EL CAMINANTE: LOS BUENOS RECUERDOS

 

No me cabe la menor duda que los buenos momentos vividos dejan maravillosos recuerdos que la mente jamás destierra. Por acumulación, los va archivando en los diferentes compartimentos, pero basta el mínimo detalle para, sin violencias, franquear la puerta de donde se hallan y sus vivencias se presentan ante uno con plena vigencia. Me hallaba  en plenas labores culinarias en el día de hoy, si mal no recuerdo es el cincuenta y cuatro del mal llamado confinamiento al que nos tienen sometidos este grupo de indocumentados que nos desgobiernan, cuando , rompiendo el silencio reinante un extraño ruido por encima del tejado de mi refugio, atronó los espacios. Con el pequeño cuchillo que tenía en mis manos para mondar las patatas con las que voy elaborar mi tortilla, salí corriendo a la puerta que me permite acceder al pequeño jardín de miles de hectáreas por el que puedo deambular sin encontrarme con nadie, en lo que a personas se refiere. Alcé la mirada hacia el cielo y un helicóptero pintado de verde, lo surcaba, cumpliendo alguna orden emanada de alguna de las privilegiadas cabezas que rigen nuestros destinos. Lo de privilegiadas es por los suculentos, tanto como inmerecidos, dineros que ganan. La vista del pájaro de acero volador, trajo a mi memoria el recuerdo de los tres hombres que comparten conmigo la fotografía que encabeza este escrito: Eduardo, Pepe y Diego. Tres profesionales como la copa del pino más alto de nuestros montes, que se jugaban la vida apagando fuegos para que nuestra verde e incomparable Galicia no se convirtiera en un lar de vegetación carbonizada. Tres jóvenes vidas que entregaron con abnegada profesionalidad en aras del cumplimiento de su deber. Para vosotros, entrañables e inolvidables amigos, va hoy, el recuerdo más íntimo y sincero que puede emitir este muy usado, que no viejo, corazón, por los maravillosos momentos compartidos. Un día, abusando de mis sufridos lectores, escribiré más ampliamente sobre vuestras vivencias profesionales por estas tierras de Beariz. La insignia  que cierra este escrito me la regaló el jefe de la escuadrilla, Eduardo, quien al entregármela reiteró su parlamento con una frase que silabeó mientras la prendía en la solapa de mi chaqueta: «No es la insignia de aviación, que también, sino que, además, es mi primera y más querida insignia» No lo olvido, querido Eduardo y cuando voy acostarme, al dirigirme a mi cama, le doy las buenas noches y un beso de recuerdo que te ruego compartas con Pepe Maroto y Diego Tomás, al igual que compartimos la fotografía de encabezamiento.   

 

EL CAMINANTE: COMO MATAR UN MIRLO AL AMANECER,

 

Desde muy niño, por lo que me enseñaron mis mayores, he sentido un enorme respeto por todas las instituciones que enmarcan nuestro devenir social y público, pero especialmente hay dos por las que tengo una muy particular devoción: La Guardia Civil y el el Cuerpo de Correos. De este último siempre me contaba mi padre lo del mensaje García. Me decía él: Un hombre que hizo el servicio militar en el Madrid del primer tercio del siglo XX, regresado a su tierra decidió escribir un carta a un compañero que había tenido en el ejército y que era de A Coruña. A pesar de la amistad, nunca se preocuparon en saber el uno del otro más allá de sus apellidos paternos, Recio el extremeño y García el gallego. Un buen día, Recio decidió interesarse por saber qué sería de aquel camarada de la mili. Le escribió una larga esquela, tan larga ella, como breve lo escrito en el sobre, en el que solo se leía: «Para García, A coruña». La carta llegó a manos del interesado. Eso es el honorable Cuerpo de Correos. La otra institución, por mí admirada, respetada y querida es la Guardia Civil. Siempre me sentí seguro en su presencia y ese traje verde elegido, me figuro que sería por el Duque de Ahumada, significaba la esperanza de algo bueno, aunque, en más de una ocasión tuviera que desembolsar, por méritos propios, una cantidad, algunas veces considerable, por infraccón cometida y justamente sancionada. Ayer, día 19 de Abril de 2020, de las pocas veces que me paro mirando la caja tonta, las palabras, no me atrevo a calificar, de un alto representante de mi querida y muy respetada Benemérita, disparó al corazón del mirlo que tantas veces entonó sus trinos en los amaneceres de sus catorce más sesenta y nueve años de vida. Sigo sin dar crédito a lo que escuché y tengo la esperanza de que, haciendo honor al color del traje que viste, sea él quien públicamente desdiga lo dicho.   

EL CAMINANTE: SIEMPRE SEGUIREMOS JUNTOS.

Amigo Pepe Cortizo recio tronco de esta tierra nuestra, nunca empodrecido, te fuiste como a tí te gustaba hacerlo, en silencio, sin ruidos. Tus ruidos eran alegrías y tus sonreires poemas que la brisa llevaba por doquier. Eras, ante todo, persona y en esa identidad afloraba el ser humano, incansable haciendo el bien y fabricando amigos con tu aportación en ir hacia adelante. Te admiré, como profesional, como compañero de tantas aventuras profesionales en Cataluña, en Madrid, en Venezuela y en otras muchas obras en las que dejabas tu impronta de toda índole, pero sobre todas las cosas, de la infinita dimensión de gran persona. Pepe Cortizo, no voy hablar más de tí, no es el día para ello. Precisamente hoy que, en la cavidad infinitésima de una urna, fuiste a unirte a tu amada esposa, hoy aniversario del mismo día que os unisteis en santo matrimonio. No puedo seguir querido Pepe, no puedo ni quiero. Me despido con tres reflexiones. Con tu entusiasta ¡Voy pallá! Con un lamento: No te perdono que me dejaras huérfano de tu amistad. Y, un ruego:Sé mi valedor ante el buen Dios para el día en el que Él me llame.

EL CAMINANTE: TODO SEGUIRÁ IGUAL O PEOR.

Admito que no figurará como un una pieza literaria, pero al menos nos invitará a reflexionar.                           Estamos escuchando en todos los medios de comunicación, que esta situación que estamos viviendo, va cambiar nuestras mentes e incluso nuestra actitud para con los demás. Personalmente pienso que no. ¿Por qué pienso así? Siendo niño escuchaba, cuando la guerra civil española terminó, frases más o menos parecidas. Cuando terminó la segunda guerra mundial, idem de lo mismo. En otras situaciones de más o menos calado social se dijo lo mismo. No fue así. Las buenas personas lo siguieron siendo, las malas continuaron con sus retorcidas y aviesas maneras de comportarse. En definitiva, el ser humano tiene tres memorias, la del pasado, la del presente y una tercera que germina en su cabeza en el presente para ponerla a funcionar cuando pase el momento que vive, para recordarlo como se le antoje hacerlo. Hasta qué punto es cierta mi reflexión, lo avala el sencillo y claro ejemplo del comportamiento de las personas en circunstancias tan críticas como las que estamos viviendo. Por todo ello, no es cierto que a partir del final de esta etapa marcada por el coronavirus la humanidad tendrá unas mejores maneras de ser. No, seremos iguales o si llega el caso bastante peores, porque nos culparemos unos a otros de los males propios y ajenos. Lo que sí quedará al descubierto de una forma descarada,  será nuestra indefensión como seres vivos, ya que un bicho insignificante,  puede condicionar y, de hecho lo consigue, todo nuestro vivir. Hagámonos grandes en nuestra pequeñez, siendo mejores personas. 

EL CAMINANTE: FILOMENA TRES HUEVOS EN DOS DÍAS. VERLO PARA CREERLO. ABAJO ESTÁ LA PRUEBA

       La oscuridad se adueñó de montes y valles. La aldea se adivinaba por las tibias farolas distribuidas por sus callejuelas. Llovía. La lumbre reclamaba su alimento y tuve que salir en su procura para mantener la casa caliente. A la leñera se llega en cuatro pasos. Nada más abandonar la cocina me sorprendió algo que se movía a no más de tres pasos de donde yo me hallaba, en la calle. Pronto hará un año que me operé de cataratas. Me colocaron unas lentes que, en ocasiones, tengo que parpadear varias veces para situarlas en su justa posición. Fue lo que hice. No daba crédito a mis ojos y repetí el parpadeo dos veces más. No era un espejismo. Allí, delante de mí, a las once de una noche lluviosa, una damita, menuda, empapada, exhausta, apenas podía con el agua que empapaba su plumífero traje, Filomena, así la bauticé en cuanto la ví, con un piar mortecino, me pedía ayuda. De pronto cambió de opinión y en cuanto intenté agarrarla se escabulló y me tuvo un buen rato sin permitirme socorrerla. Al fin lo conseguí. Cuando se vio en mis brazos y le dirigí unas tiernas palabras, se sintió confiada y querida. Le preparé un cuarto para que secara su ropaje y pasara la primera noche en previsión de un amanecer más acorde con sus necesidades. Esto sucedió antes de anoche, o sea el Viernes Santo. Ayer le preparé un habitáculo  más en consonancia con su status y hoy, como corresponde a los bien nacidos en lo que a agradecimientos se refiere, la visité, me preocupó no verla ni escuchar su quedo piar. De pronto, ¡o sorpresa! en un agujero de la pared, donde en algún tiempo se ponía un candil para alumbrar la estancia, allí estaba Filomena con un regalo para mí. Me emocioné como un tonto, había puesto un huevo, con seguridad, para agradecerme mis atenciones con ella. ¡Cuántos tenemos que aprender los humanos de los seres sencillos que continuamente nos dan lecciones de comportamiento!

EL CAMINANTE: DIRECTO AL CORAZÓN

                                                                                                                                                                                                                                         Hay una máxima, que para mi desgracia no practico mucho, que me encanta: «Bonum si brevis, bis bonum» Todos conocéis la traducción: lo bueno si breve dos veces bueno. Pues bien, contra mi costumbre, digo, hoy seré  muy breve. Terminé de tomar mi desayuno y me dirigía a la ducha y al subir el primer escalón me vino a la mente una reflexión que quiero compartir. Ya sabéis que el pasado año, yo peinaba sesenta y cuatro años más dieciocho, por lo tanto este dos mil veinte, tengo sesenta y nueve más catorce. Las razones son fáciles de dilucidar, pero no voy entrar en estos momentos en esas derivas, sino en deciros que la edad, según me recuerda siempre una muy querida  admirada amiga, dama navarrica ella, que la edad no es otra cosa que «un estado de ánimo».  En cuanto termina la frase, recalca que no es suya la reflexión. No importa, pero es así. Nuestro insigne y admirado doctor Gregorio Marañón decía que la edad del hombre, «es la de sus arterias». Yo no tengo inteligencia para crear un pensamiento tan profundo, solo me remitiré a mi propia existencia y que hago extensiva a todos los que, más o menos peináis los mismos años que yo. A Dios ponto por testigo de que no lo digo por propia floritura, aunque mi ego sea un globo lleno de oxígeno, sino porque vosotros, a los que hoy quieren denostar, si yo lo hago, podéis hacerlo igual, escribir grandes relatos, asistir a las clases de la Universidad para a mejorar lo que os apetezca, enamorarse, enamorarse, sí. Todo ello está ahí, a nuestro alcance. Y tirando de refranes, ahí va el último: «Lo que hace un necio, lo hacen ciento». Pensaba ser más breve, pero soy como el alacrán. Va con conmigo. Os quiero 

EL CAMINANTE: NO QUIERO MORIR…

                                                                           No quisiera hacer con mis expresiones, una defensa a ultranza de mi manera de pensar y por lo tanto que prevalezcan mis pensamientos sobre los que otras personas puedan tener. Nací el 28 de Septiembre de 1936. No dejó de ser un día más para todos los que vivían en el mundo en aquella fecha, incluso ni fue impactante para la gente de mi aldea, Beariz, ni siquiera para mi familia, antes que yo habían venido ya siete más. Ni redoblaron las campanas ni se celebró ningún festejo. Así de normalito fue mi venida a este mundo. Y, así también fue mi caminar por la vida. Comencé a los cuatro años, no a ganarme el trocito de pan que me correspondiera en el reparto familiar, nunca pasé hambre, y no me ganaba ese pan, pero sí llevaba las vacas al prado para que los mayores de la casa no se distrajeran de sus labores de mayor enjundia. Me preparé para, después, de mayor, tener una calidad de vida acorde con mis capacidades. Busqué una joven que accediera a conformar conmigo una familia. Conseguí, para mí, la mejor. Cuatro hijos (4) llenaron nuestra vida de felicidad. Ellos nos regalaron nueve nietos (9). Trabajamos día y noche para sacarlos dignamente adelante. No disfrutamos unas vaciones hasta que llevaba seis años trabajando. Estuve un año haciéndolo en dos empleos a la vez (18 horas diarias, con una en el cambio) Ella, la que conjugó, aglutinó, ordenó, la buena compañera, amante esposa, adorable madre, nos dejó cuando todo nos sonreía… Mantuve vivas mis ganas de trabajar y lo hice hasta que la prudencia me aconsejó que lo dejara. Escribo, publico y aún voy a la Universidad, de alumno, para mejorar mi calidad literaria. Me he vuelto a enamorar de una encantadora joven que me respeta y la respeto. Ignoro dónde estará  su límite para aguantar a este Cascarrabias Gruñón, pero de lo que estamos ambos convencidos, es que el tiempo que hemos compartido hasta el presente, ha sido un regalo maravilloso de la Vida. En ese recorrido de mi vivir, pasaron: Una guerra civil, una guerra mundial, otra guerra, mal llamada fría, un sin fin de crisis económicas e innumerables situaciones de todo orden que con mayor o menor intensidad influyeron en mi vida, y de todas salí airoso. Llegamos a este mes de Enero de 2020, aparece «coronavirus» y a unos cuantos mal nacidos solo se les ocurre sentenciar a muerte a toda esa gentecilla de nada, haciéndola de la manera más ignominiosa que se puede hacer, tal cual si fueran unos  apartaderos de las ganaderías: A estos a los pastos del valle a estos otros a los cerros, a los de ochenta (80) al matadero. ¡Mal nacido………………….!si tú estás donde estás es porque esos que tú mandas al desolladero, son los que te creamos el mundo en el que tú indignamente vives. Soy creyente y el día que el Dios en el que creo, me diga (Hasta aquí has llegado, vente) me iré a gusto, pero tú ¡MALNACIDO!,no tienes derecho a romper mis ilusiones y mis ganas de vivir. NO QUIERO MORIR.     

EL CAMINANTE Y LOS ÁNGELES DE BEARIZ

No es momento de lanzar al viento florituras que a nada conducen, sin embargo, es mi personal opinión, sí lo es de reconocer la magnífica labor que hace un grupo de personas que, cumpliendo con un deber profesional que les honra, añaden un plus humanístico que convierte su impecable comportamiento en algo que obliga a este humilde emborronador de folios, pregonar a los cuatro vientos que se merecen el calificativo de ÁNGELES DE BEARIZ. Destacaba hace unos días la profesionalidad de la Guardia Civil, del impecable y docto equipo médico que vigila nuestra salud y de las personas que cuidan de nuestros mayores en la Residencia San Antonio. Hoy, reiterando de nuevo mi reconocido agradecimiento a todos ellos, dedico una especial y muy loable mención, a las personas que con una entrega de inmensa humanidad los ÁNGELES DE BEARIZ, prestan su apoyo incondicional a todos aquellos que, no pudiendo valerse por sí mismos, encuentran en estas jóvenes y algún varón que también hay, a la samaritana amorosa que consigue, con su bien hacer, que su vida sea más llevadera en los años que la naturaleza se deteriora y no puede dar una respuesta adecuada a sus necesidades. Para ellas, en nombre de todas las personas que son atendidas, valga este público, justo, humilde y sincero reconocimiento. Tampoco puedo dejar en mi pluma, la tinta que le queda, sin hacer mención a la magnífica labor que realiza nuestra Monitora del Aula Cemit, Antonella Lizza, siguiendo con sus enseñanzas por «teleclases» para que sus alumnos sigan activos. ¡Cómo ignorar la siempre loable labor de Marta, nuestra servicial y eficiente bibliotecaria, llevando a quien lo solicite el libro que le apetezca leer. Y qué decir de nuestras Farmacéuticas, ahí siempre dispuestas a mitigar nuestros dolores y necesidades con su bien hacer.  Gracias de todo corazón. Gracias, también a los dos comercios que solícitamente atienden nuestras necesidades alimentarias ¡Qué poco reconocemos y hacemos nuestros, los valores de personas tan significadas que conviven con y por nosotros! Deberíamos aprovechar estos momentos de soledad, y mirar un poco hacia nuestros adentros para intentar hacernos más dignos de nosotros mismos siendo coherentes con nuestro vivir y con el comportamiento con los semejantes.     LOOR Y AGRADECIMIENTO, a quienes lo merecen. 

EL CAMINANTE: RESIDENCIA SAN ANTONIO DE BEARIZ

           Como diría el clásico,»el dia que la FUNDACIÓN SAN ROSENDO decidió construir la RESIDENCIA SAN ANTONIO PARA MAYORES en Beariz, vino Dios a vernos». En efecto, Beariz es uno de esos Ayuntamientos afortunados que tiene en sus pagos unas instalaciones donde residen, dependiendo de las fechas, unas cincuenta personas de avanzada edad. Al menos desde que yo la conozco, de ello pasan ya de los dos lustros, me maravilló la limpieza de todas las áreas de las instalaciones. Es una de las primeras exigencias que la dirección de la Residencia exige a las profesionales de la misma. La limpieza está en consonancia con la que  exhiben los residentes. Con mis propios ojos presencié el ingreso de alguno de los ancianos, cuya ropa era el auténtico reflejo de las condiciones de habitabilidad que tenía en su vivienda de origen, deprimente. Por supuesto que esa ropa desaparecía de inmediato y el aspecto externo del recién llegado era totalmente diferente, como otra era su humanidad al cabo de pocos días de su ingreso. Recuerdo a más de cuatro que, cuando ingresaron, no se tenían de pie, otros no comían solos, alguno había perdido el hábito del habla y en un tiempo increible ni necesitaban que nadie los alimentara, bailaban como peonzas, aquellas que no se tenían de pie, las cotorras se quedaban cortas escuchando a los que, al ingresar, eran incapaces de pronunciar su nombre. Todo ello, gracias a la profesionalidad de una dirección que en ningún momento baja la guardia y un personal con vocación de entrega a los demás y por los demás. Unos días se puede trabajar en una residencia de la forma que ellas lo hacen, pero sin vocación de amor al prójimo no hay quien lo aguante. Comentario aparte merecen, además de lo anteriormente dicho, en primer lugar la entrega, conocimiento de la profesión y amor por el fiel cumplimiento de sus deberes, de la dirección del centro. En segundo lugar, la enfermería. Desde hace bastantes años, esta sección está en manos de una profesional de quien bastaría con decir que nació para servir a los demás y por todos los medios evitar que el prójimo sufra el más mínimo dolor si se puede evitar. Para que todo se acomode a lo que en cada caso procede, el Doctor Dobarro hace diariamente la visita para comprobar y poner al servicio de los internos su densa y generosa profesionalidad. Y como tercer elemento, las actividades en que deben ocuparse los residentes en los momentos de relax. Una creativa, inquieta e inteligente monitora, consigue que hasta los más reticentes sientan la necesidad de realizar actividades por lo que esperan el reconocimiento de los demás, amén de la propia monitora y, por supuesto, de la dirección. Determinados días a la semana también cuentan con la competente profesionalidad de un fisioterapeuta, quien es inflexible en toda clase de ejercicios, por cuyo exigente  cometido, nada cómodo para quien lo s realiza, me supongo recibirá una bien merecida compensación económica, lo que no tengo que suponerlo, porque lo he comprobado decenas de veces, son la sarta de insultos por lo que toda su familia y en especial su buena madre, debe bañarse cientos de veces al día. También hay otra labor muy provechosa que es la que consiste en dar masajes a los que precisan de ellos, que reciben como un regalo especial para su relajamiento corporal. En estos momentos que vivimos con la invasión mundial de la devastadora «coronavirus», la dirección de la residencia de acuerdo con el doctor Dobarro, han establecido un protocolo de actitudes que les está dando un resultado encomiable y digno del mayor de los éxitos en pro de la población de mayor riesgo, como lo es todos los internos que allí tienen su residencia. Solo me resta rogar al Dios en el que creo, que ese esfuerzo tenga el mejor de los resultados. A don Benigno Moure y a su equipo, después de reconocer que el valor más cotizado de su Fundación es el que aporta el equipo humano que la compone, de manera especial, el que consigue que la Residencia San Antonio de Beariz, despierte la admiración de todos los que la conocemos, después de eso, digo, agradecerle que eligiera nuestro pueblo para honrarnos con la que tenemos.  

EL CAMINANTE: JUSTO RECONOCIMIENTO

 (NOTA ACLARATORIA) Cuando el amable lector llegue a la frase donde el incompetente escribidor pone «…las infecciones…», en ningún momento quiso decir eso sino «…las inyecciones…»                                                                                    Dicen los que saben de eso, que Dios escribe derecho con líneas torcidas. A lo mejor tienen razón. Y deben tenerla cuando el acerbo popular, durante siglos ha mantenido vigente su decir. En estos momentos que vivimos, nuestra querida España, atraviesa una situación nada halagüeña. Se quedaría en una anécdota para las generaciones venideras, si cada día no se contaran por cientos los cadáveres que ya no caben en los cementerios. Presume el pueblo español, y razones no le faltan para ello, de tener la mejor SANIDAD del mundo. No lo niego y a los hechos me remito. La mejor SANIDAD sí, en lo que a profesionales y modus operandi del cotidiano vivir se refiere. Eso nadie lo niega, al contrario, todos lo ratificamos. En la parcela que más directamente nos atañe, en ella estriba el fundamento de todo lo demás, donde se amasa el pan de cada día, de donde salen los alimentos que luego llenan los estantes de los grandes centros comerciales, y a continuación llenan las despensas domésticas, donde viven las gentes que nadie se acuerda de ellas, existen unos profesionales que consiguen con su bien hacer, que todo eso se haga realidad. En el rural gallego, el más longevo de la humanidad, hay personas sencillas, casi anónimas que consiguen que gentes en el ocaso de su existencia sientan el calor y la humana profesionalidad de sus comportamientos. Me refiero a las personas que combaten el sufrimiento ajeno con su grandiosa humanidad. Beariz, un municipio de la provincia de Orense, el último, antes de entrar en la marinera Pontevedra, será y casi podría asegurarlo, una de las comunidades con edades más avanzadas de nuestra Piel de Toro. Ya sabemos lo que suponen los años sobre las espaldas de las personas. Pues bien, Beariz lleva unos años siendo cuidado, sí, cuidado por el Doctor José Dobarro. Don José, para los vecinos, es un hombre sencillo, afable, breve en su sonreir y desgarbado en su andar. Su hablar destila humanidad, su alborotada y rizada cabellera permite que la brisa se en rede y se divierta en ella y en esa diversión va engarzada su despreocupación por lo superfluo. Excelente profesional, destacado en sus estudios como  epidemiólogo con menciones destacadas, conocedor de los sufrimientos humanos como pocos, pero todo ello nada sería al lado de la gran PERSONA  que es y se muestra con sus pacientes. Su humanidad es tal, que si la naturaleza quisiera regalarle una poquita más, no tendría donde ponerla. Como tanta perfección no es propia de lo humano, algo tenía que llevar de contrapeso: Lo despistado que se muestra en gran parte de su comportamiento. y a él no le duelen prendas reconocerlo. Con seguridad que irá pensando en sus queridas abejas, a las que dedica sus pocos momentos de asueto. Tan insigne doctor no podría tener a su lado otras personas que no fueran: Daniel García, ENFERMERO. Daniel no le va a la zaga a su jefe en lo que a calidad profesional se refiere. Dani, para los que le queremos, que somos todos los que tenemos el placer de tratarle, agradecerle, admirarle e incluso sufrir las caricias de sus pinchazos, las inyecciones que pone Dani, no las sientes, es esa clase de PERSONAS buenas, sí, con mayúsculas, que Dios pone en el mundo, para compensar tanta estupidez, ignorancia, maldad y otro tipo de iniquidades que honran a muchas gentes. Si tiene que explicarte algo, lo hace con tal sabiduría y sencillez que hasta los ignorantes lo entendemos. Si de orientaciones se  trata, tómalas en consideración, porque por su boca habla la sabiduría con el profundo conocimiento que tiene de lo que dice. No podría encontrar mejor compañero de viaje el Doctor José Dobarro para hacer el camino del bien en pro de los demás. Como no hay dos sin tres, a los dos señores ya reseñados se les une, por azar del destino Celso Bernárdez. Siempre lo he dicho y lo mantendré hasta el final. Mi largo caminar por el mundo me ha enseñado muchas cosas y una que aprendí y contrasté en cientos de ocasiones,  la calidad del hotel escogido para hospedarme, me la daba el personal de recepción. Cuando en la presentación del mostrador correspondiente, alguien amable, eficiente, correcto y que mira a los ojos, me atendía, estaba seguro que había acertado con el lugar deseados. Llegar a la visita del doctor Dobarro o del Enfermero Daniel García y ser atendido por Celso Bernárdez, las dolencias, si las hubiere, comienzan a ser menores. Es Celso, hombre de pocas palabras. breve en el sonreir, amable en el trato y PERSONA donde las haya. Ya sea en consulta telefónica o personalizado, siempre tiene la frase correcta para la aseveración o la disculpa, si el caso lo amerita. Tiene Beariz, hoy por hoy el mejor equipo médico que pudiera desear en sus mejores pretensiones. En estos agobiantes momentos que vivimos, como decía al principio, nuestro equipo MÉDICO, el desvivir de nuestro alcalde Manolo Prado, orientando a sus gentes para que guardemos las normas de conducta que el sentido común nos aconseja y la vigilancia, siempre admirable y respetuosa de la GUARDIA CIVIL con su Comandante de puesto al frente para que nadie transgreda lo prescrito por la ley, Beariz es hoy y quiera Dios siga siendo, un paraíso donde la tranquilidad y la paz se enseñorean por doquier. QUE SIGA.