GALICA COMPUERTA DE ESPAÑA

Ya lo decíamos hace unos días. Cuando la necesidad de agua apremia, As Rías Baixas abre su compuerta y con más o menos delicadeza e intensidad, entran las lluvias para que el verdor de esta tierra siga incólume. En esta ocasión, como si quisiera apremiar su arribo, un fuerte viento empujaba las nubes para mojar las sedientas tierras. Junto con su idea de que el agua llegara más rápido, el viento cumple otra misión sumamente importante en esta época del año, en la floresta toda. Me explicaré. Es del común sentir que los árboles sufren cuando el viento huracanado los bambolea hasta, en algunas ocasiones, doblarlos un poco. Nada más lejos de la realidad. El viento cumple dos funciones muy importantes, la selección de los fuertes y fortalecer sus rices. Al igual que ocurre en los matrimonios con las discusiones. Una discusión en un matrimonio es muy importante y aleccionadora. Solo tiene que ser respetuosa. Se pueden decir las cosas que te disgustan y las que crees que que se deben corregir. Se incentivan aquellas que solo se inician y no se les da la debida continuidad.Y se dicen unas y otras. Solo hay que cumplir una premisa fundamental e inexcusable: NO OFENDER. Palabra dicha y piedra suelta no tienen vuelta. Si se cumple con ese precepto, de la discusión, el matrimonio que se ama, sale fortalecido y aquel cuyo amor se haya ido, se disuelve. Ambas partes encontrarán quien sustituya al uno y a la otra. Humildemente pienso que, cuando el amor es sincero, respetuoso y profundo aguanta todos los embates.  El viento, decíamos, hace retorcerse a los árboles pero no los arranca, si está plantado en  buena tierra. En ese retorcimiento, las raíces hacen que la tierra se agriete. Por esas grietas entra el oxígeno y el agua que las fortalece y las revitaliza. Si las raíces son débiles y están muy superficiales, el árbol no tiene consistencia y no aguanta los embates a que los somete el normal comportamiento de la Naturaleza.Son loa menos.

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PARA LLEGAR HAY QUE EMPEZAR

Sería muy cómodo y halagüeño, decir que el 2016 comenzó bien. Sobre todo comenzó bien que se hacen propósitos que lo harán bueno. Pero para que esos propósitos lo conviertan en un año bueno, hay que cumplirlos. Por de pronto las lluvias copiosas han comenzado a llenar los pantanos que se hallaban en un estado nada prometedor, después de vivir un Otoño tacaño, incapaz de hacer honor a su normal comportamiento, en cuanto a la pluviometría se refiere. Pero como decíamos hace unos días, en Galicia siempre llueve cuando se necesita.

Mis entrañables amigos, tampoco hoy han acudido a la cita. Me figuro que será por la violencia de los vientos que estos días azotan esta esta parte de la Península Ibérica. Si a Pico Amarillo se le ocurriera ponerse en escenario para interpretar el repertorio habitual, el viento lo mandaría con cajas destempladas al fondo del valle. A Papo Rubio le visto saltar entre las zarzas, pro en cuanto le hablo, se esconde y, no quiere saber nada de mí. Confío que se le pase pronto el enfado y continuemos las buenas relaciones que manteníamos.

Una vez más hago patente mi incapacidad para dominar las nuevas técnicas. El Residente esta sentado y yo de pie. Sin embargo no he sido capaz de pegar la fotografía adecuadamente y a las hora las horas que estoy escribiendo esta página no puedo ni debo molestar a nadie que me saque de mi “charquito” Mil perdones y mil millones de gracias.

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QUEDAN 27 HORAS

Faltan 27 horas para que este complicado 2015 pase a la historia. Como de política no quiero hablar, solo diré que este año que agoniza, políticamente fue un auténtico problema para nuestra España. Así lo dejo.

Amaneció el día con un viento huracanado que, según los datos de estaciones meteorológicas, llegó a los 140 km/h. Cómo sería que mis incondicionales amigos seguro que no se atrevieron a salir de sus refugios de invierno. Ni Pico Amarillo entonó sus cánticos mañaneros ni Papo Rubio vino a comer los granos que ayer le deposité en la ventana. Para mañana dan mejor tiempo y confío que el Mirlo me despierte con sus maravillosos trinos y el Piti Rojo me haya perdonado mi infidelidad y venga a comer los granos que le puse en el poyato de la ventana y me salude picoteando en el cristal. Como hoy ya he dejado mucho para que os entretengais, si os apetece leer lo que subí, mañana os reservo la correlación que existe, según mi humilde entender, entre el viento y el matrimonio. Pero eso será mañana. Hoy, permitirme que os desee una feliz noche y un lindo despertar en el último día del 2015.

UN MOMENTO EN MI VERDAD

Ahora le quedan pocas horas al año 2015, el espíritu está proclive a realizar algún pequeño balance de tiempos pasados. Mi mente se fue al momento que le escribí a mi Esposa algo que hoy quiero reiterarle. Sí, Amor. Después de 10 años de tu partida, no ha decrecido en nada el amor que siento por t. Por el contrario, cada vez te amo más conscientemente y con más intensidad. Tengo que aclararte algo. Ya no son 7 nietos, son 9. Después de marcharte vinieron Jacobo y Manuel. Y se les quiere igual. El amor llega pra todos, porque cuanto más das más tienes. Te amo y te amaré toda la eternidad.

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Muchas veces he cogido la pluma entre mis dedos y he cantado a la vida, en sus múltiples vertientes, pero nunca, como hoy, he sido tan sincero conmigo mismo.

Esta noche gélida, cuando dos mil seis comienza a dar sus primeros pasos, mientras la lluvia repiquetea con monorrítmica insistencia sobre los cristales de mis ventanas, he sentido en mi alma la necesidad imperiosa de decirte amor, todo lo que siento por ti y todo lo que llevo sintiendo desde hace muchos, muchos años, tantos que estoy por pensar que se remonta al principio de los tiempos, donde comienzan mis quereres.

Con qué frescura asoman a la ventana abierta de mis recuerdos, aquel día en que por primera vez, te vi bajar del coche de Eloy, “El Coche de las Cinco”.

Aún eras una niña, sin embargo yo, ya zagal y descarado, te seguí con admiración mal contenida, con malévola insistencia, y es que tú ibas tan luminosa, tan radiante,  con tu falda en forma de campana, apoyada en un “can-can” que hacías revolotear con el garbo que el paso de los años convirtió en sobria elegancia, que era muy difícil quedarse indiferente.

Tocabas tu cabeza con una espléndida pamela, color rosa, que transmitía a tu cara un arrebol juvenil que hacía resaltar, aún más, tu incipiente y exuberante juventud.

Subiste por la calle Don Silvino Real Martínez y con tal donaire movías tu cuerpo, que suspiré, no entendí entonces aquel suspiro,  pero si sé que fue profundo y sincero.

Pasaron algunos años y parece, según tu misma me confesaste,, que, en algún momento nuestras vidas se cruzaron pero yo, sin embargo, necio de mí, no supe nada de ti, hasta que un día, ya mozuela y tremendamente impactante, nos encontramos en la ribera del río Tajo.

Nunca sabré si los motivos que te indujeron a no sentarte en aquella orilla, a la  sombra de un sauce frondoso, luego sabría que era tu árbol favorito, fueron los que tú manifestaste o realmente estaba en el interés de no compartir aquellos momentos con nadie y hacerlos íntimamente nuestros.. Cualesquiera que fueran las razones, siempre me ha gustado pensar que eran estas últimas y por ello te lo agradecí desde lo más profundo de mi ser.

Lo cierto es que aquel atardecer terminamos en el baile de La Tía Laura. Te invité a salir a la pista y no aceptaste. Es muy posible, creo   podría asegurarlo que, en esa negativa, estuviera el germen que prendió en nuestros corazones, convirtiendo un NO juvenil, en una promesa eterna de amor profundo y continuado.

Al día siguiente me desperté como si algo importante me fuera suceder, hasta madrugué. El azul del cielo era más azul, más brillante, el color de la mies en las besanas era más dorado, el arrullo de las palomas sonaba con más ternura, y las flores, siempre bellas, esta mañana lo parecían más. Hice un pequeño ramillete para darte los buenos días con él y ofrecértelo antes de que regresaras a tu pueblo. ¡Qué gracioso! Me faltó valentía para dártelo. Sentí vergüenza, yo, que tenía fama de atrevido, no tuve valor para regalarte un ramo de flores que con tanto cariño había recogido para ti. Terminó en el Camerino de La Virgen de Alarilla.

En compensación nos pasamos horas y más horas hablando. ¿De qué? No tengo ni la más remota idea. Nunca he conseguido recordarlo. Lo que sí guardo en mi memoria es que fueron unos momentos muy bellos. Creo que aquel fue realmente el día en que me enamoré de ti. Y, aunque después hubo un largo paréntesis de silencio, sigo pensando que, ciertamente,  aquel fue el día de la sementera. Eso es. Ocurrió al igual que con los sembradores, que echan la semilla a la tierra, luego élla pasa allí un tiempo y después nace, crece y da fruto. Con certeza que fue así.

Cuando pasado ese tiempo nos volvimos a encontrar, las cosas discurrieron con más naturalidad, pero no menos bellas, por el contrario, todo comenzó a teñirse con tonos de ilusión, sumergida en la desbordante juventud que henchía nuestras vidas, y que aún hoy, menos jóvenes, sigue llenando.

Recuerdo aquella tarde que te fui buscar a tu casa. Eran las fiestas de Tarancón. Mes de Septiembre, año de….. qué más da.

Te estaba esperando en el fondo de la escalera.  Mis ojos fijos mirando hacia arriba para ver cuando asomabas. Y de pronto apareciste allí, en lo alto de aquel rellano que tenía detrás un ventanal por donde entraba la luz a raudales. Tu lo llenabas todo, la luz solo orlaba tu figura. Linda, exuberante, sensual, majestuosa, con auténticos aires de Princesa, aunque en aquel momento mi corazón te nombró su Reina indestronable.

Llevabas un vestido de volantes, con un corpiño muy ceñido que hacía resaltar más tus proporcionados senos.

A pesar de la admiración que me embargaba, lo recuerdo con nítida claridad.

Sus motivo ornamentales eran muy sugerentes y vistosos,  propios de su país de origen,  ya que te lo había traido tu hermana de Guinea Continental.

Piñas, bananas y una gama infinita de frutas y plantas tropicales, maravillosamente conjugados. Pero yo no veía más que tu imponente figura, sustentada sobre unos zapatos negros que te realzaban aún más, si ello fuera posible,  bajar con aquel porte juvenil, desbordante, arrollador,  sonriéndome y sonriendo, al ver la cara de bobo que debía poner al contemplarte.

Yo embobado y tú disfrutándolo, una situación, hasta entonces nueva, y que después se convirtió en una constante en nuestra existencia.

Empezamos a conocernos mejor, aunque mas bien pienso que comenzamos a disfrutar mutuamente de nuestra compañía. Porque ¿ Qué es conocerse? Para ello hay que cumplir muchas premisas insoslayables: Tolerancia, respeto, permisibilidad, coherencia y otras.

Cada segundo de una vida exige un comportamiento determinado,  ajustado a ese preciso momento y siempre renovado y diferente.

 

No existe un estudio previo ni unas normas preestablecidas para actitudes de comportamientos humanos en las relaciones de pareja, sino  el respeto y el amor, únicos manantiales donde fluyen todos los demás que alimentan el vivir de un matrimonio.

Hay que descubrirse, uno al otro, cada día, cada momento y en ese descubrirse, cimentar la base de nuestra conducta y apoyada siempre en  los dos pilares ya mencionados, el amor y el respeto., sin dejar paso a la plena creencia del total conocimiento ya que en ese preciso instante, comenzarían a tomar posición de señorío  la rutina y con ella la vulgaridad.

Tal vez por eso y por si se nos apaga la capacidad creativa, hemos puesto en lo actos de interpretar la vida,  tan variada escenografía.

Seiscientas  treinta y dos pesetas era nuestro patrimonio económico aquel diez y seis de Agosto de mil novecientos sesenta y dos, en que sellamos nuestro compromiso en el Altar, ante Dios y ante los hombres. Poco más de seis cientas pesetas y no cobrábamos hasta el día dos. No recuerdo si nos llegó o no el dinero hasta final de mes. Lo cierto es que comimos todos los días y no echamos  nada a faltar. Y los dos sabemos muy bien porqué. Era muy sencillo, nuestras ambiciones estaban en el límite de nuestras posibilidades y no  el conformismo, sí la capacidad de conocer nuestras propias limitaciones, ha de marcar la pauta de nuestras exigencias. Eso creo que elevó enormemente el listón de nuestra felicidad, porque nunca pretendimos nada que estuviera fuera de nuestro alcance. De ahí que la vida no nos negara aquello que le pedimos, jamás hubo en nuestras peticiones nada inalcanzable.

Es posible que esa situación estuviera también cimentada en lo que siempre hemos dado en llamar Providencia, a la que otros llaman destino, azar, casualidad o suerte fortuita. En nuestras mentes nunca tuvo asiento  de realeza la casuística.

Será amor, que tiene razón El Mensaje cuando dice “Ved  las avecillas del cielo y los lirios del campo…..” Tal vez y sin tal vez, amor, que ni uno solo de nuestros cabellos se caería si El no lo permitiera.

No fue muy fácil, pero tampoco tan difícil, nuestro inicio en aquella etapa. Pagamos el justo precio a nuestra juventud e inexperiencia. Seguro que dirás, cuando leas estas líneas: Te ibas de caza, al trabajo o donde se te antojara y yo….

Una pequeña sombra en la meridiana manera que tuvimos de entender la vida. Y élla, la vida, comenzó a tener aún más sentido, cuando pasados once meses, se llenó nuestra cuna azul, la ropa azul, los pensamientos azules, los deseos, por supuesto, azules, con aquella cosita rara, aquella niña bonita como un sueño de primavera, con  carita de luna  llena y ojos redondos como platos, hambrientos de verlo todo desde el momento de nacer. Hoy sé porqué deseaba almacenar tanta luz. Por algo el tiempo la convirtió en mi parte luminosa.

Luego otra, si cabe más linda, y luego otro, el Persa,  el que vino cruzando los etereos espacios cabalgando sobre la roja alfombra de la ilusión hasta ser depositado, no sin grandes riesgos y esfuerzos por tu parte, en la Travesera de las Corts, junto al viejo Campo del Barcelona, un veinticinco de Diciembre. Hasta el día que escogió para venir fue especial. Y luego otra, con palillos en las manos y vestida con bata de cola y bailando por sevillanas. Y se nos llenó la cara y se nos llenó el cuerpo de cosas bellas. Cuatro hijos, cuatro, que valen cada uno de ellos por todo un mundo. Un mundo que desde siempre se nos hizo pequeño y que recorrimos con ellos de extremo a extremo y que ahora ya recorremos solos, sin ninguno, sin pereza, sin prejuicios, en nuestra madurez, emulando a Machado “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Pero siempre viviendo el lunes antes del martes y llenando cada día el compartimento correspondiente de nuestras alforjas, porque estamos convencidos que no se repite la ocasión perdida.

Dicen los papeles que el mundo está lleno de fronteras. Fronteras físicas y dialécticas, morales y sociales y psicológicas. ¿ Dónde estarán?  ¿No será más bien que las personas se dedican a construirlas en torno a su propia existencia?.

En nuestro discurrir juntos me enseñaste muchas cosas, me enseñaste a utilizar parcelas de la vida que yo nunca había utilizado, en siembras que redundara en beneficio del cotidiano vivir.

Supiste enamorarte de lo desconocido solo por el placer que a mí me reportaba tal actitud

Fuiste cediendo siempre en tus anhelos, pagando un canon, en razón de algo que tú nunca tenías que pagar.

Tú Castellana enamorada de tus tierras de ocre y siena,  de mares infinitos de doradas mieses de tonos indescriptibles, de colinas que semejan mujeres preñadas y de turgentes senos.

Tú, enamorada de agostados rastrojos y pardos barbechos, te enamoraste de mi verde Galicia, solo por el placer que  te producía verme a mí, felizmente enamorado.

Y no solo. Además supiste enamorar a sus gentes, haciendo tuyos sus gustos y costumbres y así te aceptaron sin reservas ni fisuras.

Impregnaste nuestro mundo, tu mundo, que hiciste nuestro,  de colores, sabores y olores que son patrimonio de entender la vida, contagiosa y aleccionadora.

Casa, ropas, comidas, muebles, tienen los gustos de cada uno, pero en el ambiente flotas tú,  en el estilo, en el toque mágico,  en la sutil sugerencia enseñada y no manifestada.

No imprimiste, ello  sería imposición, pero sí creaste escuela de respeto, dentro de unas normas de amor a la libertad, patrimonio que cada uno de los miembros de la familia ue hemos constituido,  amamos con infinito ardor, dentro de nuestras propias limitaciones.

Desaparecieron las lindes y en las parcelas de nuestro amor entraron, con savia nueva, gentes dispares y no concordantes con nuestra forma de entender maneras de actuar.

Entraron y su sintonía es rayana con la perfección. Y trajeron consigo un bagaje rico en vivencias que van acrecentando el patrimonio ya existente.

La prudencia, la sobriedad, la inteligencia, la tolerancia, el respeto y sobre todo el mor que manifestaban en su acercamiento,  les hacía acreedores a nuestra más profunda predisposición.

Cuando nuestros corazones ya estaban repletos de amor, fatua creencia, y pensábamos que no podía caber nada más, aparecieron en nuestras vidas, uno detrás de otro, y cada uno  con sus serones repletos de amores, Diego, el deseado, Pablo, el carismático, Adrián, el meloso, Rodrigo, el gracioso, Alejandro, el querubín y para completar la serie, de momento, nuestra anhelada Coletas. Y en los pliegues no descubiertos, no utilizados de nuestras ilusiones, entraron como entra el dueño en su casa, sin llamar, con la naturalidad por estandarte y el amor como leyenda.

Y una vez más le encontramos a la vida una nueva dimensión y comenzaron a estirarse los pliegues de los quereres y se nos salen los amores por los ojos y “La Abuelita Barbi” intenta  no reir demasiado para que las arrugas no orlen  su cara y su juventud sea perenne.

Hoy, cuando el pelo blanco tomó posesión de nuestras cabezas, siguen nuestros corazones rejuveneciéndose con las ilusionantes vivencias de cada día.

Están lejanos, en el tiempo y en el espacio, aquellos momentos en que caminábamos por las calles de Madrid, hacíamos proyectos asentados únicamente en el amor. He dicho únicamente, ¿ Habrá soporte más consistente que el amor para cimentar las ilusiones de futuro de dos seres enamorados? Con toda seguridad que no.

Amor, cuando hagamos ,un día balance de nuestro deber y haber, será bello contemplar que fue ese y no otra, la energía que movió nuestra fuerza motriz.

Qué razón tenía el sabio cuando dijo “Amor omnia vincit” Porque él y solo él, allana obstáculos, construye puentes, aplaca montañas y une corazones.

Ningún proyecto puede llegar a feliz término si no está calculado con las tablas del respeto y del amor.

EMPEZAR DE NUEVO

Hoy he vuelto a despertarme en mi cama de Os Cotiños. Es cierto que me falta la palabra viva de mis hijos y de mis nietos. Sus ires y venires para hacer frente a la jornada que se les presenta, pero tengo mi compañero inseparable, el silencio. ¡Qué parlanchín es el silencio cuando se le escucha.! Te cuenta cosas que tú  habías olvidado, pero él las guarda y de vez en cuando te las trae para gozar con ellas, unas veces, otras, para advertirte que allí está…. y que lo evites. Y como no es en cabeza ajena, te lo aplicas. No siempre.

Papo Rubio, mi adorable Piti Rojo, esa mañana no vino a mi ventana. Me figuro que es un castigo por haberle sido infiel toda una semana. Confío que en cuanto vea que estoy aquí, volverá. Yo le puse donde siempre, unos granos para demostrarle que sigo siendo fiel, en cuanto puedo, a lo convenido. El que no faltó a la cita  fue Pico Amarillo, mi cantarín Mirlo. Además, según me han dicho, estos días llovió y esta mañana amaneció fría, pero seca, y eso le dio ánimos para soltar el repertorio que los demás amaneceres no entonó. Lo uno y lo otro colmaron mis ilusiones y necesidad de agradecer a la vida una oportunidad más de compartir con todos el enamoramiento que cada instante experimento con ella. Nunca me olvido que la vida empieza en cada amanecer. Es muy bueno. Al que no me crea, que lo experimente y juzgue por sí mismo.

A MARIA DEL CARMEN Y A SARA…..

Regresando hoy de de la Capital del Reino a mis queridos y añorados Cotiños, en el ferrocarril que sale de la Estación de Chamartín a las 12,10 horas, me las prometía muy felices para poderle dedicar esas 5 horas de viaje a escribir unas cosas que tenía pendiente. Arrancó el convoy a la hora prevista. Me acomodé en mi asiento y me dispuse a realizar lo proyectado. Abrí el ordenador. Esperé que se encendiese. Al cabo de unos instantes el fiel compañero de mil viajes, lo hizo. No sé porqué motivo en vez de brindarme los iconos que yo necesitaba para decirle el que iba utilizar, en vez de eso, digo, me salió una ventana alargada que me decía “ERROR CRITICO” En letras pequeñas me pedía disculpa por no funcionar el inicio y la cortana. Como es fácil comprender estos artilugios modernos no son plato de mi fácil manejo cuando los primeros que cumpla son 80 ilusionantes primaveras, porque ilusión sí que la hay, lo que faltan son las flores coloristas de la estación de la fertilidad. En fin que mi ordenador no me dejaba realizar mi tarea. Lo miré una y mil veces. Hice lo mismo que el asno pero la flauta no sonaba de ninguna manera. Consulté a varias personas, interventor, camarera, todo inútil. A mi izquierda, al otro lado del pasillo dormitaba una jovencita, muy linda ella, pero parecía que su madrastra le había dado a comer la fatídica manzana. Derrotado, me dejé ir. De pronto apareció en escena una dama que se acomodó al lado de la Bella Durmiente y, como Príncipe soñado despertó a la bella jovencita. No sé si por entablar conversación con ellas o porque el destino juega con las personas como le viene en gana, le pregunté a la recién despertada si podía ayudarme en un problema que me había creado mi ordenador. Con gesto algo displicente, pero con una sonrisa llena de encanto y ternura, me pidió mi pequeño computador. La dama que había entrado en escena momentos antes, se unió a ella en la búsqueda del posible problema. Las dos sonriendo y pensando en voz alta, comenzaron a tocar las teclas y antes de cinco minutos habían solucionado el enigma que tan preocupado me tuvo a mí gran parte del viaje. La joven y bellísima Sara y la no menos atractiva María del Carmen, su mamá, pusieron mi ordenador en condiciones de total servicio. El contratiempo que supuso para mí, el no poder realizar el trabajo que tenía pensado, fue sobradamente compensado, permitiéndome compartir con tan agradables damas parte del viaje de regreso a la tierra que tanto doro. María del Carmen y Sara, desde este rincón de la montaña orensana, mis respetos y agradecimiento más sinceros, envueltos en los tules que cada amanecer arropan nuestros valles y en cuyos pliegues os envío mi mal contenida admiración. Que ameis la vida y que ella os corresponda con la misma intensidad. Feliz año y felices todos los que yo os deseo. Gracias por haberos cruzado en mi camino.