EL CAMINANTE: EL AYER, EL HOY Y EL MAÑANA.

Que soy creyente, todos mis amigos lo saben. Lo pregono a los cuatro vientos. Algo que también digo con frecuencia, en determinados momentos, es que la falta de Fé nos hace ser víctimas de nuestro propio egoísmo. Me explicaré. La Fe que profesa el Cristianismo, nos dice que cuando dejamos esta tierra deprendiéndonos de este cuerpo mortal, pasamos a gozar de la presencia de Dios. Allí, según nuestra Fe, todo, absolutamente todo, es Felicidad. ¿Quién no es capaz de alegrarse, cuando un familiar nuestro muy querido, un amigo o cualquier persona a la que tengamos un gran afecto, no es capaz de alegrarse si está pasando por un momento que lo hace feliz? Seguro que nadie. Pues cuando una persona se va a lo Eterno, repito, nuestra Fe nos dice que a dónde se ha ido es infinitamente feliz. Sí, INFINITAMENTE, porque su caducidad mortal ya no existe. Yo creo en eso, por ello no debería preocuparme morir.

Hace unos días sufrí un pequeño revés en mi salud. Los médicos, doctores muy significados, me han dicho que tengo que controlar mejor mis actos. Además, necesito que me coloquen en mi muy utilizado corazón, que no viejo, un stent. No es más que un diminuto muelle al que tengo proporcionarle vivienda. O sea un ocupa consentido. Según los galenos, es algo muy normal y que, apenas entraña riesgo. Yo tengo Fe para mover montañas. Eso es lo que yo pensaba y pienso. Y ¿Si es así, por qué estoy más asustado que una viejecita en noche de tenebrosa tormenta? ¿Sabeis una cosa? Consejos vendo que para mi no tengo.

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