Un reducido y bello grupo de jóvenes damas de Liñares. Su jovial aspecto lo reflejan sobre todo al son de gaitas
El Caminante, hambrón de la vida, no podía por menos que hacer los honores al lugar y compartirlo con ellos.
Para hacer justicia a mi manera de ser, observé. Todas bellas y todas bailaban como si de profesionales de la danza se tratara. No era fácil la elección. Juventud, dije
Liliana fue la elegida. Como mandan los cánones, solicité, ceremonioso, su amabilidad para bailar conmigo. En esos instantes, me dí cuenta que, no solo había escogido la más joven, sino que, además, tenía entre mis brazos, al ser más bello que imaginar pudiera, y que unía a sus encantos físicos, un saber ser y estar que transportaba mi humana y poco sutil figura, por los espacios etéreos de lo divino. Su bello sonreir y su grácil figura se conjugaban con una voz aterciopelada y cantarina que sublimizaba los sentidos.
Con gentes así, amantes de su pueblo y sus tradiciones, tiene Liñares asegurado el porvenir. Personas afables que por doquier ofrecían viandas y bebidas sin cesar. Y lo que es más valioso se ofrecían a sí mismos para hacer el momento más agradable a todos los que por allí habíamos llegado. Gracias gentes de Liñares por vuestro saber hacer y estar. Seguid amando la tierra que os vio nacer y enseñar, como lo haceis, a vuestros jóvenes que dén continuidad a tan bello vivir.