NI A LA PUERTA LLAMÓ

Además de verdad. Con el descaro del que se arroga el derecho de considerarse dueño de la situación, el Invierno entró en nuestras casas, sin llamar a la puerta. De andar por la calle en magnas de camisa, e incluso, manga corta, hemos psado en pocas ahoras, a tener que ponernos hasta tapabocas, para evitar que el frío entre en nuestros pulmones y lacere nuestras carnes. Lo decían, pero viendo lo que veíamos y disfrutábamos en la calle, no dábamos crédito a los comentarios de los que dicen saber del tema. Pero ¡Vaya que si saben! Al salir por la mañana y dar los buenos días a la nueva jornada, nos encontramos con la desagradable sorpresa que la ropa que nos habíamos colocado para cubrir nuestras miserias, no solamente no era la adecuada, es que ni se acercaba a la que realmente había que ponerse. De los 15 grados positivos, al despertarnos pasamos a los -2 negativos. Ya se podrán figurar lo que eso significa. El Astro Rey intentaba reinar, pero su intención se quedó en eso, en intención, porque el que realmente ejercía la función de Rey Mandón, era el intenso frío que lo congelaba todo. Y lo peor como digo, es que ni siquiera avisó o llamó a la puerta. Se coló de rondón con plenos poderes de dueño y señor. Más aún. Por la pinta, piensa quedarse con nosotros para unos meses.20160206_210527.jpg Así que leña al………No, no, al mono, no a la Chimenea y ropa al cuerpo para salir a la calle.

VAGANDO ENTRE SOMBRAS

wp-image-189268063jpg.jpegHoy he visitado a mi hermana Remedios. Hace 87 años que mi hermana nació. Vease que no digo que mi bien querida hermana Remedios, cumple 87 años. Le llevé un ramos de rosas blancas, su flor favorita. Lo único que hizo fue pasar su mano por sus pétales. Hace ya algunos que el tiempo para ella, no tiene ningún sentido. Para mi hermana solo existen las sombras. No hay nada que motive su atención. Vaga por la oscuridad de su mente, perdida en la noche sin estrellas ni luna. Ella, que fue la razón de ser en mi niñez. Remedios me enseñó a dar los primeros pasos y me condujo por los senderos que me habían de llevar hasta la iniciación de saber caminar. Ahora me mira, porque sus ojos se topan con algo que le impide ver un poco más allá de donde yo estoy. Le agarro la mano. La acaricio. La beso y el roce de mis labios en su rostro, motiva una mirada perdida, sin control ni razón de ser. Remedios me marcó los caminos de la creación. Cada vez que intentaba conseguir algo de mí, no me mandaba realizarlo. No me lo pedía.  Ni siquiera me lo sugería. Creaba situaciones, hasta  que era yo el que tenía que  pedir hacer lo que ella quería que hiciera. Trabajadora incansable. Nadie la aventajaba en realizar cualquier labor que hubiese que hacer. Dos días antes de dar a luz, segaba el heno con la guadaña y no había mujer ni hombre que la adelantara en sus tareas. Ahora, solo la vista vaga perdida sobre los espacios o posándose sobre los colores vivos de los infinitos peluches que una de sus hijas pone a su alcance, mientras pasa sus manos sobre el fieltro suave de sus cubiertas. Sin embargo, su presencia entre nosotros, es un estímulo. Es una referencia y el solo ver su figura trae a nuestras mentes, a la mía y a las de sus hijos, una razón de ser para imitar lo que ella fue y lo que nos regaló, lo que nos enseñó. La impagable lección que cada día nos enseñó para ser mejor personas. No nos dice nada. No nos reconoce. Pero la presencia de su imagen nos obliga, nos estimula a cumplir todo aquello que nos hizo crecer como personas. Para conseguir objetivos de valores infinitos, no hacen falta elcuentes palabras ni discursos archi elocuentes que te incentiven. La sola presencia de un ejemplo vivo, te lleva a los insondables espacios de la superación.

GENOVEVA CUMPLE 100 AÑOS

wp-image-1374768962jpg.jpegY va de Residencia. En el día de hoy, una de las Residentes de la Fundación San Rosendo en Beariz, cumple 100 años. La alegría era hoy la tónica dominante entre los internos y sus cuidadores. Mejor dicho, cuidadoras. Ya por la mañana, en la cocina se notaba una actividad frenética. No todos los días una Residente cumple la centena de años de vida. Genoveva, la cumpleañera, no está para escalar el Himalaya, pero su aspecto es muy saludable y su presencia entre los compañeros y el personal responsable del buen funcionamiento de la Residencia, había que celebrarlo como se merece.wp-image-316240515jpg.jpeg El fastuoso acontecimiento ya tuvo su repercusión en el menú del medio día, donde el menú estuvo a la altura de la celebración. Hasta la Jefa puso en la palestra de su bien hacer, toda su sabiduría culinaria para que todo reflejara la ilusión que reinaba en el ambiente en hornor a la dama que pasaba la barrera del siglo. Si el Agape del medio día traspasó los límites de lo suculento, qué decir de los variados y apetitosos canapés que se sirvieron para la merienda. Había para todos los gustos colores y sabores. Guardando siempre las debidas medidas de precaución para garantizar la salud de cada uno de los comensales, había para escoger y con generosidad. Como era de esperar, la Tarta estuvo a la altura que merecía el momento que se vivía. La bebida, es la que más se ajustó a los requerimientos más elementales de salubridad de la concurrencia. Como es de esperar, dos bellas y simpáticas damas, únicas familiares de Genoveva, estuvieron presentes en la celebración y hasta la prensa, repreentada por la Redactora del diario La Región y su reportero gráfico, nos honraron con su presencia. Otras publicaciones solicitaron información escrita y gráfica, para hacerse eco del acontecimiento que celebrábamos. wp-image-1775187736jpg.jpegSonó la música y no faltó quien se lanzara a la pista e interpretara con el arte que encierra la experiencia, alguna de las canciones que sonaron en el salón de la Residencia. Fue un d´´ia muy festivo, donde una vez más se rompió el maléfico tópico de la mala prensa que tiene es tipo de establecimiento, donde, al contrario de lo que se publica, reina el orden, el cuido, el respeto, el amor y otras muchas virtudes sin las cuales sería imposible que se consiguiera llegar a la longevidad que se llega durante su estancia en ellos.

ELOY SE FUE

wp-image-983733987jpg.jpegSolo me pedía que le diera la mano. En cuanto me veía entrar en el salón de la Residencia, con su voz grave, enfermizamente muy grave, me llamaba por mi nombre, mientras tendía su mano, no sin hacer un gran esfuerzo, para que yo le diera la mía y así cumplir un rito que para él era una liturgia. Solo deseaba eso, estrechar mi mano y regalarme una sonrisa, como pago agradecido, a lo que él consideraba una deferencia incalculable. Eloy  ingresó en la Residencia San Antonio de la Fundación San Rosendo, aquí en Beariz, hace más de 10 años.  Tenía ciertos problemas de movilidad en una de sus piernas. Era algo uraño, sobre todo  cuando se le obligaba a realizar algunos ejercicios o se le mandaban beber agua. Ambas coss, tan necesarias en edades avanzadas. Desde que ingresó en la Residencia, nunca vi a nadie que le hiciera una visita. Ignoro si tenía familiares o no, pero jamás se preocupó nadie de saber cómo se encontraba. Una vez, parece que alguien le acompañó a una inspeción médica.Sin embargo a Eloy, al igual que sus compañeros de Residencia, nunca le faltó el cariño y el cuidado responsable de las personas que trabajan en el Centro. Qué poco considera, y menos reconoce la sociedad, la abnegada labor que realizan las profesionales que trabajan en las Residencias Geriátricas. Hay que tener auténtica vocación de entrega a los demás para realizar las labores que esas personas realizan. No dudo que haya algunas excepciones, pero no dejan de ser eso, excepciones. Eloy murió. Murió como muchos quisiéramos hacerlo. Se durmió y jamás se despertó. Sin ruidos. Sin agonías. Sin dolores. Entregándose como se entrega el río cuando llega a la mar. Sin darse cuenta. Sin extridencias de ninguna clase. Tendió su mano y la inmensa Mar la tomó. La Mar lo hizo suyo para toda una eternidad. Eloy, es una de esas personas que sí se mueren. Salvo este comentario que hace sobre él, este humilde emborronador de folios, nadie le retendrá en su recuerdo. Yo Eloy, te prometo que cada vez que visite tu Residencia, tenderé mi mano, como cuando tu me la pedías.