DESDE MENORCA

EL CAMINANTE SE RATIFICA EN SUS ASEVERACIONES

Siempre he dicho y lo mantengo, que no creo ni en la suerte ni en la casuística. En sus momentos ya argumenté estas creencias. Hoy, 11 de Marzo del 2016, tenía que subirme a un avión, en Santiago de Compostela, a las 11,45, según reza un papel que me dieron en la Agencia de Viajes. Por razones de formación recibida de mis progenitores, me gusta ir a las citas, con tiempo suficiente para evitar cualquier contratiempo. Desde mi domicilio al Aeropuerto, se puede tardar, en situaciones normales una hora y curto. Salí con bastante antelación, como de costumbre y llegué al mostrador de facturación a las 8,45. Presenté mis credenciales y me dice la señorita encargada de revisarlos que el vuelo que figura en mis papeles no existe. Que  ¡debe haber un error. Pero, si no tengo inconveniente, en esos precisos momentos se está cerrando uno, con el mismo destino y que tengo plaza, y puedo utilizarlo. Le digo que sí. Son las 10 horas y ya estamos sobrevolando Valencia, o sea a mitad de camino de nuestro destino.

No es casualidad que yo haya llegado con tanta antelación, sino formación recibida en mis primeros años de vida y seguir aplicándola  todos los años transcurridos. No es casualidad, digo, es la consecuencia de estar en el lugar adecuado, en el momento justo.

Ya estoy en Cala,n Bosch. Un hotel ideal para vivir el Elogio a la Vida Sencilla de mi admirado Poeta Don José María de Pemán.  Tan denostado por descerebrados e ignorantes que no saben escuchar al viento ni leer en las estrellas. Afortunadamente, los que así piensan, tienen el perfil bien definido. Para que nada falte en el regalado día, hasta La Tramontana despierta la tranquila flora Menorquina para que reciba la inminente Primavera, engalanada con sus mejores ropajes.

La blancura del hotel, contrasta con los variopintos ropajes de sus clientes. Llegados de todas las latitudes, van ocupando sus habitaciones, ansiosos de visitar la pequeña pero bellísima Isla Balear. Dos profesionales les dan la bienvenida impartiendo deseos de disfrute y agrado. Ambas las dos, de perfiles tan diferentes que cuesta pensar que sus quehaceres puedan tener algo en común. Sin embargo sus sonrisas y franco mirar invitan al viajero a sentirse cómodo y disfrutar de la estancia.

Amaneció. La Tramontana sigue impertérrito en sus comportamientos. Sopla con fuerza haciendo que las palmeras se dobleguen. Mi criterio sobre el Hotel no mejora, en lo que a estructura se refiere. El  mejor patrimonio, el personal que nos atiende. Las damas que nos recibieron ayer, hoy no están. En su lugar, una joven de ojos verdes reparte sonrisas por doquier, llenando de  ilusionante juventud la sala de recepción. Es la hora de ver la Mar. El Caminante desea sumergir su mirar, ya que no su cuerpo, en las plácidas aguas del Mare Nostrum. No lo  demora más.

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