LA SANTA COMPAÑA IV

Perdona Ilusión, ¿Cómo es posible que estando tan cerca de la Luz, como tú dices y disfrutando de todos los beneficios  que esa situación aporta, pueden haber miembros de esa Luz que renieguen de ello?

-Buena pregunta. Sin embargo tú tienes la respuesta en tu vida humana. Porque tú también eres parte de esa Luz, a la que llamas Dios. Dios, la Luz lo es todo. Sin embargo tu condición humana muchas veces se sobrepone a tu parte espiritual, siendo ésta infinitamente superior a la otra. En el lenguaje humano, y en la realidad misma, te das cuenta que lo cercano siempre domina a lo que se halla en la distancia. Cuando damos el paso y vamos hacia la Luz, hay un periodo de transición y de perfeccionamiento para merecerla. Es en ese momento de casi plenitud, hay quien llega a pensar que la luminosidad de la Luz ya no  es necesaria. Creemos que la nuestra nos basta. Ese instante de soberbia nos manda al lado opuesto. Al destierro. A la carencia.

¿Para siempre? Interrogué asustado.wp-1454233020834.jpeg

-Mientras lo humano condiciona el espíritu, no se puede establecer comparación ni de periodos de tiempo ni de distancias. Ya lo decimos. Aquí todo es presente. Vamos hacia el infinito.

Ilusión, si yo te preguntara por mis seres queridos que ya dieron el paso. Mis abuelos, mis padres, mis hermanos, mi Esposa. Tú ¿Me podías dar una respuesta positiva?

-Ya te la doy cuando te digo que somos como gotas de agua, que, siendo diferentes, formamos un solo todo. Sé que no lo entiendes, es porque aún no ha llegado tu momento.

Tienes razón. Me sonrío. Ilusión me mira y también se sonríe. Sabe porqué lo hago. No obstante, yo le exteriorizo.

Cuando mi Esposa vivía y hablábamos de donde tú estás y los que dicen saber de ello, nos comentaban, que una vez dado el paso, las parejas de  enamorados dejaban de existir como tales. Ella se enfadaba. Decía que La Luz no podía permitir eso,  que  era una injusticia. Mi interlocutora se sonrió más abiertamente.

Desde que Ilusión se paró a mi lado, no volví a sentir la mínima sensación del frío. Sin embargo hasta ese momento mi cuerpo estaba como un trozo de hielo a pesar de ir muy abrigado. Mi compañera hizo un gesto para mí desconocido. Sentí una sensación nunca experimentada. Un aura de infinita sutileza recorrió todo mi cuerpo y me vi surcando los espacios mientras escuchaba lo que Ilusión me decía

-Para que entiendas algo más, por ti mismo, de lo que  te explico, vamos a seguir a ese grupo de La Santa Compaña que acabas de ver. Te depositaré en el lugar donde deliberan. A mí no me es dado estar. Te quedarás solo. No temas. Aunque no me veas, yo estoy. Me producía inquietud todo en ella. De manera muy especial cuando hablaba de sí, siempre en presente y, sin embargo, cuando se refería a mi persona, me situaba en el momento que procedía. Yo no tenía capacidad para separar lo de aquí y lo de allá.

De pronto me sentí depositado en el suelo. A poca distancia de donde me dejó Ilusión, un numeroso grupo de esqueletos y calaveras cubiertos de harapos desgarrados, tal cual salían de la pequeña Mámoa, discutían entre gritos guturales; algo, para mí, indescifrable. Sus huesos, al moverse, sonaban con ruidos herrumbrosos Volvía a tener frío. Lo que estaba presenciando me oprimía el pecho. Las piernas me temblaban. No obstante sentir mis carnes heladas, un sudor de muerte corría por todo mi cuerpo. Aquel grupo de seres de ultratumba, seguían planificando alguna cosa que les hacía emitir guturales risotadas que aceleraban aún más mi desbocado corazón. Sin embargo yo quería oir lo que decían. La insaciable morbosidad humana me podía. A pesar de la cercanía a que me hallaba, no entendía nada de lo que allí se trataba. De nuevo ese estado de gracia que sentía cuando Ilusión me aproximaba a ella,invadió todo mi cuerpo. Dejamos de tocar el suelo. Yo me dejaba ir.

-Ven. Te explicaré lo que ellas tratan. No te va gustar. Planifican la muerte de alguien. Por eso viste y escuchaste esas risas.

 

 

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