EL CAMINANTE SE INDIGNA

EL CAMINANTE SE INDIGNA

Querido Alejandro: Estoy harto de ver cada día en las pantallas de Televisión relatos macabros de todos los calibres, pero tal vez la abundancia de lo mismo nos hace un poco insensibles a tanta barbarie descontrolada. Hoy, en los “ buenos días ” que los hijos bien nacidos dan a sus padres, para desearnos una jornada tranquila o contarnos la última gracia de los nietos más pequeños, había un apartado para la crónica negra, para ese acontecer infinitamente lejano y tan próximo que, sin darnos cuenta, se nos cuela por la ventana de la cocina, del baño o del salón.

Desde este rincón tranquilo y bucólico de mis queridos Os Cotiños, quiero decirte , amigo de mi nieto y por lo tanto, amigo mío, que nuestros corazones de gente que intentan andar por derecho, sufren contigo y los tuyos y enarbolamos nuestro estandarte de repulsa contra los que te hicieron eso y contra los que, como ellos, andan por la vida negando el derecho más elemental que debe regir el destino de toda persona, la libertad. Nos cuentan que unos ….. prefiero omitir el calificativo, te dieron una paliza que solamente fue interrumpida gracias a una buena señora que comenzó a pedir auxilio. Una paliza propinada por cinco…. alguno de ellos ya había cumplido los veinte años, a ti que ayer, justamente ayer, cumplías tus ilusionantes trece.

No es mucha la relación que hemos tenido, somos de mundos diferentes pero nos une un cordón umbilical común, la amistad, por tu parte, como decía, con mi nieto y el casi infinito amor que yo siento por él. En las nebulosas del acontecer formamos un triunvirato de afectos y de respeto que hoy ha sufrido un amargo golpe, un amargo golpe que sin embargo nos unirá más en nuestros sentimientos y en una ya, por mi parte, ancestral manera de entender la vida en una de sus más valiosas facetas: LA LIBERTAD.

Querido Alejandro, se me desgarran las carnes viéndote correr despavorido mientras cinco energúmenos te perseguían, como jauría hambrienta para saciar su sed, ¿ de qué? Me pregunto yo. Y veo tu rostro desencajado, incrédulo, por lo que estaba sucediendo. Seguro que en algún momento esperabas despertar, con el beso de tu madre, de una mala pesadilla que te estaba jugando tu inconsciente. Y en vez de ese beso libertador lo que llegó fue la horrenda patada de un mal nacido, de un sin derecho a nada que, amparado en la cobarde compañía de otros de la misma calaña se divertían golpeando tu espigado cuerpo de niño, hasta dejarte inconsciente y todo ello solo por el placer de hacerlo, solo por el placer de sentirse más importantes, ellos y ellas, que de ambos sexos había entre los desalmados, golpeándote a ti que lo único que te preocupaba era jugar con tu “ Gambo “.

Me dicen que en el hospital te estás reponiendo. Que tu cara es algo irreconocible, que no recuerdas nada de lo sucedido. Inteligente actitud de tu memoria, intentando desterrar de sí misma tan nefasto acontecimiento. Desde el entorno de mi nieto, se te desea todo lo mejor para ti y para los tuyos. Que no vuelvas a cruzarte en tu vida con seres que deberían estar en …..otros sitios o marcados por otras coordenadas. Pero ni el dolor ni el ansia de justicia nos impide hacer una objetiva reflexión. No soy partidario de burbujas proteccionistas y creo que el destino es así y así hay que aceptarlo, pero, ¿Porqué un colegio se cierra  varias horas antes de lo previsto, sin que se articulen unos mecanismos que deben estar sobradamente reglamentados, para evitar, en lo posible, aconteceres como el que nos ocupa?

Si un director, o el órgano competente decide tomar una decisión que se sale del día a día, debe haber unas directrices para cubrir el vacío que se produce, para que ese alumnado no quede en la calle sometido a toda clase de avatares, tanto humanos como climatológicos, o de cualquier otra índole. Precisamente en un momento que nos quedamos roncos de gritar que la calle hay que controlarla, que nuestros niños deben dosificar las horas que se pasan deambulando de un lado para otro sin control. Absurdo contrasentido, que sean los mismos cuidadores del orden, los primeros en transgredirlo. Suerte querido Alejandro, suerte para ti y para todos los que, como tu, pasean su inocente y vital juventud por el mundo que os tocó vivir.

Un abrazo muy fuerte.

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