DIA CON ALGO DE NOSTALGIA

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Hoy, festividad de la Inmaculada, amaneció un poco brumoso el ambiente. Hacía bastante frío, pero mucho menos de lo que es habitual en estas fechas. Al despertarme no vi en la ventana a mi Pitirrojo, pero sí oía los trinos del Mirlo cantarín en lo alto del Castaño. Cogí mis pequeños prismáticos, abrí la ventana, ya que el Pitirrojo no estaba y localicé en la rama más alta, el negro plumaje del Mirlo. Apenas hice ruido, ni me asomé al exterior, sin embargo, en cuanto dirigí los prismáticos hacia donde él estaba, dejó de cantar y no volvieron a sonar sus trinos hasta que cerré la ventana y me retiré un poco de ella. No le gusta que le miren cuando canta. Si quiero escucharle, tengo que respetar su soledad. Así lo haré. A los pocos instantes, cuando me disponía a vestirme, apareció el diminuto pajarillo del pecho rojo y resto de  plumaje aceitunado. Estaba la escena al completo. Este debía haberse despertado con apetito porque no hacía más que limpiar el pico frotándolo de lado contra las piedras que conforman el cuadro de la ventana. Me senté en la cama observándole a él y escuchando la melodía que interpretaba su congénere en lo alto del viejo castaño. Cuanto más frío hace, mejor interpreta sus melodías. Un día, cuando tengamos más confianza, le preguntaré quién se las compone. A lo mejor es él mismo. Tal vez algún día lo sepamos.

Para que se me entienda mejor, tengo que explicar que mi pequeña y  querida casita, está situada en el extremo de la aldea. No tengo ningún otro vecino a quien molestar ni que me moleste. De ahí que, como ya he dicho, el silencio y la soledad son mis compañeros inseparables y a fe que hacemos un trío muy soportable. De vez en cuando nos visita el viento con sus notas graves y amenazadoras. Frecuentemente le acompaña la pertinaz lluvia y cuando ambos se ponen de acuerdo, suelo tomar dos decisiones, o arrimarme al hogar con buena leña calentando el ambiente o encerrarme en mi alcoba y dormir. Reconozco que he llegado a convertir en Nanas muchas de las borrascas que nos llegan desde el Atlántico. Es muy placentero  hacerlo, al principio cuesta un poco pero a todo se acostumbra uno. Solo no se consigue aquello que no se intenta con tesón e inteligencia. De ésta no tengo mucha pero de lo otro, para regalar en cantidad. Buenas noches sufridos y admirables amigas y amigos que me soportais. ¡¡Cómo os lo agradezco!!

 

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