DE CUANTOS ME NECESITAS MI AMOR

 

DE CUANTOS ME NECESITAS MI AMOR?

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Juanito es un experto en botánica y conoce los árboles, arbustos y flores de la Amazonía, mejor que la palma de su mano. Nos encontramos con el árbol de la vida. Que porqué se le llama así, sencillamente porque el principio de la rama, o sea, la parte adherida al tronco, al desprenderse del mismo, tiene la forma del bálano de un pene. En las proximidades del agua, ya fuera del río o de las innumerables lagunas que se forman, por la acumulación de materia orgánica en los bordes superiores de las abundantes depresiones del terreno, vive el árbol caminante. Nace al borde del agua, y según ésta se va distanciando de él, por las tierras, hojas y todo tipo de materia orgánica que se depositan en su entorno, él, el árbol, va criando troncos nuevos que salen al borde del agua. Cuanto más se distancia el agua, mas troncos se van enraizando. Algunos de estos árboles llegan a tener varios metros de perímetro en su base, siempre en forma de espátula.P1030396
Juanito no es un guía al uso. Dentro de unas normas indispensables de comportamiento, dentro de la jungla, deja que la gente que él acompaña, tome sus propias decisiones. Eso sí, a la caida de la tarde siempre aparecemos en un lugar donde podemos pernoctar con un mínimo de seguridad. Algo que sí tiene muy en cuenta y que nosotros le agradecemos, es el hacernos pasar por Comunidades de aborígenes donde, además de conocer sociedades muy interesantes, tanto por su sentido de la hospitalidad, como por la forma de vida que desarrollan en un contexto natural envidiable. En todas estas Comunidades, guías y vecinos de las mismas, lo tienen bien organizado. A nuestra llegada, preparan una especie de mercadillo y nos muestran los múltiples y coloristas trabajos artesanales que realizan. Collares, pulseras, pendientes, platos y tazas de café, de madera, tallados a mano. Tienen preferencia por el árbol de la sangre, llamado así por su color rojo, arcos, flechas, figuras humanas y de animales e infinidad de utensilios de todas formas y usos. En una de esas Comunidades, la de San Martín, en la casa donde se reunen los vecinos, por diferentes razones, nos hicieron la consabida exposición de todos esos trabajos y al lado de cada muestrario estaba la persona o personas que los realizaron. Eran unos veinte expositores. Nuestra idea, durante todo el recorrido, consistía en apoyar las iniciativas de estas gentes laboriosas. La manera más práctica de colaborar para su desarrollo, sin alardes ni aspavientos, era esa, fomentar su dedicación a lo que sabían hacer, comprándoselo. Como es natural, teníamos que mercar a todos los que exponían. . Para facilitar mi labor y entenderme mejor con ellos, recurrí a la ayuda de una de las mujeres de la Comunidad. Una bellísima muchachita, de ojos vivarachos, color cetrino, menudita, no muy alta, ataviada con un vestido de tirantes y que no tapaba mas allá de medio muslo. Le pregunté su nombre. Con una voz filtrada con sabor a miel contestó a mi pregunta. Y a continuación, siguió contándome toda su vida y milagros. Siempre con una sugerente y picaresca sonrisa capaz de cautivar al mas estoico ser humano.
-Me llamo Mirian y aquel niño es mi hijo. Estuve casada pero mi marido no era bueno y lo boté de casa. Aquel más pequeñito también es mío. No, no me volví a casar, me eché un novio pero era maluco y también lo boté al carajo.
Cuando me dio la oportunidad le pregunté: ¿ Cuántos años tienes Mirian ? La respuesta no se hizo esperar y con una sonrisa capaz de derretir el mármol me espetó
-¿ De cuántos me necesitas mi amor?
No había dobleces en su respuesta, sí un compendio de adaptación a las exigencias y necesidades del indiscreto interlocutor. Así lo entendí yo. Si buscaba una madre allí estaba ella para mimarme. Si buscaba una compañera de amor, no había duda de sus cualidades. Si buscaba una niña, su metamorfosis estaba pronta a experimentarse. Si….. Lo que fuere, lo que necesitare, allí lo tenía frente a mí, personificado en una indita de la etnia Cauca. Genuina, sencilla, bella, sin dobleces y muy convencida del papel que le tocó desempeñar en el teatro de la vida. Y a fe que lo desempeña con desparpajo y autenticidad.
Revisamos todo lo expuesto. Fuimos comprando a cada uno de los artistas. Mirian tomaba nota de lo que íbamos metiendo en una cesta, para que nadie se quedara sin cobrar.
A todos les hacía yo la misma pregunta
¿ Cuánto cuesta esto ?
-Diez mil pesos, señor (Una pieza cualquiera.)
¿ Y si la compro ?
– Si usted me la compra, ocho mil. Mi pregunta era siempre la misma y la respuesta idéntica
Después de despedirnos de aquellas encantadoras gentes, Juanito aún nos hizo caminar dos horas más hasta llegar al Campamento de Marasha, en plena Amazonía Peruana. .

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