NO HAY PROBLEMA SIN SOLUCIÓN (II)

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Señora Nemesia, ahora tenemos un problema muy grave, porque yo ni debo ni puedo darle el dinero sin que el Sr. Julián me  firme el recibí. Y claro, el pobre ya está…(la cara que puso José Antonio para pronunciar las siguientes palabras no es para describirla aquí) ya está muerto. –Se paró un momento el cartero y preguntó a la desolada mujer

-.¿Hace mucho que….?

–Hijo mío, un poco antes de la amanecida–respondió la mujer cuando pudo controlar un poco su llanto.

–Bueno, espere un momento–miró el cartero para el cielo y armándose de valor dijo

–¡A vida o muerte Don Ponciano!–Y sin más se adentró hasta la habitación seguido por la anciana recién enviudada. Una vez al lado del cadáver, comprobó que aún estaba algo caliente y como lo conocía de muchos años y siempre le había firmado los papeles con el dedo, tomó el índice del difunto, lo empapó en el tampón que siempre llevaba consigo para tales casos y selló el recibo con la yema del Sr. Julián. Una vez terminada la operación, entregó a la Sra. Nemesia el dinero y se fue a continuar su labor. Cuando llegó a la Estafeta de Correos, le dijo a su jefe

–Don Isidoro, ya puede dar de baja al Julián de la Nemesia, porque ya no va cobrar más.

–¿Porqué dices eso, es que se ha muerto?

–Sí Señor, por eso mismo. Acaba de cobrar el último recibo.

–¿Después de cobrar, se murió?

–No Señor, antes- y le explicó José Antonio a Don Isidoro, todo lo que había hecho. El jefe puso el grito en el cielo diciendo que eso no se podía hacer, que era un delito. El cartero intentó convencer a su jefe de que lo hecho por él no estaba tan mal. Y le dio mil y una razones. Terminó su perorata con una frase que hizo callar a su jefe que tampoco, a pesar de reclamar a su subordinado por el acto realizado, estaba convencido que él haría lo mismo o algo parecido.

–Pero mire usted Don Isidoro, si aún estaba caliente.

Este hecho fue tal y como lo cuento y da fe de ello mi cuñado Ventura Cézar Escribano, colega y amigo del bueno de Don Isidoro y del excelente cartero y mejor persona Don José Antonio. Ambos del ilustre Cuerpo de Correos. Las Leyes tienen dos interpretaciones, la escrita y su espíritu. Las dos tienen validez.

 

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