
Desde mi más tierna infancia, tuve poca simpatía por el los felinos domésticos, o sea, los gatos. Nadie hubiera hecho apuesta alguna porque sucediera lo que en estos momentos ocurre entre la especie gatuna y yo. El destino me va marcando mi vida y yo así lo acepto. De mi ventana, por unas y otras razones van desapareciendo los amigos que me han acompañado varios años. Posiblemente regresarán los nietos o biznietos de los Papo Rubio y Pico Amarillo, mientras tanto son los gatos quienes se ganan mi simpatía compartiendo conmigo momentos que antes ni por lo más remoto podría soñar.


Lo mejor de todo el acontecer, es que me estoy acostumbrando y me encanta tener unos cuantos amigos entre la familia gatuna. Y es que a todo se acostumbra uno por muchos años que peine su mermada cabellera. Os seguiré contando cosas de mis gatos.
Ah, no os extrañéis de ciertas anomalías en mis escritos. Hoy me han cambiado el sistema del Blog y lo estoy pasando fatal. Confío ir acostumbrándome y mejorar.
Por convicción he dejado de pronunciar ciertas palabras que en mi cotidiano vivir he utilizado miles de veces. He aprendido que el despedirse, es un poco el morir. Al menos pones fin a un momento que estabas compartiendo. Otro tanto me sucede con el tan utilizado, adiós. Decir adiós, es construir una barrera entre el que lo pronuncia y el que recibe el mensaje.
En Navarra, hace algún tiempo, me enseñaron a no utilizarlo y cambiarlo por el, hasta luego. Decir hasta luego, es mantener vivo el cordón umbilical entre quien lo dice y a quien le va dedicado. Algo parecido me sucede con el me voy. Nadie se va nunca. Se cambia de lugar, pero sigue ocupando un espacio donde quiera que sea. Hoy ha dejado de estar entre nosotros, solo físicamente, porque su recuerdo perdurará por siempre entre los que tenemos la fortuna de honrarnos con su amistad, Manolo Cota. La vida tardó en hacerme copartícipe de su amistad, sin embargo aquí puedo decir, haciendo honor a la verdad, que la calidad, suplió con creces la cantidad. Los pocos años que compartimos la vida me permitió conocer a un caballero, educado, elegante en su porte y amable en su trato. Pero el don más relevante en Manolo Cota era la grandeza de ser una excelente persona.
Lo que nunca te perdonaré, entrañable amigo, es que no me llevaras a Vilariño das Poldras a ver a tu amiga. Te prometo que iré y con ella brindaremos por el irrepetible Manolo Cota que entró en nuestros corazones y no saldrá jamás.
Cuando irradias alegría, hasta las piedras te sonríen. Caminaba yo, como niño con zapatos nuevos, tarareando una canción por el parque que une el metro de Ribas con el Paseo de los Almendros. Infinitas razones había para sustentar el estado de ánimo. En ese momento dos eran los encargados de hacerlo: Uno, el haber amanecido, otro, el llevar en mis manos mi último hijo. Siempre lo es, pero, a ciertas edades, amanecer, es un regalo que por fuerza tienes que dar gracias a la vida por habértelo obsequiado. La «FUERZA DE LOS HELECHOS», terminaban de de unir todas sus hojas en un volumen para su último examen, después de más de un año de peregrinar por mi mente.
¿Verdad que son razones para cantar a la vida? Estamos de acuerdo. Y ella, la vida, me tenía reservado otro maravilloso regalo. Caminando, como digo, por ese bello y frondoso parque encontré una mujer sentada en un banco de los que abundan por los espacios de recreo. Con solo mirarla, sin detenerme, algo descubrió mi mente en aquella persona. Me detuve. Me acerqué a ella y sin más preámbulos le pregunté: — ¿Qué pensamiento ocupa tu mente en estos instantes?– Sin dudarlo ni un instante, respondió: — Ese árbol. — Y señaló uno que había a mis espaldas.–Sus ramas retorcidas llaman mi atención y me hacen pensar si en ellas no se reflejarán las vidas de muchas personas. –Como es fácil comprender, la respuesta era un cántico a la sensibilidad y a la capacidad de expresar un sentimiento. No podía perder la oportunidad del regalo que la vida me brindaba en tan dulce momento de mi existencia. Me senté a su lado. ¿Cómo te llamas?, le pregunté. –Teresa, me respondió. ¿De dónde eres?, quise saber. –De Ponferrada, del Bierzo, — me dijo esbozando una sonrisa. –Llevo aquí muchos años. Voy a cumplir dentro de poco noventa. Vivo en un piso que me regaló uno de mis hijos y estoy muy enamorada de la vida. Escribo poesías que luego recito en una residencia de mayores.
Los divierto mucho a ellos y yo me lo paso muy bien haciéndolo. Hago teatro, pertenezco a un grupo de canto. No paro. Vivo, me gusta mucho vivir y gozo viviendo. Tengo dos hijos maravillosos. Soy viuda desde hace muchos años. Quise mucho a mi marido pero amar, lo que se dice amar, solo amé a mi Valentín. –¿Era ese el nombre de tu difunto esposo? quise saber. –No. –La respuesta fue rápida y contundente. –Valentín era, mejor dicho, es porque en mí sigue vivo, el nombre del joven que conocí en Ponferrada cuando yo vivía allí y pertenecía a un grupo de amigos que salíamos todos los domingos. Nunca se me declaró, tampoco yo a él, pero los dos sabíamos que nos queríamos. Por motivos familiares tuve que venirme a Madrid. Aquí aprendí a leer y a escribir, en mi pueblo no pude ni ir a la escuela, había que ayudar en la casa y no había tiempo par otras cosas. Eran años muy duros, pero éramos muy felices con pocos. Escribía a mis amigas y ellas me decían que Valentín desde que yo me vine, no había vuelto a sonreir. Le sucedía lo mismo que a mí. A los siete meses de separarnos, se murió. Nunca he podido olvidarlo. Sigo enamorada de él.
Buenos días, amor. Hoy hace catorce años que físicamente, solo tu parte física, el Destino te separó de nosotros. Digo y no me canso de hacerlo, solo físicamente, porque tu legado es eterno, está vivo.
Y ellos, siguiendo las pautas por ti enseñadas, que no impuestas, continúan mostrando al mundo cómo se conforma una sociedad, partiendo de la base fundamental que es la familia, con defectos y virtudes.
Te aseguro, Mamá, que en todos los actos que celebramos, y son bastantes, tu imagen, tus consejos, tus lecciones, todo lo que nos enseñaste preside nuestras decisiones. Siempre sale el respetuoso comentario: «Mamá o la Abuela, dependiendo de quien se pronuncie, ¿qué decidiría? Y de esa reflexión, con los matices que el momento condicione, depende el veredicto final. Nos enseñaste el sagrado precepto del respeto. Inculcaste en tus hijos y en mí el amor a la libertad, fuiste, no, eres nuestra maestra en tantas cosas que diría y no tendría tiempo para enumerar.
De mí, qué te voy a decir, como siempre, aunque cada día más cascarrabias, como diría Susiña. Tus hijos y nietos tienen suerte que, hasta ahora me defiendo en nuestro entrañable Cotiños y no tienen que aguantarme. Con frecuencia recuerdo aquellas conversaciones que manteníamos en nuestro cotidiano vivir: «Lo hemos de mantener bien claro, mientras estemos juntos… pero cuando el un falte, le toque a quien le toque, el oro tiene que seguir cumpliendo los objetivos, vivir su vida, razón por la que Dios nos puso en este mundo. Siguiendo esa línea, estoy acariciando esa idea. Es un tanto utópica, pero también esa fue y sigue siendo nuestra filosofía de vida. Ya te contaré.Un beso muy grande, amor. Sigues viviendo en mí.
Dedicado a mi hermana Remedios que hace unos días se fue a disfrutar de lo Eterno. Para tí, que me enseñaste a dar los primeros pasos y me tuviste en tu colo cuando niño, para tí que eres modelo de hija, hermana, madre y abuela, para tí va hoy todo mi amor.
Si tenéis que castigar a alguien, que sea a mí, pero a ella, por favor, tratarla como habéis hecho con mis otros libros. Os prometo que intentaré cada día hacerlo mejor, confío conseguirlo y si aún, de ese modo no alcanzo el propósito que intento lograr, dadme un empujoncito que seguro que así lo alcanzaréis. La cuesta se me empina, la meta está lejana, pero en sabiendo que allí me esperáis, no hay pendiente que me rinda. LA FUERZA DE LOS HELECHOS es mi modelo de superación. Jamás llegaré a ser así, sin embargo, me motiva para que lo intente. Mujer, tú eres la Reina de la creación. ¡Qué maravilla ser mujer! Tú tienes: LA FUERZA DE LOS HELECHOS.
Llovía a cántaros, pro eso no era obstáculo para que los intrépidos cejaran en su empeño de seguir hacia la Casa de Santiago. Allí les espera el Santo con los brazos abiertos.
Llevaba algunos días sin verlo. Solo Pico Amarillo viene a su cita diaria, si no encuentra algo mejor por los alrededores, y yo le preguntaba si no sabía por dónde andaba Papo Rubio. Ni caso me hacía. Hoy he salido a dar una vuelta por el campo, por los caminos y trochas del entorno y al llegar a la encrucijada del camino Ancho con la carretera, allí estaba, entre la hierba. Con el ánimo contrito y los ojos llenos de lágrimas lo tomé entre mis manos. Lo contemplé con la fuerza de un titán para ver, fatua ilusión, por si desde mis adentros podría insuflar un hálito de vida a mi, otrora, juguetón Papo Rubio. De nada sirvió cuanto intenté.
Solo pude apoyarlo en mi colo, donde la intercomunicación de sentimientos no tiene parangón y con susurros que estoy convencido él escuchaba, agradecerle todos los muchos momentos bellísimos que me regaló. Siempre estarás en mi recuerdo, adorable Papo Rubio, hijo. Al igual que hiciere con su padre, en el lugar más bello de mi jardín, todo el monte es mi vergel, al pie de un acebo le di sepultura, sobre la que coloqué una ramita de brezo.
Hoy, como persona, tengo el corazón roto. Como Cristiano creyente, me siento infinitamente feliz. Mi hermana Remedios nos ha dejado para irse a los brazos del Eterno. Si como humano, repito, me siento huérfano, no puedo dejar de sentir en lo más íntimo de de mis ser la paz espiritual que acaricia el alma cuando sabes que la Luz Infinita, ilumina desde ya, todo su eterno vivir. Remedios fue la persona que a los siete años comenzó a formar el ser de este hermano que hoy lucha entre dos fuerzas, ya mencionadas, la humana y la de la Fe. Ella puso las primeras piedras de este edificio que comenzó a construir allá por los años treinta del siglo pasado. Remedios es, porque las personas como ella no mueren nunca, siempre están vivos en el recuerdo, una buena hija, una excelente hermana, una fiel y amorosa esposa, una entregada sin reservas madre, una dulce amiguita de sus nietos y, sobre todo una excelente PERSONA. Sí, con mayúculas, porque así es ella. Adorable hermana, escribiría sobre tí todos los días que Dios tenga a bien regalarme y no tendría tiempo para contar todo lo bueno que realizaste mientras físicamente compartiste con nosotros este mundo. Solo te pido encarecidamente un ruego: sé mi valedora ante el Padre. Te quiero y te llevaré conmigo todos los días de mi vida.
Buenas noches, entrañable amigo. Te podía poner mil disculpas, pero ninguna sería verdad. Solo hay una realidad y esa no es otra que la presencia de un, iba a decir amigo, pero no es cierto, es un indeseable y asqueroso enemigo que se llama Alzheimer. 24 (veinticuatro) años. Solo Dios sabe los designios de los humanos. Dejémoslo así, no entremos en complicadas reflexiones que nos conducirían a lo profundo de las tinieblas.
Hoy cuatro Peregrinos españoles, nos han honrado con su presencia. El tiempo, propio de la época y con algún añadido que, sin permiso, él se añadió por su cuenta: lluvia torrencial y viento de, hasta sesenta kilómetros por hora, no consiguió borrar de sus rostros la sonrisa que nos regalaron al llegar al Bar Centro de Beariz. Cuatro titanes del Camino que se los ganó para él, son sus propias palabras, por su belleza, por su exigencia y sobre todo porque su capacidad de invitación a introducirse dentro del propio ser para gozar del placer de conocerse un poco más, es irrevocable. Alejandro Gonzáles, Roberto Córdoba, Javier Carrascosa y Ángel Rodero, no solo muestran a quien tenemos el honor de conocerlos, su calidad de Peregrinos, sino y, por encima de lo normal, su calidad humana incentivada con un profundo conocimiento de la vida en todas sus facetas. Intelectualmente, admirables, resalta en ellos, como digo al principio su profundo espíritu humano. Aunque el Camino se cerrara hoy, los valores que nos han mostrado todos lo Peregrinos que lo hicieron, como dijo el Poeta, el camino no existe, se hace al andar, ya mereció sobradamente la pena. Sin embargo esa no es nuestra meta, lo es que, Beariz y sus gentes escriban en los anales de la Historia, una página imborrable, en la que dejen patente sus valores humanos ensamblados en un entorno arqueológico, hidráulico, etnográfico, orográfico y sobre todo humano, que perdure en todos los que tengan a bien recorrer el Camino Braga Santiago siguiendo la ruta de A Geira e dos Arrieiros para llegar a dar el abrazo al Hijo del Trueno que los espera en su pedestal de la incomparable Catedral que lleva su santo nombre:Santiago. BUEN CAMINO queridos, desde ya, amigos de Beariz
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