EL CAMINANTE: UN GALLO RESPONSABLE.

En verdad que nuestro gallo es un galán tan guapo como responsable y que desempeña a rajatabla sus labores ejerciendo de amo en el corral. Digo bien, como amo. Cuando las cosas ruedan bien, Cupe, así llamado porque cuando mi sobrina Susiña me lo regaló, según me hizo saber ella misma, tuvo algún que otro problema para hacerse con él. En ese duelo, que te cojo, que me escapo, Susiña se quedó con algunas plumas en las manos. Las dichas plumas pertenecían a la popa del animal. De tal guisa perdió ropaje el gallo que, si yo no fuera lo pudoroso que soy, diría que le quedó el culo pelado. Como no me gusta ser indecoroso en mis pronunciamientos, no lo diré, y le pusimos por nombre:” Cu pe”, todo junto, claro. Bien se entiende ¿verdad? Pues bien Cupe está todo el día pendiente de sus tres damas. Cuando encuentra alguna golosina, reclama la presencia de las damas. Ellas acuden y lo comparten todo. Todo cuando hay bastante que repartir. Si es poco, cuando ellas llegan, el galán ya se ha engullido el apetitoso bocado. Algo que me ha producido gran curiosidad es que, si nosotros tomamos en nuestras manos una de las gallinas y ésta protesta, Cupe viene en su auxilio inmediatamente. Sin embargo, cuando el otro día fue el zorro el que hizo acto de presencia y se llevaba entre sus fauces a Nicasia, la más joven del corral, el galán puso patas en polvorosa refugiándose en el rincón más seguro del gallinero. Amo, galán y defensor de los débiles es mi gallo, pero cuando los débiles no tienen peligro. Cuando la defensa entraña dificultades, ni el amo, ni el galán, ni el defensor gastan sus energías el la altruista labor. Si puedo lucirme, aquí estoy. Si por el contrario, las cosas ruedan mal, que cada gallina cuide sus plumas, yo pondré a buen recaudo las mías.

Con todos sus defectos y virtudes, que de todo tiene nuestro gallo, Lorena y yo le queremos mucho. Susiña me lo dio por ser viejo como yo. Así me lo dijo, sin paliativos. Sin embargo Cupe me despierta cada mañana con su grave y sonoro “Cocaraqueo” cantándole a la vida. Yo se lo agradezco porque, como él, hago lo mismo, dándole gracias al Dios en el que creo, que me permita escuchar una mañana más, el cántico gozoso de mi gallo.

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