¿QUE ES EL AMOR?

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Por mucho que el  hombre intente definir el Amor, no lo consigue.No consigue aglutinar en un término, el conglomerado conjunto de expresiones que intentan dar significado a esas complejas reacciones que hay en los seres humanos en determinados momentos de su existencia. Reacciones que pueden ser momentáneas o duraderas, sin que se pueda definir la palabra que las motiva..Ahí empieza el problema. Abrir en canal la palabra Amor y comprobar de qué está formada.¿ Porqué  sin saber su significado lleva a las personas a situaciones impensables’?’. Luego ¿Es el Amor reacción? ¿Es un sentimiento? ¿Es una sensación? ¿Acaso un impulso? La realidad es que sin conocimiento de las consecuencias que pueden sobrevenir, ante la presencia de eso que no somos capaces de esclarecer, actuamos convencidos  de que un áurea protectora acompaña nuestros actos y que su sola presencia los justifica.

Amor.   Según diccionarios  Amor es “Inclinación o afecto por algo o por alguien” En otros dicen::Afecto por el cual busca el ánimo el bien verdadero o imaginado. ¿Habrá algo más ambiguo?

Uno de los pensadores más reconocidos que conocieron lo siglos, Tomás de Aquino ni lo define. Habla de sus poderes o consecuencias. “Amor omnia vincit” El amor vence todas las cosas. Pablo de Tarso, Hombre sabio y profundo como pocos, no es menos rotundo cuando dice: Aunque yo dominara las lenguas arcanas, si me falta el amor, no me sirve de nada. Y continua el mismo Pablo: Aunque todos mis bienes los regalara a los pobres, si me falta el amor, de nada me sirve. Y aún es más explícito al decir: Aunque con mi fe removiera las montañas, si no tengo amor, todo es inútil. Y así podríamos citar un sin fin de sabios que en el mundo han sido. Pero nadie es capaza de dar una definición de la palabra AMOR. ¡¡ Cuán grande será tal palabra que nadie osa definirla!! Sin embargo con cuánta insensatez la usamos sin pararnos en pensar si en nuestras expresiones existe el mínimo de respeto por ella. Al menos, utilicémosla dando sentido a su significado. Eso sí, ponerlo en práctica empezando por amaros a vosotros mismos. Repito mi frase aunque suene a tópico “Ninguna fuente seca puede saciar la sed del Caminante.”

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COMPARTIENDO MESA Y MANTEL

Hola  Mamá. Conforme a lo prometido, te sigo contando cosas de estos días  de liberación. No será lo más importante, pero no cabe duda que uno de los ingredientes que tienen  los Balnearios, en las circunstancias que los mayores los disfrutamos, es compartir mesa y mantel con personas que hasta ese momento te eran desconocidas.Además de las dos parejas a las que dediqué, por sus características particulares un tratamiento personalizado, en la mesa redonda de 10 comensales, había otras dos parejas y una señora sola. Por respeto a su intimidad no le pregunté si era viuda o separada. En lo que sí fue muy explícita es en hablar de sus hijos. Nos contó algunas anécdotas sobre ellos y sobre sus nietos, sin embargo sobre el padre, en ningún momento quiso pronunciarse. Incluso una vez que yo, con bastante discreción pregunté algo, ella fue lacónica diciendo que tenía tan malos recuerdos que prefería mantenerlo en el olvido. Era muy frontal en sus pronunciamientos pero muy correcta.

Otra de las parejas, pasó sin pena ni gloria. Procedían del Norte y poco más pudimos saber de ellos. Tan correctos como redondos. No te enganchaban en ninguna arista

La cuarta pareja que compartía la mesa era un matrimonio muy equilibrado. Al nerviosismo manifiesto del hombre, lo compensaba la serenidad y estabilidad de la Esposa. Simpáticos y correctos ambos y bella y equilibrada la dama. El esposo, mientras la conversación circulaba por derroteros que no le recordaran situaciones que no eran de su  agrado se mantenía en un tono de normalidad absoluta, pero esa normalidad desaparecía en cuanto  se mencionaba algo que chocaba con sus ideas,  saltaba como una ballesta cargada. Eso sí, en todo momento correcto Se le adivinaba inteligente y mañoso pero, un auténtico manojo de nervios. Caminante avezado que le mantenía con un físico muy en consonancia con su actitud andariega.

Como verás, Amor, un grupo muy dispar. De todos y de cada uno de ellos, aprendí cosas muy bellas que, de ponerlas en práctica, seguro que harán de mí una mejor persona.

 

MI FIEL NISSAN QUIERE ENVEJECER A MI LADO

Los años no perdonan. Continuamente ESCUCHAMOS esa frase que se ha convertido en una sentencia irrefutable. Los años no perdonan ni a las personas, ni a los animales ni a las cosas. Mi viejo Nissan y yo llevamos muchos años juntos. Los dos vamos envejeciendo pero él más deprisa que yo. Tal vez porque él me trata mejor a mí que yo lo hago con mi viejo Todo Terreno. Hace unos días decidí venderlo. Bueno venderlo es un decir porque no creo que nadie me ofrezca dos duros por él. El caso es que salimos al monte los dos y cuando estábamos allá en lo más alto del Coto de Marcofán,  lo dije que teníamos  que separarnos. Le dije que la economía está algo precaria y hay que reducir gastos. Mientras le hacía  esas reflexiones y unas cuantas más, yo le miraba y cuanto más lo hacía, más cara de pena le veía a mi querido y servicial Nissan. Sus faros que tantas noches iluminaron los caminos y carreteras por donde circulamos. Caminos polvorientos y carreteras llenas de piedras de todos los tamaños y familias. Jamás escuché de él, un lamento ni un reproche. Jamás se cansó de soportar toda clase de inconvenientes. Hasta los faros antiniebla, siempre dispuestos a taladrar las oscuridades más densas, al escuchar mis consideraciones  oscurecieron su brillo habitual. Cansado de consideraciones sobre si lo vendo o lo regalo, me subí y empecé a caminar hacia el Prado de Porto de Bois. Absorto como iba, no me di cuenta que me había adentrado en un juncal  que, por culpa de las últimas y persistentes lluvias, se había convertido en una auténtica braña. Cuando quise detenerme,  el fango llegaba al eje de las ruedas. Temí quedarme varado en aquel cenagal.. Le dije a mi coche, en tono recio y a la vez cariñoso que no se arredrara y que me sacara de allí que ello sería el salvoconducto para permanecer a mi lado para siempre. Así lo entendió mi noble Nissan y sin hacer un esfuerzo extra, salimos de aquella ciénaga  como si por la mejor Aiutovía circuláramos.

Cuando ya estuvimos en zona segura, para él lo son todas, así  lo demuestra,  me bajé y apoyando mi codo izquierdo en su costado derecho le repetí lo prometido.  Contemplé el fango que chorreaba por los cuatro costados y sin embargo sonreía. Estaba muy claro el mensaje que me estaba mandando. A todos nos llega nuestro momento, pero es bueno alargarlo en el tiempo y nadie mejor que alguien que vive tu misma situación para comprenderte. Me dí por enterado y una vez más le dije que los dos seguiríamos juntos mientras hubiera un buen médico o un buen mecánico para recetar una medicina paliativa o reponer una pieza que cumplió su objetivo y necesita recambio. De nuevo me puse al volante y al arrancar el motor sentí que su pistoneo era más jovial, más sincronizado, más vital. Esa misma sensación la tuve yo, cuando nos enfrentamos a la primera cuesta del empinado monte. Los dos nos habíamos rejuvenecido con un poco de conversación reflexiva. Sinceramente, pensé, no hay   medicina mejor  que el diálogo sincero entre dos que se quieren..

¡AL FIN PUEDO CONTARLO!

Así es. Al fin puedo contar sin que se me llame visionario o algo parecido. Hace unos días, subiendo con mi coche el puerto del Paraño, a las once y media de la nche, unos dos kilómetros, antes de coronar la cuesta, delante del faro derecho de mi auto, apareció un bulto de unos ochenta centímetros de ancho que, para no ser atropellado, galopó hacia adelante mientras se desviaba hacia la derecha que era su salida natural más fácil. Todo ello no duró más de cinco segundos, si los duró. Yo, lo único que hice fue levantar el pie del acelerador para no dañar mi coche contra aquel cuerpo que sorpresivamente apareció delante de la rueda derecha. No me dio tiempo ni a pensar otra cosa ni saber lo que aquello pudiera ser. La primera milésima fracción de segundo que pude pensar que fuera un javalí, tan abundantes por estos pagos, no duró más que eso una milésima fracción de segundo por el conocimiento que tengo de esa especie animal, con la que llevo conviviendo día a día, más de una década. Tampoco su forma de galopar coincidía con la del cerdo salvaje. Solo pude ver, no  más de tres movimientos. Sin embargo, el color de la piel, el pelo y sus movimientos, en las fracciones de segundo se definieron, en el escaso conocimiento que tengo de ello, como las de un Oso Pardo. Frené y al comprobar, por el retrovisor, que no venía nadie detrás de mi, retrocedí unos metros y dirigí la luz de los faros hacia el monte por donde presumía que había huido el voluminoso animal, pero ya no pude ver nada.

Cuando continué mi viaje, hice un reconocimiento de todo lo acontecido y llegué a la conclusión que, en efecto, el animal que me había encontrado era un Oso Pardo. Pero todo aquello era tan inverosímil que decidí no decir nada, convencido como estaba que, si lo decía,. me tomarían por loco o por visionario.Eso  sí. Me vi varios documentales de osos pardos para confirmar los movimientos y el color. Yo ya no tenía la menor duda, pero aún así mantuve en secreto mi encuentro nocturno en el Puerto del Paraño. De pronto en la prensa escrita y en Televisión salen noticias que varias personas vieron un Oso Pardo en zonas nada lejanas a donde yo lo había visto. Y ahora sí, ahora ya puedo decir a todo el que me quiera escuchar, que la otra noche ví un Oso Pardo, muy cerca de mi casa y evité hacerle daño. Algo impensable. Un oso cerca de Beariz campando a sus anchas. Ahora, cada vez que salgo a dar mis diarias caminatas voy muy atento por si en cualquier recodo de un camino aparece esa fiera y pienso mucho qué medidas adoptar si eso ocurriera. Confío que no suceda y lo cuento para que quien ande por los montes, tome las debidas  precauciones.

OBRAS SON AMORES Y NO BUENAS RAZONES

Sin títuloAsí reza el refranero Español. Pico Amarillo, dando muestras de su responsabilidad como compañero y futuro padre, toma la responsabilidad de proveer de comida a su Amada, mientras ella se dedica a la incubación de la futura prole que en breve volará nuestros lugares llenando de melodiosos trinos el despertar mañanero y los rosados atardeceres.. Loable actitud la de Pico Amaarillo a quien sorprendí en un prado al lado de casa, cazando gusanos e insectos para llevarle a la Madre de sus hijos. Cundo le vi, me escondí detrás de un g rueso roble y allí permanecí mientras él se dedicaba a la caza de insectos que pululaban por entre la verde hierba. Cuando cargó el pico con todo lo que podía transportar, levantó el vuelo y se fue. Sospechando yo que aquel suministro alimentario sería insuficiente, prmanecí sin moverme de mi atalaya y antes de 15 minutos tuve mi recompensa. Pico Amaraillo apareció de nuevo y esta vez se posó en una esquina de´prado, donde había una pequeña braña y fue allí donde intentó encontrar la materia para su particular despensa. Picoteó la tierra mojada y escarbó con las unas de sus patas. No le fue fácil, pero el tesón y la perseverancia siempre tienen su premio. Pico Amarillo también lo tuvo. Después de no pocos esfuerzos, le ví que estiraba su pescuezo y cuando levantó la cabeza, de su pcio pendía una lombriz que, a la distancia que yo me hallaba, le calculé no menos de 10 centímetros. Con el gusano retorciéndose enfadado por ser arrancado de su casa contra su voluntad, Pico Amarillo se impulsó para volar raudo hacia su querida compañera que, con toda seguridad, le agradecería con un sin fin de caricias el apetitoso manjar.

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Contento por lo que había contemplado y feliz por lo que pensaba estaría ocurriendo en la casa de Pico Amarillo y su compañera, contnué mi paseo hacia el río a la procura de nuevas vivencias que la generosa Naturaleza no deja de regalarnos. Solo hace falta, por nuestra parte, dedicarle un poco de tiempo para escucharla y contemplarla.

MAS ALLA DE LO IMAGINADO

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Buenas tardes Mamá. Cuando esta mañana escribía unas líneas, después de dos días sin hacerlo, en mi Blog, prometía contar algunas cosas escuchadas en el Balneario. Primero te diré, Amada mía, que desde el ventanal donde me hallo, mirando al río, contemplo caer un tremendo aguacero que, como un lord inglés,con  reloj suizo, llega puntual todas las tardes para recordarnos que estamos en nuestra verde y querida Galicia, por lo que, fiel a su destino, debe cumplir con él. El espejo de las aguas embalsadas dibujan  infinitos círculos concéntricos,  al principio.  A los pocos momentos lo que eran pequeñas  ondas que se acariciaban entre ellas, la superficie se rompió en millones de pedazos que chocaban bruscamente.

Después de haberlo hecho docenas de veces, en los más diversos establecimientos, en los que tenía que compartir mesa y mantel con otras gentes, estos días estoy experimentando unas sensaciones muy especiales haciéndolo con unas personas que me las transmiten. Ya te contaba, Amor, algo sobre la dispar pareja que forman Esperanza y su otrora espigado marido. Hoy te diré lo que pude escuchar de un singular matrimonio, que me han descubierto un mundo sorprendente. Sobre todo los primeros años del protagonista. He dicho escuchar y digo bien, porque a este hombre de cara tostada por mil soles y azotado por todos los vientos, mirada franca, dicción perfecta y diálogo pedagógico, no solo hay que oirlo, sino que hay que gozar escuchándolo. No recuerdo cómo empezó sus parlamentos, pero desde el principio, su manera de contar algunas cosas de su vida llamaron mi atención e inmmediatamente supe que estaba ante un ser excepcional. Habla Casimiro que inauguró la Primavera cumpliendo 80 años. A su lado, pendiente siempre de él, Josefina, su esposa, da cuenta de unas lentejas que escogió para el almuerzo. -Es que no había otra. Era el año 1943. Estábamos en todo el lío de la Posguerra Cvil.  Mi padre trabajaba de fogonero en el Ferrocarril. Tenía un sueldo miserable. No daba ni para comer los que éramos en la casa. Mi Madre la pobre se deshacía comprando y vendiendo toda clase de cosas para ayudar. Todo eso no nos llegaba ni para comer. Fincas no teníamos, así que había que ayudar.Recién cumplidos los cinco años, llevaba para el monte, un rebaño de cabras de una tía mía. Ella me daba de comer media taza de leche y para que empapara el trozo de brona, pan de maiz, terminaba de llenar la taza, con agua de la fuente. Con siete  años, sin cumplir los ocho, me fuí con una cuadridlla de segadores a la Provincia de Toledo a segar los trigos y cebadas de Castilla. Aquellos cinco hombres cobraban a un tanto por fanega. Allí tres fanegas y un poco, era una Hectárea. Bueno eso lo supe mucho después. Ellos segaban y yo tenía que atar los haces de mies que dejaban sobre el rastrojo. Para atarlos tenía manojos de ataderos de esparto, más o menos de un metro de largo, que tenían en las puntas dos nudos para que no se deshicieran. Me veía y me deseaba para poder darles abasto. Además, al medio día tenía que ir al pueblo, algunas fincas de las que recogíamos la mies, distaban de la casa del amo unos cuatro kilómetros. Además tenía que acarrear el agua, con la cuba o con el botijo, cada vez que hacía falta. Cuando llegaba de uno o del otro sitio, tenía un montón de mies cortada que había que atar para que cuando llegara la galera con las mulas que la llevaran a las heras para trillar, estuviera lista. En Castilla, en el mes de Junio y de Julio con un sol de justicia que ni los pájaros volaban. Por la noche, dormíamos en los rastrojos y al  romper el día, comenzábamos la tarea hasta que no se veía.-Cuando ésto dice Casimiero, me viene a la memoria nuestra admirada Rosalía diciendo: “Castellanos de Castilla-Tratade ben os galegos- Cando van, van como rosas -Cando ven, ven como negros -cando foi iba sorrindo- Cando veu viña morrendo. As luciñas do meus ollos- O amantiño do meu peito. -Castellanos, Castellanos, tendes corazón de ferro”.- Así dos meses y medio, bueno, un poco más, casi tres. Al año siguiente también fuí con ellos. Esta vez habían conseguido un contrato algo más cerca. Fuimos a la provincia de Avila, lindando con Valladolid. El verano se diferenció poco con el anterior. El calor era horrible. Lo que mejoró un poco fue la comida. Aquí nos daban más veces cocido y menos gazpacho como el que nos hacían en Toledo. Afortunadamente no nos llovió ningún día pero el calor nos aplastaba contra la rastrojera. Ese fue el último año que acompañé a los segadores porque al siguiente, antes de cumplir los diez, me marché al País Vasco.- Escuchando a Casimiro, yo que he vivido en Castilla una buena parte de mi vida. Además, conozco muy bien las tareas del campo, y en especial las que se realizan en verano, por coincidirme con las vacaciones y pasarme algunos ratos con los segadores en el campo, cuando Casimiro contaba todo aquello, me entraban sudores solo con recordar al pobre niño en plena estepa,  soportando aquellos tórridos calores cuando él debía estar jugando a las canicas, o al pelouro con otros niños de su edad. A mí, solo con oirlo, se me abrían las carnes y me dolía el alma. Y lo que más me chocaba en su relato, es el no tener ningún lamento ni resquemor recordando aquella etapa de su azarosa  vida. Cuando terminaba de comer el plato que se había traido a la mesa, iba a la procura de otro y mientras degustaba lo elegido, nos seguía contando sus vivencias con toda naturalidad. De vez en cuando afloraba a su rostro una sionrisa, sobre todo cuando, prudentemente se callaba sus aventuras amorosas, y miraba de reojo a Josefina, quien esbozaba una sonrisa picaresca adivinando lo que su marido omitía. -Mi madre consiguió unas pesetillas y me sacó el billete y me fui a Bilbao. Cuando llegué allí y me bajé del tren parecía que me había emborrachado. No sabía ni dónde estaba ni a dónde  tenía que ir. Así estuve un buen rato hasta que me acordé de lo que me dijo mi madre sobre una señora de un pueblo de al lado del nuestro que había estado sirviendo en casa de unos señores y me dijo la calle donde vivía. Le pregunté a un señor y él muy amable me acompañó hasta la punta de la calle. Yo iba al número 27 y ya caminando solo, llegué hasta allí. El marido de la señora era albañil y me dió trabajo con él. Me dijeron que podía quedarme como huesped en su casa y por 15 pesetas me daban media pensión. La comida del medio día tenía que valérmelas por mi cuenta. Pero lo más difícil lo había solucionado, tener trabajo. Tenía que amasar mortero para cuatro albañiles que trabajaban a destajo. Los cubos de mortero pesaban tanto que tenía que llevarlos arrastra hasta donde tenía la cuerda para engancharlos y que ellos los subieran a los andamios. Tantas eran las ganas de hacerlo bien que además de abastecerles de mortero, les acercaba los otros materiales y les cargaba el agua para beber. Así stuve durante más de dos años. Pero yo quería ganar dinero y en cuanto podía, agarraba una paleta y me dedicaba a colocar ladrillos como ellos. No tardé en hacerlo de tal manera que ya me libraron de amasar cemento arena y agua y me pusieron a pegar ladrillos o dar yeso o lo que fuera. El matrimonio donde me hospedaba, él era muy buena persona, pero a ella, no sé qué le pasaba, porque algunos días agarraba unos cabreos que le tiraba al marido con lo que fuera. En más de una ocasión la ví lanzarle un cuchillo que si lo coge lo atraviesa. Yo cuando terminaba de trabajar, recogía en los cubos de basura, los periódicos y así fui aprendiendo a leer. – No hace falta decir que, tanto yo, como los compañeros de la mesa escuchábamos estupefactos a Casimiro, cuando esto nos relataba. Un día, recién cumplidos los 14 años, el promotor de las viviendas que estaba consruyendo le llamó  y le dijo que si se atrevía a llevar la obra por su cuenta que él se las cedía para que se responsabilizara de todo. Casimiro le contestó afirmativamente y con solo el compromiso de la palabra, sin que mediara papel alguno, a partir de ese momento el niño Casimiro de 14 años se convirtió en el responsable de la construcción de un grupo de viviendas con bastantes hombres a su cargo. Trabajaba noche y día y aún le quedaba tiempo para la diversión. Se convirtió en un exelente bailarín y, sobre todo en verano, solo paraba cuando se cambiaba la ropa de fiesta por la de trabajo. Pero todo no iba a ser bueno en la vida del osado y trabajador rapaz. Un día, el buen hombre que le acogió en su casa y le ayudó a encontrar trabajo, y que ahora se había convertido en asalariado de su pupilo, puliendo un tramo de pavimento con una máquina, el cable se le enrolló en los pies, cayó de espaldas y se mató. Fue un duro golpe para Casimiro pero la vida seguía y era necesario continuar. Ni que decir tiene que en esta etapa ganó mucho dinero. Vascongadas estaba resurgiendo de la dura posguerra y había mucho donde trabajar si se tenían ganas de hacerlo. Así llegó a la etapa del servicio militar. Regresó a su pueblo natal y se incorporó a filas. No tardó el avispado mozo en hacer valer sus conocimientos de maestro de obras. Primero tomando los galones de Cabo Gastador y después la admiración. el respeto y las solicitudes de Jefes y Oficiales que requerían sus servicios para trabajos en sus domicilios particulares. Trabajos que le produjeron pingües benficios, amén de admiración y permisibilidad para muchas otras actividades. Se licenció y, como ya había echado el ojo a una linda jovencita de la aldea, la requirió de amores y ella encantada accedió. No tardaron en contraer matrimonio y comenzar una nueva vida. Desde Euscadi le llegaban todos los días reclamo, ofreciéndole obras de mucha importancia. Había dejado un cartel muy bueno y era requerido para que contunuara por aquellos pagos. Se hubiera ido Casimiro muy contento a Vscongadas de nuevo, pero la madre de su esposa tenía un catarro crónico y no era cosa de abandonarla a su suerte y prefirió perder todo aquel mundo que se le ofrecía para que su esposa cuidar a la buena señora que la trajo al mundo. Pero Casimiro no se durmió en los laureles. En su pueblo y los contornos continuó trabajndo y no solo en la actividad que le era más familiar. Abrió el abanico de sus capacidades y a la vez que criaba siete hijos, uno de los cuales se le murió a los dos años, compartía vida con su amada y avispada Josefina, educaba y daba estudios a su numerosa prole, se hizo un señor a respetar y dejar huella de buena gente por donde quiera que fuere. Es de justicia reconocer que gran parte del éxito obtendo en esta etapa de su vida, se debe a la ahorrativa Josefina que convertía una peseta en ocho reales. Hoy sigue siendo una pareja muy feliz y muy contenta con lo conseguido. Para mí fue un gran honor conocerlos y desde ya y hasta que Dios me permita, cuentan con mi admiración más rendida. Ya ves Amada mía qué maravillosas personas quedan por estos mundos. Hasta siempre Amor mío. Te seguiré contando.

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA PAREJA PREDESTINADA

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Hola Mamá. Hola Todos. Cumpliendo mi promesa de contaros las experiencias que voy teniendo en mi estancia en el Balneario, a la vera del río Miño, hoy haré referencia a una pareja que, a primera vista, sería correr un alto riesgo admitir que lo son. Me explicaré. Alto, fornido, él. Futbolista, jugador en Primera División. Profesión que ejerció en parte de su juventud. Deportista siempre. Algo pasado de kilos por mor de un problema de salud, disculpa que no dudo sea cierta, pero frecuente en muchas personas para justificar su estado físico. Muy hablador. Conoce, como pocos, el mundo de las carnes bovinas, a las que dedicó gran parte de su vida profesional, después de abandonar su actividad futbolera. Eso sí, por si no te enteraste la primera vez de sus conocimientos, te lo  repite una y otra, hasta que te ve convencido. Pero, sobre todo lo que se desprende de las conversaciones mantenidas con él, es la total aclaración de ser una excelente persona. Conducta que muestra en todo momento. De sus actitudes alimentarias, para satisfacer su cuerpo, mejor lo mantengo en el rincón de la prudencia. Ella, su esposa, una mujer con un encanto especial que tiene sus orígenes en su propia genética y cuido personal. Prestancia y belleza que le sirvieron para ser nombrada  mis de su pueblo natal, en noble competición con un buen número de participantes. Hoy mantiene su equilibrada belleza, en plena vigencia. Observadora, prudente, callada, pendiente de su marido para atenderle hasta en los más mínimos detalles. En resumen, el polo opuesto al de su esposo. ¿De dónde le viene a ella esa manera de ser?. Ahí está, en profundidad el motivo de este comentario. Esta señora, tuvo, mejor, tiene una Madre, porque las gentes así no mueren jamás, tiene, digo, una Madre excepcional.

Eran años muy duros. España salía de una Guerra Fratricida que brotaba sangre por todas partes  Su propio esposo había sufrido las consecuencias en su propio cuerpo recibiendo una bala que le atravesó un pulmón, con las consecuencias inherentes. Posguerra,  necesidades de toda índole.La buena Señora tenía que sacar adelante una familia sin un mínimo de medios para conseguirlo. Su constitución física era todo menos atlética. Trabajaba en todo lo que se le daba la oportunidad de hacerlo. Todo ello no llegaba para  cubrir las necesidades más perentorias.Se enteró que en Tierra de Campos se podía conseguir la harina a un precio inferior al que tenía en Galicia. Ni lo pensó. Se lanzó a la arriesgada aventura. Antes de hacerlo se sirvió de la debilidad humana para ponerse de acuerdo con el conductor del tren que hacía el recorrido entre las dos regiones y cuando el convoy llegaba al lugar escogido, aminoraba la velocidad, ella tiraba los sacos de harina de 50 kilos y tras ellos se lanzaba  su dueña. Unas veces la arriesgada aventura se colmaba con el éxito, otras surgían problemas que había que solucionar como se podía. Siempre usando el tesón, el ingenio y las ganas de vivir. Pero nada la amilanaba y de nuevo a comenzar Por lo emprendedora y la voluntad que ponía en todo aquello que hacía, demostró a propios y extraños que fue una mujer adelantada a su tiempo. Producto de las heridas de la Guerra, su esposo muere. Se vuelve a casar y conociéndose como se conocían, un cuñado suyo y ella, deciden continuar el proyecto de matrimonio, trágicamente truncado. Emigran a Venezuela a la procura de un mundo mejor. Allí nace una niña preciosa, fruto del amor de la nueva pareja. Sin las penurias de otrora, Esperanza, así se llama la jovencita, crece en un ambiente de amor y relativa comodidad. La familia tiene sus contactos y, en buena lógica, los más allegados, son aquellos que pertenecen a orígenes similares y lugares  próximos. Entre los amigos hay una señora, también española, que a la niña, convertida ya en bellísima jovencita, no deja de comentarle, que no se eche novio en Venezuela, que en España ella tiene un hijo que será el hombre ideal para convertirlo en su esposo. Una y mil veces la buena señora asedia con el mismo requerimiento  a la joven Esperanza. Su madre, que nunca abandonó la idea de regresar a España, también le pide que no se enamore en el país de Simón Bolívar. Pero ella es consciente que su joven y muy atractiva hija, tiene muchas ocasiones de romper ese anhelado propósito. Un buen día le comunica a su hija, que se van a España a pasar una temporada. En la mente de la buena señora anida la utópica idea de conseguir que su Princesita se  enamore en la tierra de sus padres. Vienen a España. La joven, como es natural, comienza a formar su círculo de amistades . Su belleza es un atractivo más, a la buena educación recibida, a sus exquisitos modales propios en la tierra que la vio nacer. Esos y otros encantos que no pasan desapercibidos a los varones de su grupo de amistades, la convierten en una dama muy pretendida. Hay un mozo en especial, que como delicado, delicado no es, pero sin embargo se le ve buena gente, sano deportista y sobre todo, deseado por todas las féminas del grupo. Y eso supone un reto para toda joven que se precie. Acostumbrada como estaba a la delicadeza en el trato, de la juventud venezolana, la falta de galantería del nuevo amigo, le hacía perder puntos. Un día que ambos se dirigían a sus casas, él, a medio camino, se despidió y la dejó sola. Aquello no le sentó nada bien a Esperanza, pero siguieron cultivando su compañerismo. Al paso de los días, se fueron comunicando las cosas propias de esos años, tales como estudios aficiones, rechazos, en fin todo lo que conlleva la conversación entre jóvenes cuya única idea es permanecer juntos. En una ocasión el apuesto futbolista habló de su familia y sus vivencias en España. El no había viajado con sus padres y vivía con una tía suya. Cuando le relató a su joven y bella amiga que sus progenitores residían en Venezuela, ella se interesó más aún en la conversación.  Para mejor situarla, él le dijo sus apellidos. Al escucharlo, ella inquirió algo  más. Cuando el muchacho los repitió, su cara perdió el color sonrosado que siempre la adornaba, Era una máscara de cera limpia y pura. Por unos momentos se quedó sin saber qué decir. En su interior se desató una batalla campal  de sentimientos encontrados. Inmediatamente que pudo rehacerse de lo que terminaba de escuchar, preguntó, si el mozo que la acompañaba era el mayor, el del medio o el pequeño de los hermanos que componían la familia. Al escuchar que el joven guapo, espigado, deportista y charlatán que tenía a su lado era el segundo de los hermanos, precisamente aquel a quien su madre tenía predestinado para convertirlo en su esposo, el sombrajo de la duda se deshizo lo mismo que un pedazo de hielo en agua caliente. y en aquel mismo instante, en el pergamino más íntimo de su juvenil corazón, en que solo se graban los proyectos maravillosos, escribió, con caracteres indelebles, su nombre, para convertirlo, como deseaba la buena señora, en esposo eterno y depositario de todo su amor.

Seguiré contándoos experiencia nuevas que a  para este corazón ávido de bellas vivencias, punto de cumplir los ochenta siguen siendo novedosas y aleccionadoras.

¡Qué tan grande y  bello es el don de la palabra, pero aún es más grande y bello el don del oido para saber escucharla.