rodea, llegamos al extremo de vilipendiar cuanto se nos ponga por delante sin conceder espacio de criterio a quien no piense como nosotros. Descenderé a la madre tierra. En estos momentos que nuestros agricultores piden ser escuchados, miren lo que digo, “piden” para seguir dándonos de comer a nosotros, no les hacemos ni caso. Ellos que sustentan nuestro vivir con sus esfuerzos, dejando en cada surco de la tierra un jirón de su propia vida, regando con sangre y sudor todo lo que producen para que nosotros podamos vivir. (continuará)