EL CAMINANTE: UN MOMENTO CON VICTORIA, SIN BOOM

Esta mañana he compartido unos breves minutos con Victoria. Digo breves y digo bien, porque si su amabilidad es proverbial, su sentido de la responsabilidad en el trabajo, es aún superior. No hacía falta que ella se pronunciara para hacérmelo saber, ni en sus gestos hubo en ningún momento nada que revelara indisposición para brindarme unos instantes que yo deseaba con ansias.

No soy persona que le dedique mucho tiempo a la televisión, si acaso algún programa donde se muestre el tesón y la capacidad de la persona por superarse o algún que otro reportaje sobre la fauna que habita en este planeta Tierra. Alguno de mis hijos me invitó a que viera BOOM. Le hice caso y me quedé enganchado. Fue así porque cuatro personas sencillas, DISPERSOS (así se hacían llamar en los 320 programas en los que intervinieron) pertenecían a diferentes lugares de España, de ahí su denominación, uncían su saber en pro del objetivo que ellos se habían propuesto. Comencé por gozar con su sencillez, con la actitud de normalidad que en todo momento demostraban y, sobre todo, con el agrado hablaba cada uno de ellos de sus ciudades o pueblos de procedencia. Ahí me enganchó la única fémina del grupo, Victoria. Gallega ella, para más datos, oriunda de la bellísima ciudad que besa al Océano Atlántico donde Europa acaba y la mar comienza, A Coruña. Unía, en sus expresiones, un amor especial por la terriña y un singular lazo de afectos a todo lo que significa la familia, en esta bendita tierra nuestra. Hoy Beariz se honra con la presencia de esta mujer estudiosa cuya basta cultura adquiere, bebiendo en muy diversas fuentes. Por el momento que atravesamos de la maldita pandemia, dejo aquí este comentario que, Dios mediante, será más explícito para cuando, precisamente ese Dios en el que creo, nos regale la tranquilidad de la que hoy carecemos. De todas formas, gocemos de la luminosa sonrisa de esta joven coruñesa, que en la fotografía superior se aprecia y en la que va al pie de este escrito, ni la mascarilla es capaz de ocultar, al menos a través de sus ojos.

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