EL CAMINANTE: JUSTO RECONOCIMIENTO

 (NOTA ACLARATORIA) Cuando el amable lector llegue a la frase donde el incompetente escribidor pone “…las infecciones…”, en ningún momento quiso decir eso sino “…las inyecciones…”                                                                                    Dicen los que saben de eso, que Dios escribe derecho con líneas torcidas. A lo mejor tienen razón. Y deben tenerla cuando el acerbo popular, durante siglos ha mantenido vigente su decir. En estos momentos que vivimos, nuestra querida España, atraviesa una situación nada halagüeña. Se quedaría en una anécdota para las generaciones venideras, si cada día no se contaran por cientos los cadáveres que ya no caben en los cementerios. Presume el pueblo español, y razones no le faltan para ello, de tener la mejor SANIDAD del mundo. No lo niego y a los hechos me remito. La mejor SANIDAD sí, en lo que a profesionales y modus operandi del cotidiano vivir se refiere. Eso nadie lo niega, al contrario, todos lo ratificamos. En la parcela que más directamente nos atañe, en ella estriba el fundamento de todo lo demás, donde se amasa el pan de cada día, de donde salen los alimentos que luego llenan los estantes de los grandes centros comerciales, y a continuación llenan las despensas domésticas, donde viven las gentes que nadie se acuerda de ellas, existen unos profesionales que consiguen con su bien hacer, que todo eso se haga realidad. En el rural gallego, el más longevo de la humanidad, hay personas sencillas, casi anónimas que consiguen que gentes en el ocaso de su existencia sientan el calor y la humana profesionalidad de sus comportamientos. Me refiero a las personas que combaten el sufrimiento ajeno con su grandiosa humanidad. Beariz, un municipio de la provincia de Orense, el último, antes de entrar en la marinera Pontevedra, será y casi podría asegurarlo, una de las comunidades con edades más avanzadas de nuestra Piel de Toro. Ya sabemos lo que suponen los años sobre las espaldas de las personas. Pues bien, Beariz lleva unos años siendo cuidado, sí, cuidado por el Doctor José Dobarro. Don José, para los vecinos, es un hombre sencillo, afable, breve en su sonreir y desgarbado en su andar. Su hablar destila humanidad, su alborotada y rizada cabellera permite que la brisa se en rede y se divierta en ella y en esa diversión va engarzada su despreocupación por lo superfluo. Excelente profesional, destacado en sus estudios como  epidemiólogo con menciones destacadas, conocedor de los sufrimientos humanos como pocos, pero todo ello nada sería al lado de la gran PERSONA  que es y se muestra con sus pacientes. Su humanidad es tal, que si la naturaleza quisiera regalarle una poquita más, no tendría donde ponerla. Como tanta perfección no es propia de lo humano, algo tenía que llevar de contrapeso: Lo despistado que se muestra en gran parte de su comportamiento. y a él no le duelen prendas reconocerlo. Con seguridad que irá pensando en sus queridas abejas, a las que dedica sus pocos momentos de asueto. Tan insigne doctor no podría tener a su lado otras personas que no fueran: Daniel García, ENFERMERO. Daniel no le va a la zaga a su jefe en lo que a calidad profesional se refiere. Dani, para los que le queremos, que somos todos los que tenemos el placer de tratarle, agradecerle, admirarle e incluso sufrir las caricias de sus pinchazos, las inyecciones que pone Dani, no las sientes, es esa clase de PERSONAS buenas, sí, con mayúsculas, que Dios pone en el mundo, para compensar tanta estupidez, ignorancia, maldad y otro tipo de iniquidades que honran a muchas gentes. Si tiene que explicarte algo, lo hace con tal sabiduría y sencillez que hasta los ignorantes lo entendemos. Si de orientaciones se  trata, tómalas en consideración, porque por su boca habla la sabiduría con el profundo conocimiento que tiene de lo que dice. No podría encontrar mejor compañero de viaje el Doctor José Dobarro para hacer el camino del bien en pro de los demás. Como no hay dos sin tres, a los dos señores ya reseñados se les une, por azar del destino Celso Bernárdez. Siempre lo he dicho y lo mantendré hasta el final. Mi largo caminar por el mundo me ha enseñado muchas cosas y una que aprendí y contrasté en cientos de ocasiones,  la calidad del hotel escogido para hospedarme, me la daba el personal de recepción. Cuando en la presentación del mostrador correspondiente, alguien amable, eficiente, correcto y que mira a los ojos, me atendía, estaba seguro que había acertado con el lugar deseados. Llegar a la visita del doctor Dobarro o del Enfermero Daniel García y ser atendido por Celso Bernárdez, las dolencias, si las hubiere, comienzan a ser menores. Es Celso, hombre de pocas palabras. breve en el sonreir, amable en el trato y PERSONA donde las haya. Ya sea en consulta telefónica o personalizado, siempre tiene la frase correcta para la aseveración o la disculpa, si el caso lo amerita. Tiene Beariz, hoy por hoy el mejor equipo médico que pudiera desear en sus mejores pretensiones. En estos agobiantes momentos que vivimos, como decía al principio, nuestro equipo MÉDICO, el desvivir de nuestro alcalde Manolo Prado, orientando a sus gentes para que guardemos las normas de conducta que el sentido común nos aconseja y la vigilancia, siempre admirable y respetuosa de la GUARDIA CIVIL con su Comandante de puesto al frente para que nadie transgreda lo prescrito por la ley, Beariz es hoy y quiera Dios siga siendo, un paraíso donde la tranquilidad y la paz se enseñorean por doquier. QUE SIGA.

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