EL CAMINANTE: MI LINDA Y AMOROSA ENFERMERA

Me lo contaba mi padre hace muchos años. A pesar de mi corta edad, eran frecuentes conversaciones de carácter formal entre él y yo. También es cierto que propiciaba esos diálogos el hecho de que viviéramos, por aquel entonces los dos solos, allá por Madrid. Dormíamos en el mismo lecho, una cama antigua, de madera que tenía más de dos metros de ancha. Me narraba muchas cosas de su vida. Cada noche escogía un tema. Recuerdo que una de esas veces que teníamos los ánimos muy agallegados tomó el de lo que sus padres le aconsejaron cuando era mozo y empezaba a festear. Fue mi abuelo José, su padre, quien aprovechó que habían salido a cortar unos árboles O Rego do Couto y por el camino le dijo: “Hijo, estás entrando en la edad de escoger esposa y lo primero que tienes que fijarte entre las rapazas que te gusten, es en estas tres situaciones. Que para cocinar use poco la sartén, que cocine lo que se coseche en la casa. Que sea honrada y limpia, pero, sobre todas las cosas, enterarte de que cuide bien a los viejos de la casa, sean padres, abuelos o cualquier otro lazo familiar.

Que la mujer que elijas, quiera a los mayores es la mayor fortuna que puede tener un hombre al escoger esposa”. En estos momentos de mi vida no estoy en capacidad de elegir, sin embargo, ella, la vida cruzó en mi camino, o mejor, como dice ella, en el cruce de caminos de nuestras vidas nos encontramos y por mor del Destino, estamos viviendo esa situación que mi abuelo tanto le aconsejaba a sus hijo. Rotura del Talón de Aquiles. Pandemia. Dependencia máxima para cualquier actitud, a mi lado Lorena, derrochando sabiduría geriátrica por todos los poros de su piel, delicadeza en el trato del doliente, solícita e ingeniosa para todos los quehaceres de cómo tratar adecuadamente a quien así necesita ser tratado. A todo ello hay que sumarle un respeto mutuo, a todas luces encomiable. Ambos convencidos de que el respeto es la parcela donde se cultivan los frutos que producen el amor. Con todo ello ¿Qué puedo yo argumentar en contra del criterio de mis hijos cuando me dicen: “Papá eres un hombre muy suertudo”?

Preparándome para la ducha

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