UN ALTO EN MI CAMINAR

Hoy me he detenido unos instantes, en mi, un poco, alocado caminar, para recrearme en mi enamoramiento de la vida. Me senté frente a mi otro yo. Abrí sus puertas y dejé que la luz iluminara los recónditos rincones ocultos.  Muy sutilmente hice un recorrido por mis recuerdos, al margen de la rumia cotidiana, tenía sumo interés en adentrarme en algunos de sus pliegues. Me interesaban, sobre todo, aquellos cuya existencia fue algo efímera, pero que dejaron huella. Lo descubro cuando algo impensado se cruza en mi camino y me produce cierta inquietud de la que no sabes dónde tiene su origen. Al desempolvar algunos de los rincones menos visitados, descubres situaciones que llenaron momentos maravillosos, a los que sucede con los nada agradables, por razones totalmente opuestas, intentas olvidar. Craso error. Desde hace algún tiempo estoy rompiendo con ese absurdo tabú y tengo que reconocer que fue una verdadera lástima perder la ocasión de disfrutarlos más. Cierto es que mi rumia tiene abundante ocupación, pero si distribuyes bien los tiempos, momento hay para todo. Ese gratificante repaso por los momentos vividos y un poco arrinconados, cumplen dos funciones aleccionadoras. La una para no caer en el mismo error, o lo que es lo mismo, intentar no tropezar otra vez en la misma piedra, aunque el tropezón no tuvo consecuencias negativas pero, de alguna manera, sí un poco frustrantes. Al rememorarlas, asoma una sonrisa, mezcla de un sin fin de matices, fruto de todo lo sucedido. La otra, porque fueron tan bellas, tan llenas de encantos, tan, algunas de ellas, llenas de una ingenuidad compartida, que al revivirlas, encuentras, si cabe, más justificación al enamoramiento que algunos sentimos por la vida.

Haced el experimento, os lo aconsejo. Estoy convencido que no os arrepentireis. Tiene otra lectura que con mucha frecuencia utilizo en mis mensajes, si veis que en esos vericuetos no hay mucho de qué echar mano ¡¡¡Ojo!!! vivir, vivir para que, transcurrido algún tiempo, las haya y podais gozar de ellas.

He buscado entre mis entresijos algo para documentar mi comentario, pero no lo hallé. La razón es bien sencilla: Cada uno tiene los suyos y son totalmente intransferibles.

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