MUJERES QUE HICIERON AL CAMINANTE

 

Mi hermana Remedios. Siete años y medio mayor que yo. A punto de cumplir los noventa. Una hija ejemplar, trabajadora incansable. Como hermana, era y sigue siendo un amor en toda su expresión. Madre hasta donde las capacidades más extremas puedan alcanzar y un poco más, lo fue y lo sigue siendo. En la nebulosa de su cerebro, cuando nos mira, con sus ojos perdiéndose en el espacio  infinito de la inconsciencia, en lo más profundo de su psiquis, se enciende una lucecita y esboza una sonrisa plena de amor que ilumina su rostro. Solo balbuceantes sonidos emite su garganta. Ella que enamoró con su inventiva, creando situaciones maravillosas que encandilaban a quien quisiera escucharlas. Cuando quería que se le hiciera alguna cosa y los más pequeños, entre los que me encontraba, nos resistíamos, inmediatamente creaba un relato en que el protagonista hacía aquello que ella deseaba que se realizara, nos faltaba tiempo para dar cumplimiento al deseo de nuestra hermana y de esa forma convertirnos en el personaje que siempre terminaba victorioso y gratificado. Hoy, solo queda su bella sonrisa, su tez, linda como si la de un niño se tratara. Gracias, adorable hermana por las enseñanzas y el amor que me regalaste. Te quiero y te querré siempre.img_20190205_115808967_burst000_cover_top8728037302053335917.jpgGran parte de mi capacidad creativa, si realmente la tengo, la aprendí de tí. Gracias hermana Remedios. Me utilizabas, pero que útiles fueron tus enseñanzas.20160506_0010076859183724572672420.jpgMis hermanos, Remedios, veintiun años y Benito veintitres, en el año 1950, de luto por la reciente defunción de nuestro hermano Manuel con veintiocho años. Ocho hermanos, cada uno que venía superaba al al otro, hasta que llegué yo. Después de mí, dos hermanas más. Ambas bellísimas. La penúltima, lo era tanto que Dios se la llevó consigo recién cumplidos los dos años. Una vez más la sintáxis cumplió con su rigor en mi persona: No hay regla sin excepción. Todos guapos menos uno. Yo fui la tal excepciónimg-20190211-wa00182226320719668916067.jpg¡Qué bello es envejecer al lado del ser amado. La belleza física se va, pero la auténtica belleza, la del alma, la del amor, esa prevalece. Gracias Benito por habernos regalado tus maravillosos veinte y pocos años. Los otros se los regalaste a tu Isaura, al Sobrino de Calomagno y a su amor. Gracias. Si alguien no lo entiende, solo tiene que preguntarlo.

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