REGRESO DEL CAMINANTE

Buenos días, buenas tardes, buenas noches. No, no desvarío. Se da la feliz circunstancia que recibo mensajes de seguidores de tan  diferentes latitudes que cuando en una zona es de mañana, en otra es de tarde e incluso de noche, en una tercera. De ahí que salude en los tres horarios habituales. Aclarado.

Por razones de todos conocidas, me ausenté unos días de Os Cotiños. Cuando uno peina las canas, o mejor el pelo todo blanco, las coordenadas dentro de las que vida te situa, tienen ciertas variaciones que te hacen renovarte con demasiada celeridad y las aptitudes con las que tu intentas situarte no actuan con la misma rapidez. De ahí que, pudiendo hacer ciertas cosas que consideras que están al alcance de tus posibilidades, tu propia deshubicación te impide realizarlas.  Cuando uno se encuentra en su lugar habitual, todo lo tienes al alcance de tu mano. Con solo pensarlo ya estás en el lugar apropiado. Si te encuentras en otro entorno, aunque sea infinitamente mejor, pero distinto, nada es concordante con nada.  Ya estoy aquí y desde luego, por enésima vez imploro perdón por mi infidelidad y os doy infinitas gracias por los mensajes tan cariñosos y estimulantes que me mandais. Si supierais lo que se agradece a ciertas edades, determinadas cosas…… No hay lenguaje capaz de expresarlo.

El tiempo, hasta hoy, estaba ajustado a derecho. Frío, lluvia, viento. En definitiva haciendo Marzo lo que tiene que hacer. Porque ya sabeis que si Marzo Mayea, Mayo Marcea.Así que complacía ver cómo la climatología se ajustaba al momento. Eso me impedía ver a mis amigos, si es que aún se acordaban de mí. Hoy amaneció el día nublado pero sin lluvia. Según transcurrían las horas iba mejorando el ambiente y el Astro Rey comenzó a calentar de forma que sobraban los jerseis y las chaquetas. Al medio día, dando comienzo al ágape correspondiente, un lenguado a la plancha y una ensalada normalita, me dio un respingo mi corazón. Durante mi ausencia y en los pocos días que llevo aquí, la lluvia barrió todo vestigio de comida que había dejado para Papo Rubio y Pico Amarillo. Al ver que no llovía, lo primero que hice esta mañana fue llenar los comederos de mis entrañables amigos. Como digo, nada más sentarme a comer, contemplé con enorme placer que tanto el uno como el otro venían a satisfacer su apetito a sus comederos habituales. Y no vinieron solos. Varios pajarillos de diferentes colores y tamaños, les hacían compañía. Ellos y yo dimos cuenta de nuestros correspondientes menús y seguro que mañana, en el mismo lugar, a la misma hora y con la misma ilusión compartiremos nuestras comidas deseando que ello nos conduzca a una continuidad que nos haga la vida tan llevadera y feliz como hasta ahora.

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