SANTA COMPAÑA V

-Te encuentras con ánimo para seguir escuchando y contemplar todo lo que están planeando? Te advierto que desde lo humano, es muy duro lo que esos seres perversos proyectan. Yo no puedo estar. A los que gozamos de la Luz, desde la proximidad que yo lo hago, no nos es dado compartir ciertas situaciones que realizan, tanto los humanos como las almas  que con su soberbia provocan la ira de La Luz. Por lo tanto tu decides Si me dices que quieres contemplar lo que están planeando y a continuación van a realizar, yo te llevo al lugar de los hechos, te envuelvo en mi hálito y presencias todo, sin ser visto. Tienes que estar convencido que tu actitud se va ajustar a lo que yo te diga. Tu decides.wp-1454233020834.jpeg

Estas últimas palabras, Ilusión las pronunció sonriendo. Seguro que estaba pensando por lo que yo iba a pasar si aceptaba de verdad la oferta que me hacía. Dentro de mí había varias fuerzas discutiendo qué decisión tomar. Seguro que Ilusión me iba a poner unas condiciones duras de cumplir, pero ello, en vez de retraerme, me empujaba a ver con mis propios ojos lo que aquel grupo rebelde y denostado por la misma Luz, estaban tramando hacer con la persona humana que estaba a punto de dar el paso. Le dije que sí, que deseaba oir y presenciar lo que estaba por acontecer.

-Bien. Hágase. Vamos. Primero  Como te dije, te envolveré con mi hálito y te convertirás en invisible. Ellos no sabrán que estás viéndolo todo. No puedes pronunciar palabra alguna. No puedes hacer ningún signo contrario a lo que ellos promulgan y hacen. No te puedes retirar hasta que consumen lo que van a realizar. Yo en ningún momento puedo acercarme a rescatarte. Vas a tener momentos de debilidad que pueden llevarte al borde de tu propia destrucción. Mi hálito te defiende de todo lo paranormal, pero una gran parte humana tuya, está ahí contigo. Esa parte puede derrumbarse. Vamos. Arrímate que te transforme. Así. Ya no te verán. Te acercaré a ellos para que escuches. Cuando  se muevan tu les seguirás. Sin que lo sepan, formarás parte pasiva en todo lo que hagan, repito, únicamente como oyente y vidente.

Dicho eso, desapareció de mi vista. Tenía aquel bosque de huesos y harapos frente a mí. Mi estado en nada se parecía al que tenía momentos antes al lado de Ilusión. Hablaban todos. aquello era un garigay  insoportable. De pronto uno se adelantó y esgrimió algo indefinible que portaba en la mano izquierda.

-¡Silencio! ¡Silencio! Repitió con voz desgarrada. Es la hora. Tenemos que ir. La Reina Muerte nos reclama.

Una fuerte corriente de aire nos barrió e inmediatamente nos encontramos en un lugar muy oscuro donde solamente los fluorescentes destellos de mis compañeros de viaje despedían ráfagas amarillentas, mensajeras de muerte. En cuanto nos paramos, un nuevo personaje se unió al grupo. Se diferenciaba de los demás en que su vestimenta era absolutamente negra. Era la Muerte misma. Enfrentándose al que había dado la orden de moverse, le dijo:

-Hay que dividirse. Hay dos personas que van dar el paso. Tiene que ir un grupo a cada casa. Uno de ellos es un hombre. En la otra casa es una mujer. Todos sabemos qué clase de vida llevó cada uno de ellos. Yo os los entrego en unos instantes. Vosotros hacer lo que se os han encomendado para conseguir llevarlos. Tu, escoge al grupo más fuerte para  el hombre, que es al que te costará más conseguir y el otro grupo a la mujer, donde lo puedes tener más fácil.

Inmediatamente la misma ráfaga huracanada nos arrastró antes, ahora nos llevó  a otro lugar. Yo, sin que pudiera elegir, me fui con el grupo donde iba la Muerte y el Jefe de aquellos seres esqueléticos. En breve nos paramos. Nadie se movía. En las manos de cada uno de ellos comenzó a brillar una luz mortecina que iluminó la tétrica figura de la Muerte quien avanzó con paso lento hacia una casa que se hallaba al frente. Los demás la seguimos a una distancia prudencial. Entramos en la casa. Una cocina donde ardían unos leños, calentaba el local el espacio donde dormitaban silenciosas  varias personas. La muerte siguió avanzando, nosotros la seguimos. En un cuarto muy reducido había dos personas sentadas y otra tendida en una cama. La Muerte lo mismo que hizo en la cocina, con las gentes que dormitaban, las ignoró y se acercó al que yacía en la cama. Lo miró. Inmediatamente le dio un beso en la frente y le dijo al que comandaba a todos mis compañeros. Ya es vuestro.

El yacente emitió un gruñido sordo, opaco, ahogado. Las dos personas que estaban sentadas se levantaron y comenzaron a gritar. En tropel se presentaron los que dormitaban en la cocina. Todos gritaban y lloraban. Los unos no oían a los otros. A mí me había sido dado el derecho de ver y escuchar a ambas partes. Aquello era horrible. Me volvía loco. La negra Muerte apremió a a las huesudas figuras:

-Daos prisa porque…

No bien había pronunciado la última palabra, aparecieron varios componentes de La Santa Compaña que yo viera salir de la Mámoa Grande y se interpusieron entre ellos y el difunto. Uno, que parecía ejercer de jefe, les gritó que ni lo tocaran que les pertenecía y no le iban a dejar que se lo llevaran. Se libró una batalla entre ambos grupos donde a la brusquedad de los cadavéricos respondían los recién llegados con argumentos que silenciaban su desaforado griterío. Nada de lo que allí sucedía trascendía a las personas que había en la habitación y en la cocina. Sin embargo el crujir de huesos y la violencia de ademanes para llevarse al muerto eran horriblemente violentos, pero siempre fuera del ámbito humano. Antes de retirarnos de allí, escuché al jefe de los vencedores decir que aquella persona que yacía en aquel lecho había contribuido con su actitud a que la vida en su en torno tuviera una mejor calidad para él y para todos los que consigo compartieron los años que estuvo vivo. La Luz lo había marcado con el signo de los elegidos y no podía permitir que las fuerzas del Averno lo llevaran con ellas. Cuando salimos de la casa, al momento nos encontramos con el otro grupo y por los comentarios que les escuché, les sucedió algo muy parecido a lo que yo había presenciado. Cuento esto con mucha naturalidad, pero nadie se puede imaginar cuánta razón tenía Ilusión cuando me dijo que lo que  contemplaría iba a ser muy impactante. Estoy convencido que ella al convertirme en lo que me convirtió, reforzó muy mucho todos los signos que sabía estarían en peligro, para que yo aguantara lo que fui capaz de soportar.

Iba la noche muy avanzada y La Santa Compaña que de Santa solo tiene el nombre y La Santa Compaña que espera la redención de sus pequeñas culpas para disfrutar de la plenitud de La Luz, tenían que retirarse a su lugares diurnos.

Algo similar a un placer rayano en lo infinito invadió todo mi ser y de nuevo tuve una  sensación maravillosa al tiempo que escuchaba una voz susurrante que acariciaba mi oido al tiempo que me decía:

-Has sido testigo de unos hechos que muy pocos mortales pueden contemplar. Que ello te sirva de motivación para hacerte acreedor a ser rescatado como lo fueron lo que has contemplado. Ellos lo merecieron.

Gracias Ilusión. Una última pregunta, mejor dicho, dos. Las almas con las que me mandaste, ¿Nunca serán redimidas? Y la Muerte, ¿porqué solo avisa a ellos y no a vosotros?

-A la primera solo te puedo decir que depende de su actitud para con La Luz. La Luz siempre está dispuesta al perdón. Solo hay que solicitarlo y merecerlo. La muerte, contestando a tu segunda pregunta, cumple con su deber. No va a nadie hasta que tiene que hacerlo. No tiene normas, solo escoge el momento que a cada uno le toca.

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2 comentarios en “SANTA COMPAÑA V”

    1. Es muy frecuente oir, ver y leer a las personas que reciben un reconocimiento de la índole que fuere, que no le interesa demasiado el galardón. Admirado ciudadelapoética, relatosdelcaminante, te agradece muy mucho tu consideración. Gracias. te sigo

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