
Reconozco que algo de razón deben tener. Cuando visito un geriátrico, lo hago con alguna frecuencia, me encuentro con toda clase de personas mayores. Toda clase, quiero decir, los que se defienden por sí solos muy bien. Los que lo hacen con algunas dificultades. Aquellos que se encuentran muy dependientes de los demás para la mayor parte de sus necesidades. En fin, de todo hay en la Viña del Señor. Eso sí, a todos los que pregunto cómo se hallan, aparte de dar el parte médico correspondiente, a los mayores nos encanta hacer partícipes a los demás de nuestras dolencias, ya sean pasadas, presentes o futuras, todos, digo expresan su agradecimiento al trato que reciben en la que es su actual residencia. No encontraría una respuesta sincera, por qué lo hago. Al preguntarles a muchos de ellos y yo decirles la mía, se produce una reacción de doble efecto. La mayoría son más jóvenes que yo. Se lo hago saberlo, nos sorprendemos ambos. Al menos eso noto en sus expresiones. Todos me hacen la misma pregunta: ¿»Qué haces para mantenerte así»? Solo tengo una respuesta: «Enamorarme de la vida, cada segundo de mi existencia y ser coherente con ese enamoramiento». A ellos les doy una explicación bastante amplia. A ti, admirado, entrañable, querido y sufrido seguidor, hombre o mujer no hace falta que te lo explique. Tú formas parte de ese enamoramiento. Necesitaría otros ochenta y siete (87) años para poder agradecéroslo como merecéis. Os llevo en todo momento en mi corazón.