MADROÑERA, UN PUEBLO CON BELLAS TRADICIONES

wp-1477329493339.jpegMadroñera es un pueblo extremeño, colindante con Tujillo y con raigambre de tradición. No hubiera yo conocido Madroñera, si mi bella y encantadora Nuera, o sease, la esposa de mi hijo, no hubiera nacido allí. Por fortuna para mí, hace unos días asistí a una boda de dos jóvenes de Madroñera y aunque ya conocía muy someramente la localidad, este motivo, me dio la oportunidad de conocerla mejor. En su aspecto urbanístico, no tiene demasiado atractivo. Tampoco su faceta arquitectónica llama especialmente la atención. Donde encierra Madroñera su enjundia como pueblo atractivo, es en sus gentes y sus tradiciones. Mantienen vivas las bellas costumbres que sus antepasados tuvieron a bien crear y lo hacen con estilo y gracia extremeña. La víspera de la boda, el novio se hace acompañar de un grupo de músicos y danzarines, quienes acompañados de familiares y amigos van cantando y bailando hasta la casa de la novia que espera a su amado y séquito, con las mesas repletas de sabrosos manjares que hacen las delicias de todos ellos. Con un bello ramo de flores comienza el requerimiento que el varón hace a la dama, recordándole que al día siguiente la convertirá, si ella así lo acepta, en su esposa. El Padrino de la ceremonia esponsorial, también entrega a la madrina otro ramo, haciéndola copartícipe de tan solemne acto. La noche se ilumina con toda clase de aconteceres y la amanecida se hace joven para todos, menos para la afortunada pareja, quienes sabedores de lo que les espera al día siguiente, se retiran a sus habitaciones para el natural descanso.

Tiene Madroñera una juventud muy pujante. Jóvenes varones de buen porte y varonil estampa. Pero donde radica su especial encanto, es en las damas. Visten éstas, con sencilla prestancia en el cotidano  vivir, pero sus encantos naturales alcanzan cotas impensables cuando a su innegable belleza, añaden el donaire del  garbo extremeño con sus propios aderezos. Garbo y salero derrochan por doquier cuando sus pies repiquetean por las empedradas calles de Madroñera.

Conservan las gentes de este pueblo de la dura extrema muchas tradiciones que rinden pleitesía a sus mayores recordando el bello legado que ellos,  un día crearon para que perduraran en el discurrir de los  tiempos.

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