LA LLAMA

El día se despertó con cara de pocos amigos. Su ceño fruncido y sus arrugas en los párpados, no presagiaban nada bueno. Comprobé el estado del trabajo realizado ayer y me sentí cómodo y tranquilo por si venían mal dadas. No tardaron en hacerse buenas mis previsiones. Un viento huracanado de más de cien kilómetros a la hora, comenzó a castigar todo lo que hallaba a su paso.  Persiguiendo al furibundo vendaval, como si quisiera apaciguarlo, una torrencial y gélida lluvia comenzó a caer encerrando en sus habitáculos a todo bicho viviente. Con los deberes hechos me senté junto al hogar, contemplando el juego de las llamas. Toda igual y siempre distinta, se dice del agua que discurre por el cauce a la procura de la mar. Intento por todos los medios establecer una comparación entre la llama que sale del tronco ardiendo en el lar. Infinidad de figuras dibujan en su ascensión. Ninguna se parece a la otra. solo las identifica el calor que desprenden. Sin embargo siendo tan diferentes tienen el mismo origen, recorren idénticos espacios y finalizan de la misma manera. Me paso las horas contemplándolas y continuamente me ofrecen la diversidad más increible. Me pregunto si en esa llama que calienta mi casa no está representada mi propia existencia. Fruto de algo que es. Me muevo en la vida en agitada convivencia, subo, unas veces en derechura, sorteando obstáculos otras, casi desapareciendo en ocasiones y levantándome de nuevo. Contemplo cómo la llama pierde altura, según el madero se  consume. Siento cómo me dice que necesita compañía. Se la ofrezco y de nuevo se revitaliza. Qué destructora es la soledad. Y qué fácil es vencida con  la compañía deseada. Un sopor restaurador invade mi cuerpo. El libro se ciñe a mi pecho.  Los ojos se me cierran. La llama sigue calentando mi cuerpo y mi hogar.20160206_210527.jpg

En tal estado solo el poeta entra en mis espacios

Ni voy de la gloria en pos

Ni torpe ambición me afana

Y al nacer cada mañana

Tan solo le pido a Dios:

Casa limpia para albergar,

Pan tierno para comer,

Un Cristo para rezar,

Y un libro para leer.

Que el que se esfuerza y se agita

Nada encuentra que le llene

Y el que menos necesita

Tiene más que el que más tiene

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