EL CAMINANTE: OTRO AMIGO QUE, FÍSCAMENTE, SE ME HA IDO.

Digo que físicamente, porque las personas como Vicente Santa María Janeiro no mueren nunca. San Agustín, desde lo Divino lo dijo y don Miguel de Unamuno, humanamente, lo ratificó: Solo mueren las personas que pasan al olvido, aquellas que siguen viviendo en nuestros recuerdos y, sobre todo, en nuestros corazones, NO MUEREN NUNCA. Conocí a Vicente bastante más tarde de lo que me hubiera gustado hacerlo, pero el ser extraordinario que habitaba en él, fue capaz de suplir la cantidad, por la calidad. Recuerdo el tiempo que su entrañable esposa pasó por unos momentos difíciles en aspecto sanitario. Nos veíamos casi todos los días. Siempre correcto, caballeroso y hasta cordial, pero durante el tiempo que Carmen estuvo indispuesta, no ví aflorar una sonrisa en el rostro de Vicente. Amante de su familia, incondicional en todos los órdenes a disposición de quien le necesitara, enamorado de su esposa, respetuoso con mayores y niños, mi amigo deja tras de sí una huella inextinguible para ejemplo de todos los que hemos gozado de su amistad. A toda su familia y de manera muy especial a su esposa, mi más sincera felicitación por pertenecer a ese hogar tan admirado y querido. Gracias, Vicente por haberme honrado con tu amistad.

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