EL CAMINANTE: MI TÍA MARÍA A COMERCIANTA

La tía María “A Comercianta” era hermana de mi madre. Estaba casada, cuando yo la recuerdo, con el tío Manuel Fornos, de mote le llamaban el tío Hermoso. Lo de Hermoso, no era ironía, era una cruda y real sátira, porque el pobre, cuando la Madre Naturaleza repartió la belleza, él debía estar escondido detrás del eucalipto de Merelles por cuyo motivo no lo vio y pasó de largo. Sin embargo era buena persona, al menos eso decía la gente, yo apenas tuve trato con él. Pero vayamos al lado de mi tía María, de la cual tengo que hacer un relato muy diversificado. ¿Por qué? sencillamente porque su vida tuvo tantas alternativas vivenciales que es menester estudiar en profundidad. Dio a luz diez hijos (10). Confío no dejarme ninguno en el tintero. En unos tiempos como eran aquellos años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado, levantarse por la mañana con lo poco que había en las casas de las aldeas y tener que preparar comida para doce personas, había que ser muy “comercianta”. Y tengo que decir que a mi tía no se le murió ningún hijo de hambre y todos se criaron con muy buen aspecto y sanos. Lo de “comercianta” tiene una larga historia, baste con el comentario de verla a ella llegar a una feria: Soutelo, Doade, San Pedro o cualquier otra; saludar al dueño o dueña de un puesto de verduras, frutas o cualquier otro producto y en cuanto veía que se arremolinaba algo de público, se ponía al lado de la propietaria del puesto para ayudar atendiendo a la clientela. Se las arreglaba para, sin menos cabo de su honradez, sacar producto de su bien hacer. La más joven de sus hijas, por cierto bastante guapa de jovencita, era algo traviesa y le encantaba andar siempre por encima de los muros. A mi tía, mi persona no le caía mal del todo y veía en mí un posible enlace con su hija. Yo quería mucho a mi prima, pero nada más lejos de mí que pensar en compartir mi vida con ella. Mi tía, siempre me decía lo mismo: “Pepiño tiene algunos instintos de cabra, por eso siempre anda por encima de los muros, pero no es mala, puede ser una buena esposa”. Cuanto más me decía mi tía aquello, más huía yo de mi prima. A ella le sucedía lo mismo conmigo. Por eso nunca llegamos a nada, para fortuna de los dos. Una parcela donde mi tía María demostró más capacidad de mujer fue en su entereza de carácter recio. Posiblemente me equivoque, como máximo en uno al decir que enterró  a tres o cuatro de sus hijos, alguno con poco más de veinte años. Mujeres con la reciedumbre de mi tía A Comercianta, ya no las paren las madres de hoy. Vaya en ella, en su capacidad de sacar adelante una familia, reinventándose cada día para darles de comer, vestir y calzar. Mi humilde homenaje a las mujeres que hicieron en esta tierra el milagro de conseguir vivir cada día, ellas y sus proles.

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