No me sentí rejuvenecer, al pisar el aula universitaria. A mis setenta más once años, no me sentí, en absoluto, incómodo. Ni siquiera sentarme al lado de jóvenes que, por edad, todos ellos podrían ser mis nietos. Sentí una emoción especial, prestar atención a una profesora que, con una densa formación, impartía unas normas, para que mis conocimientos sobre la materia de que trata el curso, en el que estoy inscrito, sean un poco más amplios.
Posiblemente haya quien pueda pensar, y es muy libre de hacerlo, que esta intromisión mía, en el interés de ampliar mis conocimientos, pueda considerarse una pérdida de tiempo o lo que es peor, que pueda hacerle perder el tiempo a una profesional, que me dedica una pequeña parte, la que preciso, de su valiosísimo, tiempo en explicarme algunos de llos conceptos, por los que tengo interés. A quien así piense, le puedo asegurar,, que está en un craso error. Intento estar pendiente de todas las preguntas que se se le hacen a la profesora, por parte de cualquiera de mis compañeros. Y cuando yo realizo alguna aclaración sobre las dudas que pueda yo tener, siempre intento que su aclaración, sea útil a muchos de mis colegas.
No quiero cerrar este comentario, sin decir a todas las personas que tengan inquietudes de ampliar sus conocimientos, sobre cualquier materia que le interese, que no tengan el mínimo reparo de romper cualquier tabú que se le pueda pasar por su cabeza. Es maravilloso contrastar que lo de los años, para determinados conceptos, no es sino un razonamiento inventado por el hombre, en un momento de aburrimiento. Aburrimiento que sufría, en ese instante, quien lo inventó. La mente, siempre debe tener las puertas abiertas, para que todo lo que venga, pueda entrar y enriquecer es espíritu, en el conocimiento.
POQUITA COSA YA ES MADRE.
Mis sospechas de que Poquita Cosa debía haber parido se confirmaron. Pregunté a todas las personas que, de una u otro manera, hubieran visto a la perrita en alguna ocasión. Una señora que, por hallarse muy limitada en sus movimientos, se pasa muchas horas en su balcón, me dijo que la había visto.
–Xa non ten barriga (ya no tiene barriga). Como es natural ello me confirmó definitivamente mi sospecha de que Poquita Cosa, había parido. La busqué por todos los lugares que, en buena lógica, debía haberlo hecho. Pero la lógiica de los humanos, tiene poco que ver con la lógica de los perros, al menos con la de Poquita Cosa. Horas y horas de búsqueda infructuosa. Pero la constancia y el pararse a pensar, de vez en cuando, si no te aseguran el éxito, te acercan a él, de manera inexorable.
Casas viejas deshabitadas. Cuadras vacías, sin puertas. Acceso
libre a quien lo deseara. Todo inútil. Una cuadra cerrada, con tarabelo y llave. Orificio limpio sin ninguna hierba en la proximidad de la entrada. Intimidad y privacidad absolutas.
Desde un lugar discreto, monté la guardia. Si era allí, Poquita Cosa no tardaría en salir o entrar, dependiendo de si estuviera fuera o dentro, como es lógico. Después de varios meses sin caer una gota de agua, comienza a llover.
La recibo con mucho gusto. La necesitamos. Mis sospechas se confirman. Por una callejuela que desemboca en la calle principal, que en realidad es un camino, baja corriendo Poquita Cosa. Casi ni respiro, por si, mi aliento, ella lo percibe y evita, lo que tanto deseo. Acelera el paso y se dirige hacia la puerta, de la que yo sospecho. Corre y, en efecto, se mete por el agujero que yo pensaba, que era su puerta particular. Sin perder un segundo, me voy hacia la puerta, ansioso por ver lo que hay dentro. Poquita Cosa, no solo ha elegido un lugar íntimo, además la puerta tiene tarabelo y llave. Me convierto en un asaltador de cuadras y consigo abrir, después de mil dificultades.
Ya dentro me encuentro con, dejo de hablar y que lo digan las imágenes. El blanco y el gris, sé de quién son hijos.
El negrito, ese no es si es que se pasó de playa, tomando el sol o bien, al padre no conseguí verlo nunca.
A lo mejor es de una generación remota, dicen que hasta la antepasada doce, puede dejar huella de su existencia
Este es el padre de…..no hay duda
Este es el padre del gris marrón
Pero ahora, los muy sinvergüenzas, ni señales de vida dan. Si Poquita Cosa no buscara y Pepe no proveyera….Son unos malos e irresponsables padres. en cuanto ella dejó de darles placer, la ignoraron y la dejaron que se arreglara como Dios le diera a entender. ¡¡Qué injusta es la vida donde el egoismo es el santo imperante!! Y cuánta similitud hay entre ……… Ahora, hasta que le busquemos una casa que garantice un buen cuido y mucho cariño, no les faltará de comer. Acaricié a Poquita Cosa cuando la felicitaba, por ser madre y no os imaginais, lo cariñosa y contenta que se puso. ENHORABUENA FELIZ MADRE.
POQUITA COSA TIENE PROBLEMAS
Que Poquita Cosa tiene problemas, es fácil imaginarlo. La encuentro por la calle, la llamo, ella viene, pero solo hasta una distancia prudencial. Incluso cuando me ve, procura esconderse debajo de cualquier cosa que encuenttre a su paso.
La otra mañana lo hacía debajo de unas sillas que se hallan en la acera. La llamo y la respuesta es la misma. Me mira, mueve el rabo en señal de saludo y sigue su camino. A veces, si intento acercarme a ella, acelera el paso, haciendo que su vientre cargado de vida, cada día se le nota más, se mueva con garbo de futura madre.
Reepito, su comportamiento conmigo me extraña y me preocupa. Intento sondear las razones que puedan crear esa situación y, tomando un café, escucho a uno de los señores que compartían barra que habla de una perrita que anda por la calle y él intenta agarrarla porque quiere bañarla. Loable intención. Pero Poquita Cosa, tiene sus propios criterios sobre la higiene y le huye. Tantas veces lo intentó como ella se escapó. He ahí la razón que tiene ella de no permitir que nadie se le acerque. Su vientre anuncia un pronto parto.
Hace tres días que no la veo. Recorro los sitios que normalmente ella frecuenta y no consigo dar con ella. Me preocupa. Seguro que ha parido y está vigilando a sus cachorros. Seguiré buscando
FELICIDADES LEONARDO
Ya ves, querido niño, que no me esfuerzo mucho en poner un título rimbombante, y eso es por una razón muy sencilla. Tú, que hoy cumples 11 años, llenas toda una página maravillosa de la vida, con tu incipiente adolescencia. Eres, querido Leo, como te gusta que te llamen, un niño cuyo comportamiento es tan correcto, tan cónsono con la buena educación, tan hambrón de saber, tan aprendiz de lo bello, tan respetuoso y sobre todo tan buena persona, que no necesitas títulos que eleven la imaginación a los etéreos espacios de lo intangible. Si lo bello lo tenemos aquí, en lo sencillo, en lo cotidiano, en el regalo de una sonrisa, en el perfume de una flor, en una gota de agua en el cristal, en el beso de una madre, en tantas cosas que se nos pierden porque no nos paramos a contemplarlas. Y tú, entrañable Leo, estás comenzando a caminar, estás empezando a dar la bienvenida a los amaneceres y el hasta luego, a los atardeceres que se llevan el sol a dormir y yo solo te voy a regalar un consejo, que no pierdas lo que hay entre esas dos situaciones. Despierta cuando el sol llegue y vive hasta que el sol se despida. Vive cada momento como hay que vivirlo. De niño, de joven, de mayorcito, de mayor y hasta que tu línea se convierta en segmento, que pido al Dios en el que creo, te permita que sea lo más larga que desees, siendo muy feliz. Y para rematar, un ruego, respeta para ser respetado. Un fuerte abrazo, querido Leo y muuuuyy feliz cumple.
EL OTOÑO PREPARA SUS PINCELES Y SU PALETA
Viene despacio. Este año el Otoño, llega perezoso. Incluso, llevando más de un mes caminando, aún no ha sacado ni su paleta ni sus pinceles de la caja. Es el paisaje quien le recuerda que tiene que mudar el traje para visitar al invierno, pero él, ni caso le hace. Hasta yo.
Hoy, invitándolo a mi casa, encendí el hogar, por si viendo salir el humo de la chimenea, se anima y acelera un poco el paso. Ni por esas. No, no estoy ansioso porque llegue, estoy asustado porque no viene. Los colores con que él pinta el paisaje, deberían seguir el proceso natural. Al igual que a las personas, al paisaje se le transforme el color por el procedimiento natural. Que el verde se convierta dorado, lo mismo que mi cabello negro a dorado antes de convertirse en una auténtica escarcha en noche gélida de Enero. Tengo miedo, tengo miedo a los fuegos que aún pueden venir a vestir de luto nuestros incomparables paisajes Dicen que la Naturaleza es sabia, a veces uno tiene que dudarlo. También puede ser que la maldad y el poder destructivo del hombre sean más poderosas que la sabiduría de lo que siempre hemos admirado y creido. Muchísimas veces he repetido, ante quien lo ponía en duda, que en Galicia llueve siempre que se necesita. Se me duerme el argumento y pierdo hasta la fe en mis aseveraciones. El que sigue su proceso es mi vida. Por alguna razón nací recién estrenado el Otoño y mi devenir se va ajustando a los tiempos. A la imagen me remito. Mi hermana nació un poco antes.
Ella fue la que me acunó en mis primeros años. Me enseñó a caminar los primeros pasos y, son su admirable creatividad, me enseñó a soñar despierto. Ahora, cuando la acaricio y la beso, le dice a quien la escuche y si no hay nadie, se lo dice a sí misma: «Que señor más bueno» Me desgarra el alma. Si le pido un beso me lo regala, no me lo da. Yo quisiera que me riñera, que me abrazara, que me besara, que me pidiera cosas como lo hacía en mi niñez. Ahora solo me mira, pero no me ve. Eso sí, el amor que le tengo, no merma, pero tampoco encuentra destino. Va y no llega. Regresa al recuerdo
Me dejo ir y lo que contempla mi vista es bello. Nadie lo duda. Pero algo se descoloca. No es lo que procede. ¡Que no es lo que procede! Y ¿Qién soy yo para decir lo que sí o no procede a la Madre Naturaleza? Cierro los ojos y me abandono. Será la manera de no pensar lo que no debo. Solo una aclaración antes de cerrar los ojos. Las fotografías son de hoy.
ZUMBEANDO EN RIBAS CON SOLE
La verdad es que ignoro si existe el verbo «zumbear». Sin embargo por la actividad que se desarrolla, practicando una de sus acepciones, que es pasárselo bien, si no existiere, yo lo aplico a determinados momentos de mi vida. En este último viaje a la Capital del Reino, mi hija Beatriz me invitó a que la acompañara a una de sus múltiples ocupaciones, fuera de su profesión. En previsión de cualquier contingencia, yo me llevo, por donde quiera que ande, mis equipos para no quedar fuera de juego si el momento lo propicia. En mi maleta metí la ropa de zumba, en Beariz también lo practico. Desde luego ocupa tan poco la malla y el jersey, que sería un delito que surgiera la oportunidad de bailar y por falta de medios, no lo hiciera. Total, que me fui con mi hija a clase de zumba.
Zumba, para los no iniciados, es una danza, donde el arte, la sensualidad, la gimnasia, la plasticidad y los movimientos más armoniosos se conjugan de tal manera, que al practicarla te transporta a espacios ignotos cuya visión te relaja y te transforma. Junto a un cadencioso movimiento de todo tu cuerpo, surge el grito salvaje de intentar llegar más lejos, subir a los etéreos espacios de la pasión y bajar a la ternura infinita del amor más sublime. Sole, es la Profe que dirige ese grupo de jóvenes damas, quienes, después de una jornada dedicada a la lucha del día, buscan en la zumba un momento de libertad física y espiritual. La profesora con su pelo recogido y marcando en la expresión de su rostro. el significado de cada movimiento, para que, quienes intentamos imitarla, lo hagamos lo más parecido posible, se contorsiona hasta el extremo de temer por su integridad.
En su rostro luce la mejor de las sonrisas, intentando contagiar a las entusiasta alumnas, mi presencia no amerita que cambie el topónimo a masculino,. Todas y yo lo intentamos. Alguna se aproxima, pero Sole debe engrasar sus cadera con un aceite tan especial y personal, que solo en las olivas del esfuerzo y ejercicio continuo, se cosecha. Gracias Sole por tu aportación para que las personas que compartimos contigo estos gratificantes momentos, le demos un sentido especial a nuestras vidas. ¡¡¡¡ A ZUMBEAR!!!!
POQUITA COSA Y LOS DEMÁS SE ENFADAN CONMIGO
Por un montón de razones que no voy a relatar, tuve que ausentarme casi un mes fuera de Os Cotiños. A mi regreso, todo estaba igual que se encontraba en el momento de mi partida. Bueno todo igual, no. Lo que no se mueve, todo aquello que depende de los demás para hacerse notar, eso estaba tal cual lo dejé. Pero aquello que tiene vida, que, stando yo o no estando, puede subsistir, eso, amigos míos, no me lo perdona. Y, si lo hace, será cuando yo de mil maneras diferentes,y adecuadas a casa caso, entone el «mea culpa»Ni Gayo, que, con la cantidad de bellotas, insectos y toda clase de frutas que abunda por doquier,ni aparece por aquí. Pico Amarillo, tres cuartos de lo mismo. Rubiales. Bueno Rubiales, en cuanto falto dos días, ya se enfada y me ningunea hasta que me necesita de verdad. «Ya vendrá el tío Paco con la rebaja» Ya vendrá el invierno, si la segunda parte del año 2017 tiene invierno. Porque, hasta el presente no tiene trazas de que lo tenga. Hoy es el 9 de Octubre. Temperatura máxima en Os Cotiños, 33 centígrados. Pero, por algo yo tengo un abanico chino, osea de 360 grados. Un mes es mucho tiempo y yo necesitaba saber, de alguien que, sí me preocupaba. Tenía necesidad de saber cómo estaba Poquita Cosa
Me costó encontrarla. La busqué por varios sitios que, más o menos, pensaba que puiedra estar, pero todo fue en vano. De pronto, allá, a lo lejos, caminando por el centro de la carretera, divísé un bulto pequeño que se movía. Me dio un vuelco el corazón. Fui hacia él y, en efecto, era ella era mi Poquita Cosa.L
La llamé, pro ni caso me hizo. Insistí. Le ofrecí algo de comida y se resistió, pero al fin accedió a saludarme, bueno, saludarme, no, permitió que yo la saludara. No mostró ninguna alegría por volver a verme. Tendré que ganármela con muestras prácticas y comestibles. Estaba seria, incluso, creo que triste. El vientre, con claras muestras de gestación. En estos próximos días, me voy a preocupar de hacer un seguimiento y ver cómo evoluciona el vientre hasta dentro de unos 40 dís que le faltan para parir.
Le dije que se viniera conmigo, pero me miró con cara de sorpresa y de incredulidad. Entendí que quiso decirme que no era persona de fiar. Que lo mismo estaba que no estaba. De esa manera, ella no me hacía merecedor de su confianza
Acepté sus reprimenda, pero le prometí, que en el cuenco de granito, donde la ponía la comida antes de marcharme, a partir de hoy, la seguirá teniendo. Confío que se restañe esa confianza perdida y volvamos a ser buenos amigos. Aunque a decir verdad, por la carita que puso cuando se lo dije, no las tengo todas conmigo.
Hace poco más de un mes, la galanteaban una jauría de pretendientes. Hoy, sola y abatida, pasea su soledad por calles y caminos. Ni siquiera, el saber que dentro de unos días, gracias a ella, otros seres tendrán vida, le sirve de consuelo. ¡¡Qué bella es la vida y qué ingrata a la vez!!
UN CUMPLE AÑOS PLETÓRICO
Difícil superarlo, aunque se intentará. Hace setenta más once años, que una bellísima Dama, dio a luz a un niño que, en sus principios fue muy beneficiado por la Madre Naturaleza. Luego, los vientos y otros elementos enemigos de lo bello, deterioraron bastante. Besos y felicitaciones de los que compartimos casa, estos días en Madrid. Visita programada al Cardiólogo, con resultado muy alentador. Eso sí sin garantía alguna de continuidad. Mi paseo cotidiano de 13 kms. Almuerzo con mi Parte Luminosa y los suyos. Un momento de relajamiento y al trabajo. A continuar con Samuel, el camino de su existencia. Le estoy acostumbrando muy mal, si no le acompaño, ni se mueve. A las 5 de la tarde, hora taurina, no, no fui a la Plaza de Toros.
Una vez más, los buenos oficios de mi efeciente Manager, Ana Rodriguez Muradás, me recordó que tenía que hacer una visita obligada a la Casa de Galicia, en Madrid. La razón no era otra que una muy especial Exposición. A fe que una vez más, Ana tenía razón. En efecto, en la Casa de Galicia en Madrid, un vecino de Beariz, convertido en un prohombre de la Arquitectura y otras cosas más, Daniel Vazquez Gulías, un aldeano de la Parroquia de Beariz que estudió la carrera de Arquitecto, realizando proyectos que siguen y seguirán por muchos años, pregonando su capacidad creativa y el buen gusto para plasmarlo un sus obras. Su inventiva, le llevó, incluso, a elaborar el primer Cava Gallego de la historia. En la visita a la Exposición tuve la fortuna de conocer a la nieta más joven del prócer Arquitecto, Lucila Vázquez Gulías. Durante la conversación, pude descubrir a una gran Dama, joven y bella, cuyos encantos físicos van acompañados de una humanidad encomiable, un amor por su abuelo que la enaltece, además de unos lazos de amistad, entre nuestras familias, que vienen desde muchísimos años ha.
Desde la Exposición de mi Insigne Paisano Daniel Vázquez Gulías Vázquez, en la Casa de Galicia, me dirigí al Auditorio Nacional a escuchar la 8ª y la 9ª de Ludwig van Beethoven, interpretada por la Orquesta Santa Lucía. Cualquier comentario que hiciere respeto a lo escuchado, sería una auténtica obviedad. Solo diré que fue un maravilloso colofón para celebrar mi entrada en la decena fatal de los ochenta, por cuya razón no admito denominarla así, y habiendo nacido el 28 de Septiembre de 1.936, el 28 de Septiembre del año 2017 cumplí 70+11 años. Y, si, quien tiene potestad para ello, me lo permite, el 28 de Septiembre de 2018 cumpliré 70+12.

LA ACTITUD DEL AVESTRUZ, MODELO PARA MUCHOS
En realidad, vivimos tiempos difíciles. Sin embargo tenemos que rendirnos a la evidencia que, no son mejores ni peores, que otros han sido. Hace más de cinco mil años que los sabios de un pueblo que mantenía el orden en gran parte del orbe, decían «El mundo está condenado a la desaparición, porque los jóvenes no escuchan a los mayores.» Han soplado muchos vientos y han llovido muchas aguas y el pensamiento de aquellos hombres, tiene, en el día de hoy, tanta vigencia como tenía en aquellos momentos. Y la siguió teniendo en todos los tiempos que han transcurrido desde allá hasta aquí. No he podido encontrar en todo lo escrito consultado, nadie que haya tratado otro problema de plena vigencia, en el mundo en que vivimos. Ese problema consiste en esconder la cabeza para no ver nuestra propia realidad, que es, con algunas variantes, la de otros muchos compañeros de viaje, que cada día, comparten el camino con nosotros.
Es increible la cantidad de personas que, cuando se nos presenta una dificultad, en lugar de hacerle frente e intentar solucionarla, metemos la cabeza debajo de nuestra desidia o falta de arrojo y esperamos que el Simoun barra las dunas y allane las quebradas, en el desierto que en ocasiones se convierte nuestro pensar. Lo malo es que, mientras hemos tenido la cabeza enterrada en la arena, el espesor sobre ella ha aumentado considerablemente y desenterrarla supone esfuerzos muy superiores a los que teníamos que realizar en el momento que deberíamos haberlo hecho. Siempre intentamos buscar culpables, ajenos a nosotros, pero ellos se diluyen en la inconsistencia de nuestra propia invención. Al final, vuelta a empezar. Y ese regreso al comienzo, se complica con los problemas que ya teníamos y con los que han surgido en el tiempo que hemos malgastado en no solucionar lo que teníamos que haber solucionado. La mayoría de los problemas que nos agobian, no eran tales en el momento de nacer, fue nuestra propia desidia quien los dejó medrar y pasaron de ser un inicio de algo, que se pudo agostar en el acto, a convertirse en un monstruo que, con poco que nos descuidemos, nos come y en el mejor de los casos nos crea tanta incomodidad y agobio que distorsiona nuestro vivir Seamos conscientes de nuestras dificultades e intentemos darles solución antes de que se conviertan en problemas. Y, sobre todo, seamos coherentes y reconozcamos que la vida, aún teniendo recovecos, es enormemente sencilla. No la compliquemos y vivámosla en plenitud, que es muy breve. Demasiado breve. Si te enamoras de ella, siempre te corresponde. Eso sí, es bueno no pensar más allá de donde alcanza la visión de nuestro horizonte. Buenas noches y Felices sueños..
LA VALENTÍA DE LOS COBARDES
Lo que voy a decir, es una perogrullada, pero no deja de ser un inicio del tema que quiero tratar en el día de hoy. Cada persona es un mundo. Más aun. Cada instante de la existencia de una persona, es un mundo. Partiendo de ese principio, es muy difícil establecer un razonamiento coherente en el comportamiento de lo seres humanos. Podría, incluso, ampliarlo a todos los seres vivos. Pero concretémosnos a los humanos, por hoy.. Hay niños que, desde su más tierna infancia, muestran ya sus tendencias, con tan nítida claridad que, haciéndoles un seguimiento y manteniendo íntegra la premisa del inicio de este escrito, con los diferentes comportamientos en el transcurso de su vivir, mantienen las tendencias mostradas en sus orígenes, siempre en la misma dirección. El grupo al que vamos a dedicar hoy nuestra atención, es el de ese niño que, sin que tenga nada que ver su capacidad de intelecto, no acaba de encajar con las actitudes de sus maestros, compañeros o entorno, en general. Esto en cualquiera de las actividades a las que se dedique. Estudio, juego o cualquiera otra situación que se cree en el ámbito colegial. Se acobarda y no se enfrenta a su realidad para hacerse entender o saber defender los derechos que él supone que le asisten. Se encierra en sí mismo y culpa a los demás de su idiotez. Cuando regresa a su casa, suelta su rabia, con el gato, con el perro, con los hermanos menores. si los tiene y hasta con los padres, si éstos son excesivamente condescendientes. Según van cumpliendo años, sus reacciones van subiendo también en calidad y cantidad, siempre en la misma dirección. Cuando llega a la edad en que solo existe su verdad, ya empieza a ser insoportable. Al pasar de los 20 años, alcanza cotas escandalosas, juzgando a profesores, compañeros, vecinos y todo bicho que se mueva. Y cuando comienza a trabajar, ya sea en un andamio en una carpintería, cafetería o en el ejercicio de una carrera media o superior cuya titulación ha conseguido a, pesar de los impedimentos que le pusieron quienes querían negársela. No hay superior, igual o subordinado que no sea un incompetente, un insoportable, un inadecuado que ocupa un puesto que no se merece ni sabe desempeñar. Pero él no tiene agallas para exponer su criterio. Duda de sí mismo. Duda de su capacidad de comunicación para convencer a unos y a otros de lo que deseara que hicieren. Teme al fracaso. Es cobarde. Entonces llega a su casa y suelta toda su adrenalina envenenada con los suyos. Es entonces saca a relucir su cobarde valentía, ante la la tolerancia de los que le ignoran. Reniega, grita, blasfema, diciendo palabras que en público no se atreve, porque en el fondo, sabe que son denigrantes, sobre todo para quien las pronuncia. No se respeta a sí mismo. Por la misma razón que no respeta a nadie. Crea mecanismos de defensa artificiales. Es un fracasado, en toda la expresión de la palabra. Es un meandro en la desembocadura, pues no tiene capacidad para mantener su propio cauce, y tiene que esparcirse por múltiples canales porque su caudal se diluye sin coherencia sin fuerza creativa. Se pierde en la negrura de su existencia sin dejar huella de su paso por la vida. Muere.