SENTENCIA SALOMÓNICA A LOS 5 AÑOS

20170803_010436                Cada uno debe escoger el lugar y momento para defender sus razonamientos.

Como es conocida costumbre, entre los hombres de todos los tiempos y todas las edades, cuando no hay coincidencia de criterios, se entabla una discusión del calibre correspondiente al tema tratado. Uno de los más escabrosos en los últimos tiempos es el de la política. Una niña encantadora de 12 años, me preguntó, ignoro a cuenta de qué, quién me parecía mejor si el Grupo A o el Grupo B. Al darle yo una respuesta ambigua para no entrar en desquisiciones de nada fácil interpretación, mi Hijo, el único Hijo varón que tengo, medió en la conversación introduciendo algunos conceptos que nadie había traido a colación ni eran objeto de la pregunta ni de la respuesta que yo intentaba darle a la encantadora niña que había formulado la pregunta. La disparidad de criterio en uno y en otro sentido, propició una discusión que iba subiendo de tono, conforme uno u otro intentaba vales su manera de pensar. En ningún momento se faltó al respeto, aunque sí se llegó a rozarse, Ni yo ni mi interlocutor tuvimos la categoría humana para darnos cuenta de, los testigos que escuchaban y presenciaban la discusión. Diez y media de la noche. Tres personas mayores que estaban presentes. La niñita de 12 años que, ni por lo más remoto, había pensado lo que su inocente pregunta iba generar y, aquí está lo más grave, una niñita de 6 años y un niño de 5. Este ´último, hijo de mi hijo y por lo tanto nieto mío. Ya quedó constancia del acaloramiento de la discusión, hasta el extremo que yo terminé por levantarme del lugar en el que estaba sentado y dirigirme a mi vivienda que, estos días vacacionales comparten conmigo. Por supuesto los dos mayores permanecíamos en silencio, situación que aprovechó mi nieto de 5 años para decir a su padre, en un tono de ternura incalculable

–Papá, cuando estemos en Colmenarejo — ciudad o pueblo de las proximidades de Madrid donde residen—- mandas tú y aquí, que es la casa del abuelo, manda él. ¿No te parece bien?

En ese momento llegábamos a la puerta de mi casa en Os Cotiños, Padre e Hijo nos abrazamos, soltando alguna que otra lágrima de arrepentimiento, los dos. El Niño que no perdía detalle de la escena nos abrazó las cuatro piernas y los tres hechos un manojo, como debe ser, nos adentramos en la casa dejando fuera todo lo que oliera a vana e inútil discusión que, durante unos minutos intentó, sin conseguirlo, un lazo de amor de valores infinitos que, nadie ni nada debe empañar. Gracias Nieto querido, por tu sentido de la equidad, que, humana, sí, pero vigente, también. Mi Nieto de 5 años nos la sirvió en bandeja de amor filial. Lección aprendida, solo hay que ponerla en práctica.

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2 comentarios en “SENTENCIA SALOMÓNICA A LOS 5 AÑOS”

    1. Cuánto me gustaría, sin preguntártelo, lo que hay de autenticidad objetiva y amor filial, en tus comentarios. De cualquier manera, me animas, que tampoco es moco de pavo. Gracias, Acaba de darme una gran alegría Mari Pili. Mañana viene con los niños hasta el sábado. Raul, está en duda. Un besazo a repartir.

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