ADMIRACIÓN

Mi formación musical se limita a las lecciones de solfeo, en los primeros cursos de Bachillerato, allá por los años 40. Con esos conocimientos poco puedo aportar a un juicio más o menos crítico sobre interpretaciones al Piano..

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Por ser dueño de una voz grave, poco frecuente en niños de mi edad, siendo muy joven, era requerido para cantar en grupos polifónicos, tanto en los colegios como en otros ámbitos. Ni el oído ni el sentido de la armonía, eran mi fuerte. Pero el hecho de dar notas en tonos tan bajos, los directores obviaban esas carencias y me utilizaban en aquello que les era útil. Ya de mayor, actué en orfeones, murgas y toda clase de agrupaciones relacionadas con la música polifónica. Hasta ahí llegaba y llego.

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A donde quiero ir a parar es a mi afición por la música sin tener actitudes para ello ni formación que me elevara de nivel. Hoy he tenido la fortuna de escuchar unas interpretaciones de uno de mis nietos, Adrián López Balboa. Cuando escuché el sonido del piano, subí a la sala donde lo tienen ubicado. Lo que estaba tocando me gustaba. En silencio  me senté a escucharle. Cuando vi aquella partitura con los pentagramas llenos de corcheas, semicorcheas, fusas y semifusas, mi admiración hacia quien aquello leía, tomó cuerpo de presencia. Y fue”in crescendo”, cuando contemplé sus manos acariciando o golpeando las teclas del piano. Semejaban un bando de mariposas revoloteando en busca de las flores para libar. A velocidad de vértigo, sus dedos tocaban la tecla adecuada para que el sonido se ajustara a lo que el autor pretende. Permanecí extasiado un nada corto espacio de tiempo. Cuando se tomó un descanso, se me ocurrieron algunas preguntas, propias de un profano:

¿Cuánto hay de técnica y de sentimiento en lo que estaba tocando? La respuesta no se hizo esperar. Puso en su boca lo que dijo el Maestro de Maestros Ludwig van Beethoven

-Tocar una nota mal, es insignificante. Tocar una nota sin pasión, es inexcusable.

Siguió deleitándome hasta un nuevo pequeño receso  Y me atreví con otra pregunta. A esta la respuesta fue más extensa, con una concreción que me sorprendió.

-Es imposible decir quien fue el mejor de todos los tiempos. Lo cierto y contrastado a través de los estudios realizados, es lo que se dice de Johann Sebastian Bach. “Que si él no hubiera existido, la música llevaría tres cientos años de retraso”.

En respectuoso y  admirado silencio, permanecí hasta que mi nieto consideró terminada su hora de ensayo. Con 19 arrolladores abriles, estudia dos carreras superiores y le agrega, en momentos de asueto la de piano, en la que lleva el séptimo y aún le queda tiempo para jugar en un equipo de Futbol Americano. ¡¡¡Qué valioso es el tiempo bien aprovechado!!!

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