EL CAMINANTE: JUSTO PÉREZ PARÍS, MI MODELO A IMITAR.

Empezaré, para quienes no sepan quién es Don Justo Pérez París. En alguna ocasión escribí sobre su persona y su encantadora esposa Doña Fina. Justo Pérez París es un señor en quien, hace muchísimos años, al estilo de un ocupa de la peor calaña, entró la ELA (Esclerósis Lateral Amiotrófica). No hubo justicia que dictara sentencia para expulsarla, pero ella, a pesar de su maldad recalcitrante, tampoco pudo con su numantina resistencia. Más de treinta y cinco años de lucha sin cuartel y sigue, con su entrañable esposa como fiel y amorosa aliada. Pero no creáis que Justo permanece en su silla de ruedas en actitud de sumiso enfermo. En absoluto. Fundó una revista de carácter comarcal con muchísima difusión, en color, de más de cincuenta páginas, de gran calidad, tanto en sus contenidos literarios, temas sociales y de cualquier otro contenido. Por supuesto, gratuita. Mi admirado amigo solo mueve un mínimo su cabeza con un giro no más de tres o cuatro grados.Él la enmaqueta, hasta hace un año en papel, ahora su publicación se hace online y lo hace con un pequeñísima célula que tiene en el arco de sus gafas que se apoya en la nariz. Desde que le conozco, hace más de veinte años, es Justo mi icono, mi referente y cuando la cuesta de la vida se empina y mi capacidad de lucha sufre y está a punto de tirar la toalla, le traigo a él a mi mente y me avergüenzo de mi debilidad y al momento, aunque la nariz haga surco en la tierra de la subida, no flaqueo. Pero nunca mi admiración y respeto hacia mi referente de la lucha, había alcanzado las cotas que lo hace en la actualidad ante el pequeño percance que he sufrido: Rotura del Talón de Aquiles de mi pierna derecha. Mi movilidad está bastante limitada, dolores no tengo tantos como para quejarme. Además Dios ha puesto en mi vida una joven emuladora de Fina que me cuida como la niña de sus ojos. A pesar de todo eso, hay momentos que tengo que traer a mi mente a Justo para dar un cambio a mi estado anímico y dar un giro de ciento ochenta grados a mi actitud. A Justo, a Fina, a José Julián y a Moisés, gracias por vuestra modélica actitud ante la vida.

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