UN DIA DE LOS QUE LLENAN EL ESPIRITU

Amaneció un día radiante. En nada se parecía a sus antecesores del Sábado y el Domingo. Al abrir la ventana un chorro de luz entró adueñándose del dormitorio sin pedir permiso. Fue una invasión maravillosa. En cuanto me fue posible descendí al lugar donde le pongo los granos a Papo Rubio y A Pico Amarillo, últimamente acompañados de sus correspondientes parejas y no tardaron los cuatro en acercarse a picotear los granos que les esparcí, La nieve había cubierto todo el terreno y dos días estuvieron, sabe Dios dónde, sin aparecer por ninguna parte. Comieron y revolotearon, jugando a ser felices y ver que la Naturaleza cambiaba el manto blanco por la policromía normal del paisaje. Los cuatro estaban muy juguetones, sobre todo Papo Rubio y su pareja. Era un placer contemplar cómo se manifestaban sus afectos con movimientos nerviosos en los que, con seguridad, iban incursos los más íntimos pensamientos de sus sentires. Si es que los Papo Rubio piensan. Los dejé jugando y comiendo y me fui a mis quehaceres cotidianos.

Después del Yantar me fui a  caminar mis preceptivos, más o menos, 10 kilómetros diarios. Cuando apenas  había recorrido los dos primeros, me encontré con una persona un poco más joven que yo y que siempre fue un gran andarín. Hace algún tiempo que un inicio de …. algo que te hace perder un poco la noción del tiempo y de la propia realidad. Nos saludamos y le invité a compartir conmigo la “Andaina”. Accedió muy gustoso y ambos los dos nos pusimos a recorrer mi habitual itinerario. Que yo soy un charlatán empedernido, lo saben todos los que me soportan y los que no. Severino, mi circunstancial compañero de esta tarde, se adueñó del escenario de la conversación y me contó todas sus aventuras vividas en su añorado Sao Paulo con detalles que en tropel acudían a su memoria. Dado su estado, los temas eran muy repetitivos, sin embargo, en ningún momento me resultaban molestos. Por el contrario me sentía feliz escuchando una y otra vez las múltiples anécdotas que Severino me relataba. Yo era consciente que estaba haciendo algo que beneficiaba a una persona que necesitaba tener alguien a quien hacer partícipe de sus aventuras y desventuras, tantos años almacenadas en los rincones más recónditos de un cerebro donde brilló la luz y que las sombras comienzan a tomar posesión. Me sentí tan bien escuchando a Severino, que haciéndote partícipe de todo ello, me siento más feliz y mejor persona. Qué fácil es encontrar momentos que llenen tu vida, dándote un poco a los demás. La grandeza de la vida, está en las pequeñas cosas que ella te brinda. Aprovechémoslas.

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EL CAMINANTE DESCIENDE A MEDELLÍN

 

P1030534Estoy convencido que más de uno se extrañará por el título del escrito de hoy. Pero realmente el recuerdo que se fija en tu memoria, en el primer viaje a Medellín, es la sinuosa bajada desde el alcor, hasta el corazón de la ciudad. Personalmente me encantó el recorrido por sí mismo y más aún, por la cantidad de jóvenes que encontré  reunidos en diferentes puntos de la carretera hasta llegar a la bella y bulliciosa ciudad. Tanto descendiendo como ya dentro de ella, su conformación urbanística y situación orográfica, me recordó mucho a Caracas.Su río. Su distribución a lo largo del profundo valle entre elevadas montañas al N. y al S. Pero lo que me cautivó, desde el primer momento, fueron sus gentes. Su espontaneidad, su simpatía, su carácter abierto a todos los pensamientos. Y no digamos sus increibles Desayunaderos. Desayunar en uno de esos típicos establecimientos, es tanto como sentarte a la mesa en las cenas Baltasar. Suculentos y variados jugos y dulces de todas las clases, servidos con el garbo de señoritas que cimbrean sus esculturales cuerpos al son de cumbias mañaneras. Si el apetito de la mañana no te despierta, mil y una razones te ofrecen los desayuinaderos para estimular tu vivir. Seguiremos narrando vivencias en la bella ciudad colombiana, tan denostada por unos cuantos desalmados que mancillan su nombre.

ASI AMANECIERON HOY OS COTIÑOS

Al despertarme esta mañana y abrir mi ventana para dar la bienvenida al día que la vida me brindaba para compartir, me encontré con esta imagen. Todo lo que mis ojos veían, estaba vestido de  blanco como una novia que se acerca al altar. Por donde quiera que dirigiera mi vista, todo blanco

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Por un momento, me quedé parado, por si estaba soñando, pero al abrir la vidriera y dar paso a lo que afuera se respiraba,se disiparon mis dudas instantáneamente.

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COMO LA EXISTENCIA DE DIOS

 

A todas las mujeres, una de ellas, fue mi madre.

Buenos días querida y desde ya, amada, aun sin conocerte: Para ti que pasas por la vida dejando jirones de tu quehacer diario sin que nadie reconozca tu generosa aportación al mundo que te tocó en suerte, sin que pusieras nada de tu parte para estar en él, tal como es , porque si te dan a escoger, con seguridad que lo hubieras pensado muy mucho antes de aceptarlo. Para ti va hoy mi cántico a la vida y al enamoramiento que de ella tengo. Tú eres hoy, que lo sé, lo fuiste ayer, sin saberlo y lo serás en los días que la vida me permita compartir con  ella, mi amor desconocido. Y me haré Dios para ser brisa y acariciar tu curtido rostro en los campos abiertos de horizontes infinitos, y me haré luz para envolverte en la obscuridad, y  me haré fuerza para  convertir mi pecho en sutil punto de apoyo  en los momentos que flaqueen tus energías. Seré agua, en la ducha, para acariciar todo tu cuerpo, mesar tus cabellos, recorrer tu rostro, humedecer tus labios, contornear tu boca entreabierta. Y bajaré por los hombros a la procura de tus senos, convirtiéndolos en manantiales vivos de tu exuberante sentir,  mientras tú, maravillosa ignorada, me retendrás con alevosa y sugerente voluptuosidad, convirtiéndome en cascada y remanso, valle y montaña, grito y silencio y torrente en las montañas de tus vírgenes y turgentes pechos y río en los meandros que me llevan al calmoso mar del placer.

Y tomo del amanecer el tul rosáceo de la ilusión, del medio día el fogoso ardor del deseo, el rosa púrpura acariciante y el rojo apasionado del atardecer, para confeccionar nuestro lecho de amor. Y con las primeras estrellas engarzar un collar de diamantes para ponerlo sobre tu cuello, en juramento de amor eterno. Para ti que eras mi añorada desconocida y que ya eres mi eterna enamorada, desde el rincón menos utilizado y más sensible de este loco corazón, te mando, ahora que intentas sumirte en el reposo reconfortante de la noche, mi ilusión de enamorado, mi deseo  y mi afán incontrolado de hacerte mía y poseerte por toda una eternidad y resarcirme así de tu ausencia.  Acéptame, amada mía y no permitas que arda por más tiempo en este fuego que, cual zarza de Moisés, me abrasa y no me consume, convirtiendo mi espera agobiante, en mortal necesidad de sentirte.

Amame y te amaré y si no me amares, moriré amándote.

UN DÍA DE CAZA CON BONI

 

UN DIA DE CAZA CON BONI

A mi padre que me enseñó a disfrutar con el bello arte de la caza.

Está anocheciendo y los fríos otoñales ya hicieron su aparición. No conviene exponerse demasiado ya que es el tiempo de coger los catarros que luego no hay quien se los quite de encima en todo el invierno. Bonifacio  González, Boni para los amigos, lo sabe muy bien por lo que pone todos los medios a su alcance para que tan desagradables visitantes no se hospeden en su cuerpo.

Es sábado, el atardecer tiene  tonos rojizos allá hacia Los Bodegones. Presagia frío pero parece que la lluvia no va hacer acto de presencia ni por la noche ni mañana. Pero eso hay que preguntárselo a Boni, él sí lo sabe. Muchos años en contacto con la naturaleza, muchos años soportando las inclemencias del tiempo en todas las estaciones. Muchos años, desde su tierna infancia, durmiendo en las majadas con el techo azul estrellado, el olor a tomillo y a majano y el arrullo de las esquirlas de las ovejas, como compañeros. Allí aprendió a leer en el firmamento y en las brisas que traían en su tul nocturno, las lecciones que la vida da a quien quiere aprender a caminar por ella. Eso Boni lo aprendió bien y lo cuenta a las personas, pocas, que quieran escucharle.

Qué cosas. La gente ni te escucha, corre, corre y luego llega tarde a todas partes.

  • Buenas tardes Boni, cómo va la siega del maíz?
  • Bueno, ahí va, ni tan bien como quisiéramos ni tan mal como dicen otros.

Podía ser mejor pero también podía dar menos, así que bien está como está y  nunca peor.

  • Encuentro a Boni en su “Nave”, que es como decir su Palacio, su Centro de operaciones. Aquí en este tinglado enorme, donde guarda su maquinaria, con todos sus aperos de labranza, pasa muchas horas del día, todas las que los quehaceres del campo le permiten. Todo un mundo de ilusiones largamente soñadas y ríos de sudor de sangre, están almacenados entre estas cuatro paredes. Pero merece la pena luchar por algo y si se hace por los hijos, aun tiene más sentido. Me parece muy bien y estoy de acuerdo contigo

Bueno y cambiando de tercio, ¿Cómo se presenta el día de caza mañana?

-Pues hombre no se presenta mal. El tiempo parece que va acompañar, va hacer frío pero no creo que llueva, así que …. ahora depende de tantas cosas….. Te haces tus cálculos y luego, la caza es tan bribona que no te sale nada como  habías pensado. De todas las maneras yo creo que nos podemos divertir porque las perras son muy buenas y con ellas goza uno mucho.

Con Boni puedes hablar largo y tendido de lo que quieras, si no entiende te escucha con mucha atención o por lo menos es lo que te hace creer, aunque esté pensando en la poda de la viña de la Póveda o en la sementera del secano en el Campetón,  y si entiende hace sus exposiciones con un pragmatismo admirable, buscando siempre la corroboración en el símil campero. En el campo tiene él todas las referencias, sea cual fuere el asunto a comparar.

Amanece. Hace un frío auténticamente desenfrenado. El atardecer rojizo de ayer ya lo presagiaba, pero no tanto. Es Domingo y eso quiere decir que hoy se puede cazar.

Boni se dirije hacia el corralillo de los perros. Ellos desde que oyeron a su amo por las proximidades no dejan de aullar lastimera o sonoramente solicitando su libertad. Boni acercándose al chamizo donde los tiene, estupendamente cuidados, les va hablando, ellos sí le escuchan  y  lo entienden. El está convencido que así es, yo también, porque según lo que él dice así toman ellos la actitud que más se ajusta a lo solicitado por su amo. En cuanto se abre la cancela, salen como una exalación, atropellándolo todo a su paso, brincando con un frenesí de locura, dando saltos entorno a su dueño lamiéndole la cara, besándolo, corriendo y deshaciendo el camino una y mil veces al mismo tiempo que emiten sonidos lastimeros como acusándolo de tenerlos allí encerrados privándolos de su presencia. El les  corresponde con parecidas muestras de afecto hasta el punto de confundirse todos en un amasijo de  efusiones incontroladas.  Es el presagio de un día de disfrute en el campo, un día  de caza. Los perros tienen  un sentido especial de captación de sensaciones y las miden y guardan muy bien, hasta el punto que, aun estando comprobado que ellos no pueden medir el tiempo, tienen un sin  fin de elementos que los situan en las memorias de lo que hicieron en circunstancias semejantes, así que después de prodigar a su amo toda clase de caricias, comenzaron con los demás reunidos pero nunca con la profusión con que lo hacen con Boni, todo lo cual da pié para que él diga lleno de orgullo:

  • Qué cosas eh, qué inteligentes son los animales. Cómo saben quien los cuida y les da de comer – Dice mientras los mira y sonríe, un poco maliciosamente.

Abre el maletero del coche y los perros luchan por ser los primeros en entrar, no quieren quedarse en tierra. Esa es otra, antiguamente  íbamos de caza andando; desde las tapias del pueblo ya te ponías en mano y venga a caminar, ahora no, ahora vas en coche hasta el mismo sitio que vas a cazar.

  • Qué cosas. Yo que me recorría todo el campo andando, ahora todo lo hacemos a lo señorito, hasta los perros.
  • A los pocos momentos llegamos al barranco escogido para cazar en el día de hoy. Es el, barranco del Sotillo, un paraje con mucha maleza, carrizo, juncos y taray. Los perros, una vez que se vieron libres del maletero salieron corriendo para desentumecer los músculos restregándose por la yerba llena de escarcha para limpiar un poco su pelo y para hacer desaparecer su olor característico, con el fin de pasar más desapercibidos para los animales del campo.

Hoy  somos tres en la cuadrilla y llevamos cuatro perros, al decir perros, es por la semántica de la conversación, porque realmente lo que se dice perro no hay ninguno, ya que todas son perras. Las perras son más dóciles, en la mayoría de los casos tienen mejores vientos y comienzan mucho antes que los perros a cazar. Nos ponemos en mano como nos indica Boni y empezamos a caminar en absoluto silencio, solo roto por las llamadas de atención que él hace a Pelos, una joven perra, cruce de  bretón con no sé que otra raza, pero que entre su juventud y su poderío se recorre la mano a velocidad de vértigo. Estrella y Muchacha son más serenas, cazan más despacio y siempre mirando dónde se encuentra su amo y atentas a cualquiera indicación que éste les haga. Antes de bajarnos al barranco recorrimos un pequeño trecho por una zona muy abundante de atochas de esparto y justamente cuando llegábamos al inicio de un aguacero, donde los “alastrones” (hiebajos muy ásperos que nacen en los barranquillos que arrancan casi en lo alto de los cerros y llegan hasta el barranco principal y que son un refugio muy apreciado por las liebres y sobre todo por los conejos)  Rosi, una perrilla blanca, cruce de, sabe Dios qué razas, muy pequeñita  y vivaracha, dió un tremendo salto por encima de una atocha de esparto y cayó al otro lado mientras emitía un chillido de alerta. A los tres nos cogió un poco sorprendidos, y aun estaba yo cargando la escopeta cuando un estampido seco rompió el religioso silencio que en esos momentos reinaba en todos los cerros de las Dehesas. La primera liebre era abatida de un certero disparo. Los perros corrieron hacia ella disputándose el placer de llevarle a su dueño la primera pieza del día.

  • Fíjate dónde estaba la bribona. Cualquiera podía sospechar que estuviera aquí tan cerca del camino. Ya lo dice el refrán, “ A liebre corredora, escopeta prevenida” – Y me miraba a mí como diciendo  que me aplicara el cuento.
  • Bueno pues no empieza mal el día. A ver si sigue así.
  • Seguimos caminando en mano y no habían pasado cinco minutos cuando la Pelos parando en seco su carrera ante una espesa mata de tomillo y alastrón, puso su menuda cabeza casi en posición horizontal quedando toda ella estática, petrificada, conteniendo la respiración. Al cabo de unos segundos, con mucha suavidad, miró hacia nosotros esperando que Boni le diera la orden pertinente. Este aguantó un poco para que nos recreáramos en el espectáculo y realmente merecía la pena. La plasticidad del momento solo se entiende viéndolo.
  • ¡!!Entra bonita ¡!! – Y la perra como impulsada por un potente resorte se incrustó materialmente en la mata de la que, no con menos ímpetu salió un conejo justo en la dirección en que yo me encontraba. Lo apunté sin prisas, ya que lo tenía muy cerca y cubriéndolo fui siguiendo su recorrido para abatirlo en el momento justo. Los compañeros respetaron mi privilegiada posición y se mantuvieron expectantes, los perros hicieron lo mismo esperando el mortal disparo. Cuando consideré que el animalillo estaba a la distancia apropiada apreté el gatillo y en vez de un estruendoso disparo solo se oyó un “clí” casi imperceptible. La escopeta, por primera vez, en el tiempo que lleva conmigo, picó el fulminante con tan poca consistencia que éste no llegó a explosionar y como además es una repetidora no hay posibilidad de reclamar el otro tiro.

Los perros se me quedaron mirando con cara de incredulidad. Mis compañeros, mis compañeros no sé   lo que hicieron porque ni me atreví a mirarlos, solo me pareció oir, pero muy bajito a Boni que susurraba

  • ¡Qué cosas. – Lo que siguió si siguió algo, no lo llegué a oir.
  • Cuando me repuse un poco los miré con la cara de acelga que se me debió quedar y la verdad que no fueron duros conmigo. Me miraron, sonrieron y alguno de ellos me animó comentando.
  • ¿ Qué pasó, falló la escopeta verdad.? También las buenas tienen derecho a fallar alguna vez .
  • Le agradecí el apoyo moral que me daba e hizo un gesto que más que tal debió ser una mueca. Porque ya ninguno de los dos me hizo ninguna alusión.
  • Seguimos con la mano y Boni ya no se separó mucho de mí, seguramente pensando que mi escopeta y yo no éramos mucho de fiar y si ocurría algo parecido siempre podría echar una mano o lo que hiciera falta.

A las dos de la tarde, hora de dar de mano, según las normas del Coto habíamos colgado unas buenas perchas que hacían que nuestras caderas acusaran el peso y deseáramos llegar a los coches para descargarnos.

  • Qué alivio cuando soltamos las piezas en el suelo. Estábamos realmente cansados pero muy contentos porque había sido una mañana muy divertida y cinegéticamente muy generosa. Las perras habían hecho las delicias de los cazadores más exigentes y los tres así lo reconocíamos cuando Boni soltando una de sus imprecaciones observa que Muchacha no está con nosotros.
  • ¿Dónde habrá quedado el demonio de la perra? – Comenzó a llamarla con insistencia pero no obtuvo respuesta, por lo decidimos volver sobre nuestros pasos a ver qué había acontecido.
  • No, no vosotros quedaos poniendo todo en orden y haciendo los lotes que yo voy en su busca. Seguro que se quedó en este último prado. Habrá encontrado el rastro de algún conejo y se habrá liado con él por los juncales. Porque esta tiene tanta afición que no asuela ni un segundo.
  • Mientras pronunciaba estas últimas palabras ya había salido hacia el barranco donde presumía debía haber quedado Muchacha. A los pocos minutos vimos que los dos regresaban, Boni hablando a la perra y ésta muy seria, con la cabeza baja, tanto por el cansancio acumulado como por la reprimenda que le debía venir echando su amo. Cuando ya se hizo perceptible su voz, la verdad es que la bronca no era muy agria.
  • Es que eres muy tontita, ya te tengo dicho montones de veces que cuando se acaba, se acaba y no hay más que hablar. No ves que los conejos son muy bribones y al ver que no hay nadie que te ayude se ríen de ti. Así que ya lo sabes, cuando yo digo vámonos, nos vamos y se acabó. Veis como yo tenía razón – Nos dijo al llegar a nuestra altura. – El animal es tanto el afán que tiene que no asuela. Fijaos como tiene el hocico ensangrentado de rozar con la maleza, pero le da igual. Lo mismo le pasa a Estrella, aunque ésta como es más vieja también es más tranquila. Pero son las cuatro muy buenas con ellas se pasan muy buenos ratos. Esto es parte de la vida, las pequeñas cosas que te ayudan a sobrellevarla.
  • Levantó sus ojos hacia la profundidad de los montes y no sé qué pensamientos acudieron a su mente porque después de unos momentos de silencio con lentitud giró sobre sí mismo con la cabeza agachada como rememorando viejos recuerdos y solo se oyó decir:
  • Qué cosas.

 

José Balboa Rodriguez.

 

¡¡LA QUE ME ESPERA!!

Acabo de regresar de mis últimas ITV. Ya estoy en Os Cotiños. Quince días ausente. Confío que el tiempo frío y lluvioso haya tenido medio encerrados a Pico Amarillo y Papo Rubio, con sus respectivas parejas y no hayan notado demasiado mi ausencia, porque si no fuera así, me espera un castigo de “órdago y muy señor mío”. En cuanto llegué, me acerqué al lugar de costumbre a esparcir unos granos con el fin de que se enteren que ya estoy aquí y preocupándome por ellos. Esa frase entrecomillada que pongo en mi línea anterior,era muy utilizada allá por años 60 del pasado siglo. Particularmente la utilizaba mi padre dándole carácter a cualquier hecho que tuviera una especial relevancia. Me hace mucha ilusión trayéndola hoy a esta página porque así, de alguna manera rindo pleitesía al hombre que más he admirado y sigo admirando, de todos los que he conocido. Y han sido unos cuántos en mis casi 80 años “pisando hormigas.”. Así lo recalcaría él.

¡Qué bello es compartir momentos en silencio o en animada conversación, con las personas que cumplieron su cometido en la vida terrenal y siguen viviendo en nuestros corazones. Es como despabilarles de un sueño en el que estaban profundamente  sumergidos, esperando que nosotros los despertáramos. Esa labor se realiza muy bien cuando uno vive en soledad, cuando se vive, como es el caso, en un paraje bucólico y paradisíaco, como lo conforma Os Cotiños. Estoy convencido que más de uno me dirá que estoy errado. Que esa maravillosa vivencia, también se tiene en plena vorágine de la ciudad, porque para el recuerdo no hay fronteras ni condicionantes. Sin embargo, os ruego licencia para poder deciros que un solo día que compartierais esta casa y su entorno, convencido estoy, que disculparíais mi osadía.

 

ACABO DE SALIR DEL PRADO

Hace unos instantes salía del Museo del Prado. Antes de seguir, recomiendo a los que tengais la oportunidad de ver la Exposición que hay, de Pinturas de Ingres, no podeis perderosla, Sencillamente GENIAL No soy quien, ni tengo autoridad para ello. En absoluto cometería esa osadía de dar una opinión objetiva y medianamente técnica y artística sobre la pintura de Jean-August Dominique  Ingres. Doctores tiene la Iglesia para ello. Sin embargo no puedo sustraerme a la tentación de hablar de la transparencia del alma y de la vida interior  de las mujeres que retrata. Al igual que afloran las carnes debajo de las puntillas de sus vestuarios, asoman los pensamientos e inquietudes que fluctuan en el sentir de las damas que plasma en sus lienzos. Formas increiblemente sensuales. Sonrisas que se quedan en el amago para dejar libertad de pensamiento a quien las contemple. Provocación descarada de los deseos, sin caer en obscenidad de revelarlo. Que el observador vea y sea consecuente con lo que se le ofrece.

Nunca Ingres quiso caer en la pintura del retrato. Bendita la hora en que las circunstancias más diversas le condujeron a ello. He dado mi opinión absolutamente subjetiva sobre lo que contemplé en los retratos femeninos, pero en los que realizó a de la alta sociedad, no le van a l zaga. Napoleón, Aquiles, Patroclo y otros muchos viven con su propia esencia en los lienzos de Ingres. Pero si a elegir me obligan, ninguno como el que realizó a Monsieur Louis Francois Bertin. Este caballero, tan bien retratado por Jean-August, es el que enseñó el camino a recorrer a Charles Foster Kane, aquel niño criado en los arrabales de un pueblucho de Colorado, inmortalizado por Orson Welles en el film Ciudadano Kane. De este cuadro de Ingres pintado a Bertin, me niego a emitir ningún criterio. Hay que verlo y deleitarse haciéndolo. Su porte. El reflejo de su indomable personalidad….Me niego a seguir. Por favor, si podeis ver la Exposición.