Lo digo y tengo mis razones para hacerlo. En mi paseo diario, hoy atravesé una zona donde abundan los eucaliptos. ¡De vergüenza! De acuerdo que se acerca el verano. La primavera, en estos últimos días del mes de mayo está siendo bastante calurosa. Pero eso no es razón para que los árboles tengan la indecencia para desnudarse sin decoro alguno
Pero no es solo el orondo señor el que se desnuda con todo el descaro ante todos los demás vecinos. También la esbelta y bella señora se quita sus ropas invernales y se queda desnuda sin que le importe lo más mínimo la presencia de los demás, quienes siguen con sus ropas. Aún más. Ellos no solamente no se desnudan sino que se visten de gala en la Primavera, para recibir al Verano, como se merece. Con todos los honores. Ella no. Ella quiere lucir su tez rejuvenecida y para ello le estorba todo lo que la impida lucirse. Y no se conforma. También invita a desnudarse a su hija mayor
Sigo mi camino bastante impresionado de las similitudes que la Naturaleza tiene con el vivir de las personas que actualmente pueblan el Planeta Tierra. Pero mi asombro vuelve a experimentar un nuevo sobresalto. Contemplé el desnudismo de un relleno señor que mostraba su fortaleza sin rubor alguno. La estilizada señora y su hija, no tenían reparo en lucir su tersa piel, dejando que sus ropas desaparecieran. Creí verlo todo. Pero estaba en un craso error. No tardé en percatarme que la actitud del padre. El descaro de la madre y la falta de pudor de la bella y joven hija, dan como resultado que si ellos hacen eso, la familia tiene todo el derecho a realizar lo que le plazca. De esta forma encontré a toda la saga luciendo sus palmitos como mejor lo consideraron Véanlo
Con la ropa en los pies y como si de una playa de nudistas se tratara, toda la familia luce sus encantos al sol, sin importarles lo más mínimo lo que puedan decir o dejen de hacerlo quienes les vean. Será que la naturaleza marca las pautas a los humanos o viceversa. Algo debe estar sucediendo A lo mejor no, y fue siempre así. Dejé de complicarme la vida pensando lo que pensado está y me dediqué a gozar del bello paisaje que se me ofrecía.
Autor: Jose Balboa Rodriguez
SUPERANDO TODAS LAS PREVISIONES
Eso fue lo sucedido en el día de ayer, en la presentación de UNO DE TANTOS, en la Capital del Lérez (Pontevedra).
Ni los buenos oficios puestos al servicio del evento, por parte de la flamante Manager ni la predisposición del Equipo humano de la librería Nobel de Pontevedra ni, por supuesto mis voluntariosos movimientos intentando motivar a todos los potenciales conocidos que pudieran acompañarnos, auguraban lo que a partir de las 19,30 horas del día de ayer, viernes, sucedió.
Con puntualidad británica, marcada por helvético cronómetro, los espacios abiertos e la amplia y bien surtida librería Nobel de Pontevedra, se llenó de un público selecto que superó todo lo previsto.
Había pensado que el evento durara menos de media hora. Se encargaron los asistentes al mismo de que su duración alcanzara la hora y media, sin que ni una de las más de medio centenar de personas presentes, se movieran de su sitio.
La mayoría de pie. Comenzó la presentación Erica Martínez, responsable de la Librería Nobel. A continuación Ana Rodriguez Muradás leyó un fragmento de mi estancia en Pontevedra, allá por los años 40. A continuación seguí yo. con un breve discurso. Mi disertación versó sobre lo escrito en mi libro y las razones que lo motivaron. El punto de partida, era sencillo : Leemos para conocernos mejor, sacando las propis conclusiones que nos conduzcan a ser mejores personas.
En la retirada nocturna, un grupo, no quisimos pasar sin dar las Buenas noches al gran Maestro Don Ramón María del Valle Inclán, autor de tantas y tantas obras que nos deleitan con su sapientísima manera de decir las cosas.
Seguiremos los próximos días documentando el acto de Presentación en Pontevedra con personajes que nos honraron con su presencia.
LA VIDA ES MUY BELLA, PERO……..
Sí, la vida es muy bella. Tiene algunas manchas, pero son las que nosotros le ponemos con nuestra incoherente actitud y el mal uso que hacemos de nuestras capacidades. Si empleáramos bien nuestra energía, parta hacer el bien, las hebras de las arañas, serían más débiles que nuestros actos. Pero no, tenemos que emplear todo lo bueno que poseemos en crear lo poco malo que somos capaces de hacer y que puede llegar a destruir lo más bello de la creación, el hombre. ¡Señor cuánta maldad! Mejor, ¡Qué poca maldad! Sí con qué poca tinta se echa a perder un traje grandioso que la novia podía lucir con todo su esplendor
Pero dediquemos hoy la atención a la parte bella de nuestro existir. Hace unos días gocé de la compañía de Rubiales, fruto del amor de Papo Rubio y su compañera. Sentía pesar porque pensaba que Rubiales andaba solo, pero no es así. La prueba de ello es el fruto de su amor que ha caido en mis manos. Nunca dicho con mayor propiedad. Hace unos días, al hacer mi recorrido habitual alrededor de mi casa me encontré con un nieto de Papo Rubio. Prematura su ausencia de la casa materna. Si yo no me lo hubiera encontrado cuando hacía poco que había volado, bueno, más que volado, saltado del nido, seguro que hubiera sido pasto de los gatos o de cualquier otro depredador que, con toda seguridad hubiera tenido un apetitoso desayuno o merienda con él. Lo recogí y durante dos días lo alimenté haciendo yo de madre y de padre. Dándole la comida desde mis labios, como si tuviera pico como los pájaros. Se acostumbró y a la tercera o cuarta vez que lo intentamos, como tenía mucha hambre, picoteaba como si nada. Como viera que Rubiales no hacía sino dar vueltas en busca de su hijo, lo coloqué en unas ramas cerca de donde me suponía tienen su nido y ya el padre se encargó de ayudarle a volar hasta su casita. Confío que cuando vuele la próxima vez, ya domine bien el arte del aleteo correcto y no vuelva a caer.
Los que están muy felices son la familia de Pico Amarillo. Bajan a comer a todas horas. Ya he perdido la cuenta. Los sorprendentes calores que hizo en Abril, se trocaron en gélidos días de Mayo y con el frío tuvieron que retornar al hogar de la comida segura. Ellos felices y yo mucho más.
UNO DE TANTOS SE SIENTE MUY AFORTUNADO
Ni en los momentos más optimistas, UNO DE TANTOS, hubiera pensado estar en las manos de una de las escritoras más relevantes de la Literatura Universal. Tener la osadía de sumergirse en la vida intelectual, cultural y profesional de Elsa Punset, es tanto como encerrarse en un Museo de Ciencia. Necesitaría muchos folios, solo para enumerar los títulos que atesora. Escritora, Filósofa, Humanista, Musicóloga, Pianista, etc. etc. etc. Sin embargo todos ellos, con estudios profundos en todas sus especialidades, quedan pequeños a la hora de catalogar la grandiosa Humanidad. Elsa Punset, es sobre todas las cosas, una maravillosa y excelente Persona. Sí, con mayúscula. No merece menos. Tanto así que en ella se produce el cierre del círculo, con toda la gama de valores intermedios. Desde su altura inconmensurable como ser intelectual hasta la humildad más sencilla, al alcance de cualquiera que se acerque a ella. No existe en Elsa Punset ni el más pequeño atisbo de grandeza a la hora de tratar a las personas que soliciten su atención. De ahí que el humilde UNO DE TANTOS llegara a sus excelsas manos y con la elegancia innata de que es poseedora, tuviera a bien, presentarlo ante el objetivo de la cámara, cuando la bella y elegante Ana Rodrígez Muradás se lo ofreciera. Algo es común a las dos encantadoras damas. Ninguna de ellas pone barreras al viento o se arredran ante las dificultades. Ana con el, casi infinito, respeto que le inspira Elsa, le ofreció el libro, a la vez que solicitaba de la Ilustre Dama, si a bien lo tuviera y sus múltiples compromisos se lo permitieran, le diera algún día, su benévola, muy benévola, opinión sobre su contenido. Lo emita o no, desde lo más profundo de este usado, que no viejo, corazón de 70+10 años le mando a Elsa Punset mi admiración, con la que cuenta desde hace muchos años y mi agradecimiento más sincero, por sustentar en su mano diestra, con tanta delicadeza, un volumen de mi libro.
Infinitas gracias a las dos Damas. A una por hacer posible un sueño largamente alimentado y a la otra por tener la capacidad de ayudarme en convertirlo en impensable realidad.
PIN, UN HOMBRE ADMIRABLE
Pin, te pido mil perdones por llamarte así porque ni tu nombre conozco. Sin embargo, el no conocer tu nombre, no me impide decirte que eres un HOMBRE ADMIRABLE.
Hace unos días me dice un señor que se gana la vida trabajando honradamente, y al que tengo gran aprecio, por múltiples razones: Sr. Balboa, creo que me van a despedir. Se rumorea que van a reducir personal en la Empresa y como soy el último que ingresó, me toca la «china». Nacho, así se llama nuestro hombre, es una de esas personas que no le ponen barreras al viento y que se dedica a llevarnos gas a las casas para mitigar los rigores del invierno y poder cocinar los alimentos que consumismos. Hace unos momentos me llama para hacerme partícipe de una Buena Nueva. Se lo agradezco de corazón. Suena el teléfono. Contesto:
Dígame
–Sr. Balboa, soy Nacho. ¿Me puede dedicar dos minutos?
Los que haga falta Nacho, dime. ¿Te han despedido, verdad?
–Escuche. En efecto, esta mañana me han llamado al despacho y me comunican que, por razones de organización y otros imperativos, tienen que despedir una persona del equipo y como soy el último que ingresó, que lo sienten mucho, pero me toca. A mí, como había oido rumores, no me cogió de sorpresa lo que me dijeron. Como cada día agarré mi camión y me fui a repartir, aprovechando para despedirme de mis clientes ya que era el último día que realizaba ese reparto. Como Usted está fuera, por eso le llamo. Cuando regreso, para recibir las últimas instrucciones, me topo con Pin un compañero que, a pesar de no ser muy mayor, lleva muchos años en la casa y le digo lo que me ocurre. El se me queda mirando y sin que mediara otra palabra, me pide que le acompañe. Estábamos al lado del despacho del jefe. Entramos los dos y con toda educación le dice a nuestro jefe: Hola, vengo a decirle, que no despida a Nacho. El tiene mujer y tres hijos, por lo tanto necesita ese trabajo, más en los momentos actuales y a su edad. Yo no tengo hijos. Para mi mujer y para mí, siempre encontraré algo donde ganar para vivir. El jefe se quedó mirándolo incrédulo. Se levantó de la silla y en silencio, le dio la mano. Le digo Sr. Balboa que, el silencio del jefe, era todo un discurso de admiración. Yo me puse a llorar como un niño No sabía si soñaba o realmente estaba allí. Me pellizcaba por si era un sueño. Terminé abrazando a Pin, aunque no pude articular siquiera la palabra Gracias.
Interrumpí a Nacho que volvió a emocionarse contándome lo que acabo de relatar y solo me queda dar gracias a Dios porque en el mundo siga habiendo hombres como Pin. Y sentirme orgulloso de ser paisano de Pin. El vive en O Carballiño, yo en Beariz, en Os Cotiños. Ambos respiramos los mismos aires, pero los que él respira, tienen un empleo muchísimo más bello que los míos.
Pin, ¡¡¡Qué rápido se pronuncia tu Apodo o Nombre!!! Me da igual. Lo grandioso no es tu nombre sino tu hombría de bien- Gracias por ser como eres y gracias también porque desde estos mismos instantes, tengo alguien más a quien admirar que se llama PIN y vive en O Carballiño. Honor y Honra a quien Honra y Honor merece.
UN ENCUENTRO MARAVILLOSO II
Una madre nunca se cansa de esperar a un hijo, pero la muerte, sí se cansa y se la llevó. Bueno se llevó su cuerpo porque una madre nunca muere. El amor que ella prodigó sobre sus hijos, la mantiene viva entre nosotros.
Decía en mi anterior escrito que la razón que esgrimía mi hermano Benito para marcharse, no era totalmente cierto. Algo había de ello, traer los restos de nuestro hermano Manuel, muerto en Venezuela, pero el motivo real, es que Benito, huía de sí mismo. ¿Porqué? Sencillamente porque él era novia de una joven, con la cual mantenía relaciones desde su adolescencia. Las malas compañías y el exceso de consideración de mi hermano para con ella, un mal día para ambos, la citada novia escapó con otro, dejando a Benito, tal cual se quedó el Gallo de Morón. Este, sin plumas y cacareando. Mi hermano, compuesto y sin novia. Ya decíamos que a la sazón Venezuela tenía cerrada la inmigración, por lo que mi hermano, cometiendo una incoherencia más, pensando que Venezuela y Brasil, son naciones colindantes, se embarcó para este último país, pensando, siempre según él, que desde uno de ellos sería más fácil pasar al otro. Dato curioso es el que ocurre don este triángulo geográfi
co. La distancia de Madrid a Río de Janeiro es la misma que hay de Río de Janeiro a Caracas. Resumiendo que las tres capitales unidas componen un triángulo con sus tres lados iguales. Por lo que mi hermano había creado una situación, que era una pérdida de tiempo. Pero eso será objeto de otro tratamiento. En algún momento escribiré la historia de mi hermano en esta etapa de su vida. Historia interesante por cierto. Ahora centraré mi atención en el encuentro acontecido estos días. Tan maravilloso como inesperado.
Entra en mi teléfono una llamada con una lacónica frase ¡¡¡Notición!!! Roldán está en Beariz. Beariz, es el pueblo donde nacimos todos los hermanos, por supuesto, también Benito y Roldán es el hijo de Benito, nacido en Santos acompañado de su bellísima esposa. Y se presenta así, sin previo aviso y sin que nadie tuviera conocimiento de ello. El hijo de mi hermano, hace acto de presencia en la tierra de su padre. Repito, explicaré con más detalles en otro momento las motivaciones de todo esto. Hoy me toca gozar de lo esencial, sin complementos directos, indirectos y circunstanciales.
CONTINUARA
UN ENCUENTRO MARAVILLOSO
- A finales del año 1.949 del siglo pasado, mi hermano Manuel, el mayor de todos nosotros, murió en Maracay, Venezuela, a la edad de 28 años. Es fácilmente imaginable la consternación que su partida produjo en el seno familiar, sobre todo en su niña, en su esposa y en nuestra madre.
Benito, uno de nuestros hermanos, sin duda el más carismático, el más amante de nuestra madre, el joven que todas las madres del lugar, querrían tener por hijo, tomando como disculpa, ir a la procura de los restos de Manuel, cuando la razón era otra muy diferente, decidió viajar a Venezuela. En esos años, estaba vetada la inmigración al País de Bolívar, por lo que lo quiso hacer a través de Brasil. En efecto, llegó a Santos y allí comenzó una nueva vida. Con el tiempo las comunicaciones con la familia se fueron diluyendo, en tiempo e intensidad, hasta llegar a un extremo de casi total desconexión . Nuestra madre enfermó de gravedad. En los últimos días preguntaba por Benito continuamente. Se agarró a la vida con uñas y dientes. Libró con la muerte de poder a poder, intentando que ésta no se la llevara hasta que su amado hijo viniera. Personalmente hice gestiones personales, primero, a través del Consulado de España en Santos, después. Todo fue inútil. Nuestra madre se fue sin lograr su último deseo. Murió nuestro padre y mi hermano tampoco hizo acto de presencia. Desde que Manuel murió y Benito se se marchó, yo todas las noches de mi vida, soñaba con uno o con el otro. A veces con los dos. Con el fin de rehabilitar el cordón umbilical entre Benito y el resto de la familia, viajé con Beatriz, mi hija mayor, ya que teniendo mi hermano un hijo de la misma edad pensé que ello podía ser una razón más para conseguir ese objetivo. Tampoco ese proyecto produjo los efectos deseado. - EL ENCUENTRO CON MI HERMANO Y LO ACONTECIDO HOY, EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO.
CADA DÍA NOS DAN UNA LECCIÓN
Son las ocho de la mañana, cuando esto escribo. Estoy acostumbrado haber visto en el campo a ciertos animales, sobre todo pájaros y aves, permanecer en actitud vigilante, unos, mientra los otros comen, beben y practican cualquier otra actividad. Esto lo he observado, sobre todo, en esos ingentes bandos de tordos que en sus vuelos dibujan en el cielo con su oscuro plumaje, infinitas figuras en tamaños y formas. Cuando se posan en un viñedo o en un olivar, alivian de trabajo a los propietarios, con el consiguiente disgusto para campesinos. Todo ello lo contemplé desde una distancia que no se pueden apreciar los matices que brindan la proximidad. Esta mañana, como de costumbre, me asomé para ver si mis amigos Rubiales y Pico Amarillo, habían venido a desayunar. En efecto, allí estaba el hijo de Papo Rubio, desde hoy, con vuestro permiso le llamaremos Rubiales, comiendo con avidez. Permanecí unos instantes divirtiéndome viendo cómo buscaba los granos de arroz y entre éstos, los cocidos. Me hacía reir, por su capacidad de selección. En esas estaba cuando se salieron de entre bastidores Pico Amarillo y su Amada. Los dos se presentaron con la velocidad de la luz. Uno se quedó comiendo, Pico Amarillo madre y Pico Amarillo, caballero él, se subió a una rama baja del viejo roble y desde allí vigilaba para que su compañera, desayunara con toda tranquilidad. Era admirable observar cómo miraba continuamente para todas partes, sin perder de vista los movimientos de su esposa, para transmitirle el mensaje pertinente si acechara algún peligro. Así permanecieron ambos unos cinco minutos, transcurridos los cuales, invirtieron los papeles. Ella se subió a una rama muy por encima de la que estaba Pico Amarillo. A los pocos segundos descendió a la misma en la que se hallaba su pareja y allí se quedó, mientras él bajaba a tomar su alimento. Ni que decir tiene lo admirables que son nuestros compañeros de viaje. Hace unos días hacía un comentario sobre los anónimos sabios que conviven con nosotros sin que siquiera sepamos que están ahí. Están ahí, dando lo mejor de sí mismos para que nuestras vidas tengan más calidad. También los pajarillos nos dan lecciones que debemos aprender para dar a nuestras vidas un sesgo que las haga más racionales, más solidarios y más comprensivas para con los demás.
MUTUAS CONFESIONES
A los pocos días de aparecer muerta la Compañera de Papo Rubio, él y yo tuvimos un encuentro al atardecer. Yo estaba sumido en mis pensamientos íntimos que afloran a esas horas del día. Mientras meditaba, iba apilando la leña que debe estar seca para el próximo invierno. Ta ensimismado me hallaba que no me dí cuenta de la presencia de Papo Rubio apostado en una rama baja del viejo roble.
Cuando escuché sus trinos levanté la mirada y allí estaba él. Al verlo me dí cuenta que durante algún tiempo mi subconsciente percibía un sonido que no llegó a sacarme totalmente de mis pensamientos. Al verlo, le pedí disculpas y le invité a tener unos momentos de conversación. El lo aceptó encantado. Se le notaba necesitado de encontrar alguien con quien compartir los malos momentos que estaba viviendo. ¿Sabría él que yo era el compañero ideal con quien compartir esas reflexiones? Le dejé que fuera él quien primero expresara sus sentimientos. Con trinos que en nada se parecen a los que cada mañana entonaba en el alféizar de mi ventana, mientras picoteaba el cristal, me hacía partícipe de su soledad. Me decía que había perdido una Compañera con la que había compartido etapas tan bellas e ilusionantes que dieron como resultado la crianza de una prole que cuidaron con todo el cariño hasta que les enseñaron a valerse por sí solos.
Ese fue el resultado, pero hasta llegar a ese momento, ambos se ayudaron a construir su casa. Soportaron fríos y calores. Llevaron en sus picos, miles de hierbas hasta hacer realidad un nido de amor, digno donde ella depositó sus huevos que los dos cuidaron con todo esmero para que llegaran a contribuir a su razón de ser, procrear. Y ahora, ahora, cuando los dos podrían compartir el placer de contemplar a sus polluelos volar por doquier y formar sus familias, ella, ya no está. Hasta llegar aquí, sus trinos se entrecortan y, a veces apenas los escucho. Se calla. Espera que yo le dé una respuesta que justifique , si se puede justificar, el porqué de todo ello. Hay un silencio que ambos respetamos. El sabe que yo le voy a contestar. Sabe que lo haré porque no hace sino poner su cabecita de medio lado para percibir mejor mis razonamientos. Lo tengo muy fácil. Empiezo sin ambages. Querido amigo, no me descubres nada nuevo. Todas esas preguntas y muchas más, me las hice yo hace ya más de once años. Tú me lo preguntas a mí que soy infinitamente limitado. Yo se lo pregunté al que todo lo sabe. Le pregunté una y cien mil veces. Más te digo, querido Papo Rubio, me ofrecí para que el inmolado fuera yo y no ella. No te imaginas cuánto de sinceridad había en mi demanda, en mi solicitud de intercambio. De nada me sirvió. ¿Qué cuál fue su respuesta? Que no la tendré en el transcurso de mi vivir, se me dará un momento después de mis últimos instantes de mi etapa terrenal. No, no fue el silencio lo que se me ofreció. El tiene siempre la respuesta justa. Eso sí, la escucharemos, tu y yo, querido amigo, en el momento justo.
Querido Papo Rubio, no quería desvelar nuestras intimidades. No tengo yo autoridad para adueñarme de cuitas que solo a tí y a mí nos pertenecen. Tu ya debes saber la respuesta, ya estás con tu amada y ella conoce el porqué. Eso me concede la potestad de hacer publica nuestra conversación, la que, en honor a tí y tu dolor, brindo a los infinitos espacios y la deposito en manos de la suave brisa de este atardecer abrileño, que has enriquecido con tus recuerdos. Algún día, que solo conoce el Omnisciente, yo también tendré la respuesta a tantas y tantas preguntas que a lo largo de mi vida le he formulado. Siempre me encontré con la misma respuesta. El no se esconde, siempre contesta. Por incomprensibles que te parezcan siempre tiene sus respuestas, Nunca se calla. No te pares, sigue, en algún momento lo comprenderás. Eso sí, no sabes cuándo. He ahí el dilema.
Ah, querido Papo Rubio, me complace hacerte saber que uno de tus hijos viene cada día a realizar lo mismo que tú hacías, cuando te acercabas a mi ventana, en los amaneceres, y picoteabas en los cristales hasta despertarme. Eso sí, e mucho más tragón que tú. Además, le gusta mucho el arroz y si es cocido, tanto mejor.
CADA DIA TIENE UNA ENSEÑANZA
Solo tienes que poner un poco de atención en tu vivir, para descubrirlo. Que pasé unos días con el ánimo, no en su mejor estado, quedó claro el día que hallé muerta a la compañera de Papo Rubio. Que no viví los días más eufóricos de mi existencia cuando me encontré con el cadáver del propio Papo Rubio, sería un necio no admitirlo. También es cierto que no sería menos necio si no me rindiera a la evidencia que la vida se compone de toda clase de situaciones y que los seres humanos debiéramos ser más coherentes admitiendo en cada momento cómo debemos vivir esas transiciones. Pasar de un estado de ánimo a otro, mejor o peor, debía formar parte de nuestra propia esencia. Porqué todo esto. Hace unos días, poco después de morir Papo Rubio, como digo, me quedé muy tocado de ala, por identificarme con mi desaparecido amigo. Pasaron muy pocos días de eso, cuando a mi ventana comenzó a venir aquella pareja que no supe discernir si eran dos hermanos o pareja de hecho para procrear. Lo cierto es que lleva viniendo otro Papito Rubio, igual que su padre. Este sí doy fe que es hijo de mis amigos, desaparecidos despertadores matutinos, vino a ocupar los espacios que sus padres gozaban. Con tal prestancia lo hace, que a los tres días de aparecer por mi ventana, cuando salgo y no le veo, le silbo de una determinada manera que tengo de hacerlo, e inmediatamente lo tengo revoloteando de rama en rama en el viejo roble o en los troncos que tengo acopiados para convertirlos en leña para el invierno. Y no solo eso. además del silbido, ha llegado a conocer mi voz y en cuanto hablo algo más alto de lo normal, aparece al igual que cuando me oye silbar. Comprobé que no tiene los mismos gustos que sus padres, por lo que he comenzado a ponerle arroz, en vez de pienso y grano. Y si éste está cocido, mejor.
Los que nunca faltan a la cita son Pico Amarillo y su compañera. Al no haber amanecidas demasiado frías este Invierno y principios de Primavera, sus cánticos no han sido tan variados y sonoros como otros amaneceres. Eso sí, vienen comen y se van. Ya vendrán tiempos mejores. Ellos, con sus enseñanzas, me educan en el no juzgar antes de tiempo ni hacer juicios de intenciones que luego se destruyen por sí solos. Me enseñan a ser paciente antes de emitir un juicio que luego resulta erróneo por prematuro.
¡Cuánto podemos aprender de la actitud de la Naturaleza en todas sus manifestacioens. Solo hay que saber leer sus mensajes o escuchar sus consejos.