ELCAMINANTE: PEREGRINOS, CORDÓN UMBILICAL QUE NOS HONRA

Con la familia Peixoto frente a la Catedral de Santiago

El Camino de Braga a Santiago, denominado O Caminho da Geira e dos Arrieiros, es un auténtico cordón umbilical por donde fluye un peregrinaje de estilo y de clase excepcional desde el País Hermano, Portugal. A pesar del difícil momento que nos toca vivir, tomando toda clase de precauciones, desde varios punto de España y en particular desde Portugal, nos están llegando grupos de personas, haciendo este Camino y no se cansan de elogiar la elección escogida. En estos últimos días nos honró con su presencia, una pareja irrepetible: Vera y Joaquím. Su profesión se desenvuelve en el ámbito de las artes marciales. Introducirse en el Currículum Vitae de este excepcional tandem es sumergirse en un océano de placeres inconmensurables. Sin bucear el los años más juveniles y partiendo de las olimpiadas de Londres y pasando por unas vivencias de múltiples eventos en diferentes países, ya como deportistas de élite como de Entrenador que llevó a los equipos de artes marciales del país hermano, Portugal, a lo más alto de su historia, en el caso de Joaquím Peixoto, en el de su bellísima esposa, como primera figura de Fitness. Sin embargo, no son los múltiples éxitos logrados los que les hacen grandes, sino su maravillosa humanidad como seres humanos.

Legado agradecido de Vera Peixoto, quién a falta de otros medios al amanecer, antes de su partida, se sirvió de su lápiz de ojos para dejar huella de su faceta artística.

EL CAMINANTE: FALTAN COLLARES

Érase un pueblo tranquilo donde sus gentes vivían en paz y armonía. Esa paz y sosiego se manifestaba sobre todo en ver a las personas caminar por los lugares que mejor se prestaban para ello. El respeto hacia los demás se reflejaba en que cada cual vivía su vida sin que los demás interfirieran. No es descabellado pensar, y así sucedía que, siempre hay los propios comentarios que hacen la convivencia más amena. Esa situación daba normalidad al cotidiano vivir. Uno de los grupos de esas buenas personas solía caminar por unas trochas que no eran de las más amenas y cuidadas, sin embargo a ellas les apetecía hacer ese recorrido. Todos los días, cuando pasaban por cierto paraje, les salía al encuentro un perro delgaducho, hambriento, más feo que picio, huesudo, desdentado, mugriento y maloliente. Los tranquilos paseantes les decían que se fuera, incluso les amenazaban con darles, sin que lo hicieran, con un palo. El asqueroso chucho no hacía caso de nada y seguía erre que erre cada vez que los veía pasar. Hasta llegó con sus cochambrosos y sucios dientes, con morder a alguno de ellos. En una ocasión que se unió al grupo de paseantes un viejito que acababa de regresar de un país lejano, el asqueroso perro, como cada día, salió a molestar a los pacíficos paseantes. Uno de ellos, que llevaba una vara en la mano, molesto porque les interrumpía la conversación, amenazó al can con darle un estacazo. El nuevo acompañante al verlo le recriminó y le dijo: “No, no le amenaces, no le hagas caso, esos animales ladran así porque no tienen otra cosa que hacer y nadie los tiene en cuenta, ni les han tenido nunca, porque jamás, ni hicieron ni sirvieron para nada, solo para eso. Ellos lo saben y justifican su vida ladrando”. Así lo hicieron y a partir de aquel día, el huesudo, maloliente y asqueroso perro, con su mugriento rabo entre las piernas, dejó en paz a los tranquilos caminantes y se dedicó a mordisquear las pulgas que inundaban su desaliñada pelambrera.

EL CAMINANTE:BEARIZ SE ENGALANA DE BELLEZA

wp-1596835042512848737087508913452.jpgQue Beariz no tiene fronteras, lo sabemos todos los que por el mundo caminamos. Baste para dar fe de lo que digo, tanto en el título de este escrito como en las primeras palabras con las que lo inicio. El Restaurante Mexicano de Beariz se vio hoy honrado con la presencia de de doce bellísimas Damas quienes, con sus encantos personales, saber estar, elegante vestir y, sobre todo, su excelente estilo de personas, honraron nuestro pueblo para degustar los tradicionales sabores de la cocina mexicana de la que son fieles admiradoras.wp-15968353555115435268089574352791.jpg Por si la presencia de tan distinguidas damas no superara todo lo pensable, desde el hermano Portugal, un matrimonio encantador Peregrino, oriundos de la inigualable Braga, también nos acompañaron dando el toque de internacionalidad a los fogones de Javier, quien se superó en conseguir que saliéramos todos elogiando su bien hacer. Vera y Joaquím BOM CAMINHO

EL CAMINANTE: MI TÍA MARÍA A COMERCIANTA

La tía María “A Comercianta” era hermana de mi madre. Estaba casada, cuando yo la recuerdo, con el tío Manuel Fornos, de mote le llamaban el tío Hermoso. Lo de Hermoso, no era ironía, era una cruda y real sátira, porque el pobre, cuando la Madre Naturaleza repartió la belleza, él debía estar escondido detrás del eucalipto de Merelles por cuyo motivo no lo vio y pasó de largo. Sin embargo era buena persona, al menos eso decía la gente, yo apenas tuve trato con él. Pero vayamos al lado de mi tía María, de la cual tengo que hacer un relato muy diversificado. ¿Por qué? sencillamente porque su vida tuvo tantas alternativas vivenciales que es menester estudiar en profundidad. Dio a luz diez hijos (10). Confío no dejarme ninguno en el tintero. En unos tiempos como eran aquellos años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado, levantarse por la mañana con lo poco que había en las casas de las aldeas y tener que preparar comida para doce personas, había que ser muy “comercianta”. Y tengo que decir que a mi tía no se le murió ningún hijo de hambre y todos se criaron con muy buen aspecto y sanos. Lo de “comercianta” tiene una larga historia, baste con el comentario de verla a ella llegar a una feria: Soutelo, Doade, San Pedro o cualquier otra; saludar al dueño o dueña de un puesto de verduras, frutas o cualquier otro producto y en cuanto veía que se arremolinaba algo de público, se ponía al lado de la propietaria del puesto para ayudar atendiendo a la clientela. Se las arreglaba para, sin menos cabo de su honradez, sacar producto de su bien hacer. La más joven de sus hijas, por cierto bastante guapa de jovencita, era algo traviesa y le encantaba andar siempre por encima de los muros. A mi tía, mi persona no le caía mal del todo y veía en mí un posible enlace con su hija. Yo quería mucho a mi prima, pero nada más lejos de mí que pensar en compartir mi vida con ella. Mi tía, siempre me decía lo mismo: “Pepiño tiene algunos instintos de cabra, por eso siempre anda por encima de los muros, pero no es mala, puede ser una buena esposa”. Cuanto más me decía mi tía aquello, más huía yo de mi prima. A ella le sucedía lo mismo conmigo. Por eso nunca llegamos a nada, para fortuna de los dos. Una parcela donde mi tía María demostró más capacidad de mujer fue en su entereza de carácter recio. Posiblemente me equivoque, como máximo en uno al decir que enterró  a tres o cuatro de sus hijos, alguno con poco más de veinte años. Mujeres con la reciedumbre de mi tía A Comercianta, ya no las paren las madres de hoy. Vaya en ella, en su capacidad de sacar adelante una familia, reinventándose cada día para darles de comer, vestir y calzar. Mi humilde homenaje a las mujeres que hicieron en esta tierra el milagro de conseguir vivir cada día, ellas y sus proles.

EL CAMINANTE: IMPRESIONES DE SUS PRIMEROS RECUERDOS (III)

Si hubiéramos nacido todos, seríamos once hermanos. Solo llegamos a ser ocho. Los dos varones mayores, Manuel y Benito, las hicieron de todos los colores. Baste como seña de identidad, una de ellas.

Eran dos auténticos artistas en lo que decidieran realizar, ya fuera quemar varias hectáreas de monte para sacar un conejo de un zarzal o construir una escopeta con los hierros de una cama. A mí siempre me impresionó la del arco. Se conoce que de alguna manera llegaron a tener conocimiento de la vida de Guillermo Tell. Para imitarlo, de los paraguas viejos, esas sombrillas gallegas que pueden ponerse debajo diez personas y a todas cubre el artilugio, una vez le sacaron las ballenas y construyeron un arco con doce de ellas y las otras las utilizaban para flechas. Doce varillas de acero como aquellas, bien templadas, eran capaces de atravesar una tabla de un centímetro. Ellos las utilizaban para cazar ratas y comadrejas que abundaban por los aleros de todas las casas viejas de las aldeas. Para probar el arco, aprovecharon un momento que no había nadie más en casa. En un tabique de madera que separaba la cocina de una habitación de la casa, una de las tablas tenía un nudo. Como la madera era de pino, con el calor de la cocina la resina se derretía y el nudo quedaba suelto. Muchas veces se caía pero todo el mundo lo devolvía a su lugar de origen. El tal nudo tendría unos dos centímetros de diámetro. Manuel, el mayor le dijo a Benito que por ser el de más edad, le correspondía estrenar el arma y mandó al más joven a la otra habitación para que en cuanto la flecha pasara por el agujero del nudo volviera con él a la cocina. Así lo hicieron, Benito se fue para recoger la flecha y Manuel a probar su puntería metiendo el proyectil por el orificio. Manuel apuntó a su particular diana, tensó el arco y se mantuvo firme. Benito esperaba el disparo pero este no se producía. Reclamaba a su hermano, pero solo obtenía el silencio como respuesta. Desesperado quiso comprobar mirando por el agujero del nudo el por qué del silencio y la inoperancia de su hermano. Éste al verle asomar, disparó con tal acierto que el proyectil tuvo una respuesta inmediata: Un grito desgarrador de Benito. Manuel salió corriendo en su ayuda. Cuando vió la flecha clavada en la ceja de su hermano, inmediatamente se la arrancó, le puso los dedos en ambos orificios, lo bajó a las cuadras y con bosta le taponó los dos agujeros hasta que dejaron de sangrar. El tétanos no hizo su aparición por la sangre de Benito. El tétanos debe ser inteligente y sabía que por donde anduvieran mis hermanos había mucho peligro. Mis padres se enteraron del incidente mucho después. Sobre las dos manchitas de sangre en la ceja, según Benito fue un pequeño incidente con una zarza.


EL CAMINANTE: IMPRESIONES DE MIS PRIMEROS RECUERDOS (II)

En realidad, no era yo un niño excesivamente condescendiente con los deseos de mis hermanos mayores. Eso me trajo más de un disgusto. Andaría yo por los cinco años y mi hermana Remedios me mandó hacer algo a lo que yo me negué. Me negaba casi siempre y luego terminaba haciendo todo lo que querían los demás. Era por la tarde, no sé a dónde teníamos que ir. Estábamos en medio de la carretera, delante de nuestra casa. En la calle o carretera, que eran lo mismo, podías estar con toda tranquilidad. Pasaban tres o cuatro coches al día, casi siempre eran los mismos que repetían. Al negarme a realizar lo que Remedios me pedía que hiciera, ella agarró del suelo una piedra. Cosa rara que no fuera un “coyo” canto rodado, ya que el pavimento de la vía era de eso, pero lo que ella agarró, era de pizarra, del tamaño de una mano de hombre. Al decir yo “no voy” se nubló mi mente. Solo recuerdo el “zzsszszszszszs” de la piedra volar hacia mí. Lo siguiente que recuerdo es a mi hermana llorando a grito pelado que decía: “Por Dios Pepiño querido no te mueras. Por Dios que te quiero mucho, no te mueras.” Yo sangraba por mi ceja rota, llenando toda la ropa y sus manos de sangre. Eso la asustaba más y seguía pidiendo auxilio: “Le maté, le maté a mi hermano.” Volví  perder el poco sentido que tenía y cuando me desperté estaba en casa de don Benito, el Maestro que era la autoridad más competente que teníamos en el pueblo y estaba obligado a realizar toda clase de trabajos.

A mis ochenta y tres años, a punto de cumplir los ochenta y cuatro, sigo con mi ceja izquierda rota. Remedios nunca más me tiró una piedra. Que conste que lo que voy a contar tan cierto como arrepentido estoy de que así fuera. Ella es “quinta” mía y le tengo un gran cariño y respeto. Ya he dicho que yo no era muy amigo de hacer favores a mis hermanos, aunque después…Remedios, en aquella ocasión quiso convencerme a pedradas, pero luego encontraron otra forma que nunca les fallaba. Repito que la quiero y la respeto de verdad. ¿Qué cuál era la fórmula que descubrieron y les daba resultados inequívocos?  Cualquiera de ellos me decía: “Anda, Pepiño ve hacer tal o cual cosa” Mi respuesta era siempre la misma: “Non vou” (No voy) “Perdona ¿qué has dicho que no vas? Bueno pues no vayas, te casamos con Amelia de Jacinta”. Santo remedio, perdía yo el culo haciendo lo que me dijeran, fuera lo que fuera. No tendría yo más de cuatro o cinco años; ochenta años después, aún me avergüenzo de lo tonto que era.

EL CAMINANTE: LA TÍA BASILIA Y LOS TOJOS

La tía Basilia era una vecina de Beariz. Vivía en una casita de construcción tipo de finales del siglo XVlll, con techo de pizarra y estaba situada en el lugar que actualmente ocupa la casa del padre del alcalde Manolo Prado. Su esposo, el señor Barros, era todo un caballero y a decir verdad, la tía Basilia era también toda una dama. Lo que sucede es que al no tener hijos, ignoraba el amor que se les profesa a los niños. Por mucho que se les quiera a los sobrinos y a los hijos de los amigos, el amor por uno nacido en la propia casa, no tiene parangón con nada.

Esto viene a cuento de que la tía Basilia derivaba su amor, por la falta de críos, a sus propiedades y entre ellas a un prado que tenía en la orilla del río Avia, justo al lado de dónde hay un azud que consigue   subir el nivel del agua para dirigirla al molino denominado desde siempre “Das Rapazas” Justo en el tramo que limitaba el prado de la tía Basilia con el río, al hacerse aquella represa de una profundidad media aproximada de dos metros, era el lugar que escogíamos los muchachos del pueblo para bañarnos. La cosa no  tendría mayor importancia si allá por el mes de junio cuando la hierba estaba ya bastante crecida, los bañistas no la aplastáramos corriendo por la orilla y acostándonos en ella. Eso conseguía que a la buena señora se la llevaran los demonios. Para que no holláramos el pasto para el ganado, a la tía Basilia no se le ocurrió mejor solución que, poner atención: ir al monte, cortar las puntas del tojo más bravo, con agujas que son auténticas leznas, donde se concentra la mayor parte de la semilla, ponerlas a secar, vender luego los granos en la feria y las secas y punzantes púas, las extendía por la orilla de su prado para que nuestros juveniles y desnudos cuerpos se lacerasen y no nos bañáramos en aquel tramo del río. Para su desgracia, nunca consiguió su propósito. Con púas y sin púas los muchachos de Beariz seguíamos utilizando el tramo de río que lamía los bordes del prado de la tía Basilia. También es cierto que cuando se murió, nos dio mucha pena, pero quedamos mucho más tranquilos.

EL CAMINANTE Y SU NOVIA: COMPARTEN MESA Y MANTEL CON UNOS AMIGOS

wp-15957064338936270022876928204900.jpg

Nos hicieron una amable invitación y no nos podíamos negar. A la hora acordada estábamos en su casa. Nos recibieron como saben hacerlo: Amabilidad sin límites y cordialidad como solo ellos son capaces de brindar. Nuestros anfitriones no eran otros que el matrimonio Janeiro-Muradás. Don Julio y doña María Blanca.  El yantar delicioso en todos los órdenes, pero la sobremesa superó todo lo pensado.

Sabido es lo buen conversador que es Julio, si a ello se añade que hoy tenía un auditorio deseoso de escucharlo, no es difícil entender que se conjugaban todos los elementos para hacer las delicias de los presentes.

            Fui yo quien propició el inicio de la conversación y Julio comenzó haciéndonos un recuento de su interesante devenir por la vida. Desde que muy niño se presentó en Pontevedra para examinarse de Ingreso de Bachillerato, allá por los principios de los cuarenta del siglo pasado, hasta su dedicación a la apicultura que, por cierto, hace muy poco que dejó de hacerlo, nos hizo un repaso interesantísimo por muchos avatares, de todo orden que vivió Beariz, desde los años treinta hasta nuestros días. Julio es, sin lugar a dudas, el testigo más documentado de nuestro Municipio. Sus muchos juveniles años los vivió siempre aquí, en su pueblo, en Beariz. Fue panadero, enfermero, director de banco, industrial maderero, aserrador y muchas cosas más. Político desde antes de nacer. Vivió en la República, la Guerra Civil, la Dictadura, la Democracia y en todas ellas lideró, de alguna manera, situaciones de toda índole.

            No me cansaré de repetir que escucharle es todo un placer porque su verbo no solo relata los hechos acontecidos durante su vida, sino que se introduce en los recovecos más profundos de nuestras gentes justificando en todo momento errores de unos y de otros y dedicando elogios a quienes elogios merecen.

           wp-15957066563325098820214859444248.jpg Desde mi Atalaya de Os Cotiños a donde acabamos de regresar después de compartir con María Blanca y con él en su apartamento de Sanxenxo, tan enriquecedora sobremesa, solo puedo decir que hoy escuchamos una lección magna de la boca de un hombre que conoce nuestro pueblo y sus gentes como nadie. Gracias, Maestro, te agradezco en el alma todo lo que hoy me has enseñado. Continuaremos, si a bien lo tienes, hablando sobre un tema tan interesante como es el conocer a nuestros antepasados que es la mejor manera de conocernos a nosotros mismos. Es para personas privilegiadas.  Gracias Don Julio.wp-15957066790935777335850099190864.jpgAspecto de la playa de Sanxenxo por culpa del maldito Coronavirus. Leiriñas de arena, como as leiriñas en las huertas en las aldeas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

e julio, caluroso

EL CAMINANTE: LA PRIMERA SONRISA DESPUÉS DE LA PANDEMIA

wp-15954143703151555227922423253001.jpgNo sé cómo se llama ni se lo pregunté. Me regaló una sonrisa y para mí fue el mejor obsequio. Es un Peregrino no CAMINHO DA GEIRA E DOS ARRIEIROS, el primero que veo y creo que pasa después de la maldita Pandemia. No le pregunté el nombre, su identidad la lleva impresa en su sonreír a pesar del sol de justicia que calienta nuestros cuerpos. Viene desde el País hermano, desde la bellísima y ciudad de Braga donde comienza el Camino que lleva a la casa del Apóstol Santiago . No quise entretenerle, era un pecado hacerlo mientras el sol seguía implacable su labor veraniega. Le acompañé unos metros hasta cruzar el río Avia, con un gesto de hermanos, y un abrazo virtual le dije: BUEN CAMINO.

          Alguien que está pendiente de todo lo que sucede en las redes me dijo que podía ser Ricardo Rocha a quien en días anteriores le deseé lo mejor. Personalmente aparenta ser más joven que en su fotografía de perfil. Seas quien fueres, hermano, te reitero: BUEN CAMINO.

EL CAMINANTE: RECUERDOS DE PRIMERAS EXPERIENCIAS (l)

Sin lugar a dudas que el campo es una fuente inagotable de inspiraciones. Caminando este atardecer veraniego por las trochas que habitualmente recorremos mi fiel y adorable compañera y yo, me vinieron a la mente una serie de recuerdos que me apetece compartir. Para justificar que me dedique a pensar caminando en tan buena compañía, es sencillamente porque el silencio es el mejor amigo para hacer camino.

          El primer recuerdo que guardo en el rincón más recóndito de mi cerebelo data del día uno de abril de mil novecientos treinta y nueve. Mi madre me trajo al mundo el veintiocho de Septiembre del año mil novecientos treinta y seis. Echando la cuenta, yo tenía ese uno de abril, dos años y medio justos. Lo recuerdo con una nitidez absoluta. Estaba yo en la carretera, frente a mi casa. No había peligro, pasaba dos o tres coches al día, mejor dicho, el mismo coche se repetía. Tenía las manos metidas en los bolsillos, que no eran tales, no había nada que guardar en ellos, los agujeros servían para meter las manos hasta las ingles y calentarlas. De pie mirando hacia la salida del sol. Las cuatro campanas de la iglesia repicaban hasta atronar los aires. ¿ Por qué? Años después supe la causa: La Guerra Civil de España había concluido.

          El segundo recuerdo, es más triste. Andaba yo entre los tres y los cuatro años. Éramos seis hermanos. Yo era el penúltimo. Había una hermanita más pequeña que yo. Tenía dos añitos. Era preciosa, rubita con unos rizos que enamoraban a quienes los miraran. Yo la adoraba y ella a mí, lo mismo. Un día que trabajaban nuestros padres y hermanos mayores, los que no estuvieran en la mina, haciendo una estivada (quemando y cavando el monte para sembrar centeno) en el paraje del   Chao de Albite, Carmiña, ese era el nombre de mi hermanita menor, no se encontraba bien y la tenían envuelta en una manta al lado del carro. Yo tenía que cuidar de ella y del ganado que pastaba por los alrededores. Después de comer, lo que mamá había llevado para el monte, recuerdo que mis padres hablaron y al momento, mi mamá, la niña y yo, con el carro y el ganado nos regresamos para la casa. Los demás siguieron con los trabajos que estaban haciendo. En llegando y en cuanto quedaron libres del carro mi madre me mandó llevar las cinco vacas las dos ovejas y una cabra a un prado que teníamos en el Iglesario, llamado la Besada. Allá me fui y cuando vi que el sol ya se escondía detrás del Pico, esa era la referencia obligada, eché el ganado fuera del prado y me regresé. Repito, aún no tenía los cuatro años. Al llegar, mi hermano mayor, Manuel y un amigo suyo, Constante del tío Bugallo, me recibieron para ayudarme a meter los animales en las cuadras. Según bajábamos hacia ellas, escuché a mi mamá llorar. La ventana de su habitación daba al pasaje por donde se entraba a las cortes. Les pegunté:

–¿Por qué llora mamá? –Constante que era de natural así de bruto, fue quien me contestó adelantándose a mi hermano. Sin contemplaciones.-

–Por tu hermana Carmiña, que se murió.

Salí corriendo a la habitación de mi mamá y allí estaba aquel Angelito bello, tan bonita como siempre, sobre la cama. Me arrodillé, la besé y llorando, sin despegarme de ella me quedé rendido. Cuando desperté estaba en mi cama.

Continuará.