EL POÉTICO SILENCIO DEL DUERO

20161007_145730.jpgHuyendo de la contaminación y del ruido de Madrid, me hice saeta en el espacio y elegí la quietud y la sobriedad de Soria como diana. Acerté de pleno en el blanco. Mochila y no llena. Necesitaba lo que se me ofrecía y lo acepté de pleno. La margen izquierda del Duero me llamaba y yo, no me hice rogar. Entre olmos, chopos que enmarcan el cauce y las encinas que con sus raices cosen la falda de las empinadas cuestas, me sentí renacer. Inicié mi caminar hacia San Saturio. Ya no tenía prisas. Los humos, los ruidos, las gentes que empujan y no respetan, se habían quedado en la gran ciudad. Aquí, la espesa arboleda, el Duero con su silencioso caminar hacia su destino que, afortunado él, sabe cual es, la mar y mis recuerdos. La Madre Naturaleza me la puso aquí y yo se lo agradezco. Una pequeña roca con forma de  sillón obispal se me ofrece y tomo asiento. Frente a mí, el noble e inspirado Río Duero, desliza con suma delicadeza las páginas llenas de poemas que él escribe y muestra. No hay pausa ni premura, todo está poéticamente calculado. El mirar es placentero y el contenido de los versos, aleccionador. El susurro de la brisa, al acariciar las copas de los árboles, da el contrapunto al silencioso discurrir del agua componiendo sus poemas.

Aquí, bajo este chopo, Antonio Machado escribe un poema a Leonor. Un poco más ariba Azorín contempla el chopo bajo cuya sombra sestea el galgo mientras el Mozo Mulas ara la reseca tierra Castellana levantando guijarros y polvo. Allá en el inicio de aquella isleta, Gerardo Diego rinde admiración a la fortaleza del carácter ribereño forjador de almas sensibles e irreductibles.

Tan pleno me hallo que hasta el ruido de mis pensamientos solivianta las mariposas que revolotean en mi pecho. No debo seguir. Mañana será otro día

 

EL REY DE LOS ÓLOGOS

20161004_175937_hdr.jpgMi destino es el de pedir perdón a todos. Os fallo más que una escopeta de ferias. Por más que intento y lucho por seros fiel, me pasa lo mismo que el alacrán. ¿Sabeis lo acontecido a la Ranita y al Alacrán? Por si alguno se olvidó, os lo recordaré.

Tenía Alacrán que cruzar al otro lado de un gran charco y no había otra posibilidad que hacerlo nadando o que alguien lo llevara. Como él no sabía nadar, recurrió a Ranita para que lo cruzara sobre su lomo. Ranita le dijo que no. Que su veneno era mortal para ella y que no se exponía. Alacrán le insistió una y mil veces que no tuviera miedo. Que si la cruzaba, de ningún modo la picaría. Entre otras razones porque si la picaba y se moría, él se caería al agua y también perecería. Tanto le insistió y tan buena era Ranita que al fin cedió a los ruegos de su vecino que no amigo. Comenzaron la travesía comentando cada uno sus andanzas y divirtiéndose el uno con el otro. Cuando iban por el medio de la charca, se produjo un silencio sospechoso que rompió Alacrán diciendo Ranita, estoy luchando conmigo mismo pero no puedo evitarlo. Tengo que darte un picotazo. Ranita le hizo las pertinentes consideraciones. El le dijo que las comprendía pero que su destino era superior a él mismo y no lo podia evitar. Y así fue. De poco sirvieron las razones que exhibió Ranita. Alacrán le clavó su negro y venenoso aguijón y ambos perecieron en medio de la charca.

No, no tengo aguijón ni veneno pero mi destino es así y cuanto más fiel quiero ser con los demás a veces….Creo que estoy a punto de entrar en el Libro de los Guimnes porque allí me llevan El Oftalmólogo, Estomatólogo, el Cardiólogo, el Traumatólogo, el Urólogo y…. otros cuantos ólogos más que sería prolijo enumerar. A ellos se unió la presentación, muy exitosa, por cierto, no por méritos propios, sino por parte de quienes lo organizaron, de mi libro UNO DE TANTOS, todo ello me llevó a la maravillosa realidad de que mis limitaciones son mucho más grandes que mi yo. Pero aquí estoy, como el Ave Fénix e intentaré, por todos los medios no ahogarme en la charca y haceros saber de mis aventuras y desventuras. Desde  luego vivir en Madrid, esta magnífica, bella, esplendorosa, polifacética y todas las virtudes que se le quieran poner y que tiene por méritos propios, para mí es una prisión. Como decía el gorrioncillo: Aunque la jaula sea de oro no deja de ser prisión. Echo de menos mis  senderos, mis caminos, mis valles y mis montes. Los colores de la naturaleza, la que sufre y la que disfruta. El aroma de los eucaliptos, del brezo, del romero. De tantas y tantas cosas que no veo llegado el momento en que me sumerja entre ellas.wp-1475597419855.jpeg