AIRES DE NAVIDAD

Tenemos unas temperaturas que, en nada está acordes con el inmediato comienzo del invierno. Hoy estamos a18 grados centígrados. Es increible, pero así es. Esta mañana Pico Amarillo, el Mirlo, y Papo Rubio, el Piti Rojo, estaban en sus puestos, pero ni el uno ni el otro entonaban sus trinos matutinos. Pienso que ellos entonan sus cantos para espantar el frío, o por alguna otra razón que tiene que ver con las bajas temperaturas. Es la única explicación que le encuentro a su silencio en mañanas como la de hoy. A falta de sus cánticos, hoy escuché la de los niños del colegio de Beariz. Me sonaron a gloria. Qué pena. Catorce niños (14) son los que componen el alumnado del Municipio de Beariz. No es nostalgia de viejo. Son datos contrastables y contrastados. Siendo yo niño, superábamos el centenar y con mucho. Pero bueno, hoy estuve escuchando sus Villancicos y viendo la escenificación del Portal de Belén.  Me lo pasé en grande. Y eso que no tenía ninguno de mi familia más próxima, pero la inocencia y la espontaneidad del niño, siempre toca las fibras más sensibles del corazón humano.Gozaba por mí mismo y, no menos lo hacía, escuchando a los padres que presenciaban el acto y sus expresiones eran idénticas a las que yo y mis contemporáneos proferíamos hace cuarenta y cincuenta años en idénticas circunstancias. Ni los modernismos ni la evolución de las sociedades, son capaces de cambiar ciertos hábitos que son inherentes a las personas.

Anuncios

¡¡ QUE SEMANA!!

Buenas tardes. Esta ha sido una semana de lo más dinámica que uno se puede imaginar. Pequeñeces. Bueno, lo que digo casi siempre, pequeñeces, porque, realmente en mi vida las cosas importantes, son las que no tienen importancia, bien porque están fuera de mi alcance y pierden todo interés, o porque su valor intrínsico, realmente no ameritan que se tengan en cuenta. El lunes vinieron Manolo y Dani a tomar un aperitivo conmigo. Encontré a Dani muy desmejorado. Que quién es Dani, pues Dani es la persona que más me preocupa en estos instantes. Tiene 20 años y se encuentra algo enfermito. Tiene que ir a Madrid cada dos por tres a que le apliquen Radio y Quimio. No sale de casa, si no es para ir al médico o venir a mi casa a tomar alguna cosa que le preparo. Lo que más le gusta son las gambas al ajillo y yo se las hago con todo el amor que puedo. No sabe él el honor que me hace honrándome con su gesto de venir cada vez que le invito. No lo hago con más frecuencia porque no quiero molestarle. Este lunes le ví algo desmejorado pero con buen ánimo. Lo necesita y a fé que Dios le da fuerzas. ¡Cuánto deseo que un día, los médicos, nos den una buena noticia y le digan que en unos años no vuelva por La Paz. Ese día, con permiso de sus padres, monto una fiesta por todo lo alto.

El martes tuve que hacerme una analítica sobre mi situación urológica. Mañana tengo que recogerla para el martes próximo, llevárselo al urólogo. Y es que cuando faltan unos meses para los 80, los tejados, paredes y pavimentos, sufren deterioros y hay que repararlos. El miércoles también fue complicado y hoy, por el monte, me excedí un poco y pasé de los 17 kilómetros. Pero me vino bien, porque este año, si Dios me lo permite, quiero hacer el Camino de Santiago. Si puede ser, desde Rocenvalles. La climatología me respetó, porque, al mismo llegar a casa, comenzó a llover.. Así que comí, descansé un poco, os conté algo de mi vida y ahora, a prepararme para ir a Zumba. A mover el esqueleto durante una hora. Por supuesto que tanto Pico Amarillo como Papo Rubio, mis entrañables despertadores mañaneros, acudieron a la cita como siempre, puntualmente. Mañana os hablaré de algo que no me es nada fácil de entender. Pero eso será mañana, si Dios lo quiere.

UNA VISITA MUY GRATA

IMG-20151213-WA0002[1]

Hoy no tuve que cocinar. Me llegó una invitación para almorzar en el Restaurante La Maquía, en Carballino. En un paraje espectacular a la vera del Río Arenteiro, cuyas aguas juegan a saltar de roca en roca entre abedules y robles, había un viejo molino que alguien habilitó como Restaurante y allí nos dio cita la actual Ministra de Empleo y S. S. María Fátima Báñez García. Con una simpatía arrolladora y un dinamismo propio de una deportista, nos saludó y después de unas breves palabras nos animó a que fuéramos honestos a la hora de votar el día 20 próximo, en que se decide el porvenir inmediato de nuestra querida España. Fue un almuerzo muy distendido y reconfortante. Una vez más me refugio en unos versos del admirado Poeta gaditano Don José María de Pemán

No voy de la gloria en pos

Ni torpe ambición me afana

Y al nacer cada mañana

Tan solo le pido a Dios,

Casa para albergar,

Pan tierno para comer,

Un Cristo para rezar,

Y un libro para leer.

OS INVITO DEGUSTARLOS CONMIGO

Estoy seguro que en más de uno, si alguien lee mi Blog, os va dar un poquito de sana envidia lo que os voy a decir. Ayer viajé hasta Xinzo a la casa de unos excelentes amigos, a recoger parte del fruto de una elaboraación de productos de Porco Celta, que ellos prepararon para mí. Les esstoy muy agradecido por el gran favor que me hicieron. Allí en su vivienda, Doña María José, la dueña de la señora de la casa, preparó un yantar que estaba, no delicioso, sino, lo que sigue, como dicen ahora. Un caldo gallego con todos los ingredientes que lo definen. La verdura fabulosa, de sabor, cocción y textura. Las patatas, mimadas, como se merecen que se traten las patatas de Xinzo. Los garbanzos, divinos.  Las carnes de ternera, sin come ntarios. Todo lo relativo al Porco Celta, sí, con mayúsculas, para sacarse el sombrero, si la normal compostura no lo hiciere antes de sentarse a la mesa. Lacón, chorizo de calabaza, chorizo de cebolla, chorizo de carne, señoras y señores, para no levantarse de la mesa e ir de allí, al cielo, único lugar que lo podría superar. Gracias María José. Gracias Manolo por el día que me regalasteis. Ya dije que esto aconteció ayer. No me importó, en absoluto, hoy caminar, en vez de mis diez kilómetros reglamentarios, casi quince, para compensar el “sacrificio” gastronómico que realicé ayer.

IMG-20151208-WA0009[1]

Mira que me gusta, cada mañana, escuchar los trinos de mi amigo el Mirlo y los pío, pío, de mi Pitirrojo, pero hoy hasta me parecieron más armónicos y sonoros. Y es que cuando el espíritu y el cuerpo están bien alimentados, la vida tiene otro colorido y otra dimensión.

HACE ONCE AÑOS

IMG-20151210-WA0001[1]El día amaneció con nombre y apellidos gallegos. Brumoso, con nubes que ni suben ni bajan. No dejan asomar el sol pero tampoco traen agua. Hasta el mirlo se mantuvo en silencio esta mañana. El Pitirrojo sí apareció en la ventana con su tic nervioso pero se le notaba desganado. Al mirar el almanaque que tengo en la cocina y  ver el día en que estamos, caí en la cuenta de que hoy hace años que Eulalia Cerdira llegó al Centro Geriátrico tal día como hoy hace 11 años.

Como de costumbre, al regresar hacia mi casa, hice un alto en el camino y entré en el Centro Geriátrico de la Fundación San Rosendo , que tenemos en Beariz. Saludé a la Sra. Rosa Barroso, Directora del Centro, a las Auxiliares y a los residentes que había por la sala central. Rosa se disculpa, porque alguien la requiere en la entrada. En efecto. Una señora mayor acompañada de una joven acceden a la sala acompañadas de la Directora. Yo las observo y cuando la señora mayor toma asiento en una de las butacas que allí hay, me acerco a ella para saludarla. Siempre lo hago con todos los internos y si alguna vez, como es el caso, coincide que estando allí llega una persona nueva, la saludo y le deseo todo lo mejor en su nueva residencia. Con la señora iba hacer otro tanto. Muy ceremonioso y utilizando mis mejores modales, me acerco y le doy la bienvenida, haciendo votos porque su estancia sea a medida de sus deseos. Aún no había terminado mi breve parlamento, la señora, dándome un manotazo y con gesto avinagrado me dijo en tono bien sonoro para que yo me enterara:

-¡Apártese de ahí payaso!

Volvió la cabeza hacia otro lado para no verme y musitó algo entre dientes que, de lo único que estoy seguro, es que no fue un piropo hacia mi persona. Le pedí disculpas pero ella me ignoró totalmente. A mí, en absoluto, me molestó. Normalmente cuando llega una anciana o un anciano a un Centro de Mayores, su estado anímico no es el de mayor alegría, pero el de la señora, sobrepasaba todo lo imaginable. La Directora la disculpó, aunque ello era innecesario por razones obvias. Sin embargo la señora Eulalia, sembró en mí una semilla la cual yo estaba convencido que daría frutos en el futuro.

Estábamos ya abocados al invierno y el otoño estaba siendo muy duro, por cuya razón, al día siguiente de llegar Eulalia a la Residencia, me fue sumamente difícil encontrar una rosa. Recorrí todos los jardines de tres o cuatro aldeas. Todos los rosales estaban secos. Si alguno tenía los restos de una flor, en cuanto intentaba cogerla, se deshacía Por fin, en un rincón de un jardín, protegido por una tapia, encontré un capullo rojo carmesí increible. Estaba sujeto al tronco del rosal por una ramita delgada y seca. Con sumo cuidado, como si de un huevo con la cubierta sin solidficar se tratara, lo iba a cortar, cuando me di cuenta que lo podía destruir. Me fui a casa, cogí unas tijeras y regresé a la procura del rojo y delicado capullo. Conseguí tenerlo en mi mano intacto, pero en cuanto lo deposité en el asiento del coche, el rabito se divorció del capullo. Un alambre fino suplió a la insolidaria rama. Rodeé la florecilla con unas ramas verdes y me fui a la conquista de mi arisca dama. Llegué junto a ella. Estaba sentada. Ni miró quien le daba los buenos días. Conseguí ponerme en frente de sus ojos y comencé a recitar unos versos de San Juan de la Cruz. Soportó  sin decir nada unos segundos. Al fin levantó la mirada y yo le ofrecí mi diminuto e improvisado ramo. Lo tomó en sus manos sin decir palabra. Yo permanecí  callado y en cuclillas frente a ella. Al fin mirándome a los ojos me dijo muy quedo, como si quisiera que solo yo la oyera

-Gracias. Acerqué mis labios a su mejilla y le dí un beso. Ella me correspondió con otro. Allá, en lo más profundo de un sentimiento adormecido, pareció asomar una sonrisa.

Siete años estuvo Eulalia en la Residencia San Antonio de Beariz, de la Fundación San Rosendo. A todo el que quería escucharla, le contaba que el amor más grande de su vida lo había encontrado a los 85 años en Beariz. El nombre de su amor, del hombre que más la quiso y que más la respetó, según sus propias palabras, ya lo puede suponer la docta lectora y el documentado lector. Se enfadaba cuando llegaba yo a la Residencia y dedicaba unos segundos a quien fuere, antes de darle a ella un beso. Me contó su vida una y mil veces. Había nacido en el Arenteiro, ese histórico y bello  pueblo ancestral, donde tuvieron su Cuartel General, muchos años, los Caballeros Templarios. Desde muy jovencita tuvo que trabajar para ayudar al sostén de la casa. Uno de los primeros empleos fue cuidar de un niño en Carballino. Este niño se llamaba Mariano y era hijo de un Juez. Un día la mamá del niño, le dijo que tenía que llevarlo a la escuela. Era la primera vez. El niño tenía 4 añitos. Cuando lo dejó al cuidado de la Maestra, Mariano no quería separarse de Eulalia y lo expresaba llorando a lágrima viva. Al fin el niño entró para la escuela y Eulalia regresó a casa. En cuanto estuvo frente a la mamá de Mariano, le dijo que ella no volvía a llevar el niño a la escuela. Que le partía el corazón verle cómo lloraba y  no volvía a llevarlo. Y así lo hizo. Desde aquel día alguien se encargó de hacerlo pero Eulalia, no. Ese niño que se llamaba Mariano y que era hijo de un Juez, que  se apellidaba Rajoy, sigue llamándose Mariano y  sigue apellidándose Rajoy y es el Presidente de todos los españoles.

A los 7 años de estar entre nosotros Dios  llamó a Eulalia a los Campos luminosos de la Eternidad, donde los niños no tienen que llorar por ir a la escuela, ni las niñas jovencitas tienen que trabajar para ayudar al pecunio de la casa. Cuando estaba su féretro en el tanatorio, entré y puse sobre él una rosa roja, casi tan grande como un girasol, para ver si, de esta manera, arrancaba una sonrisa más amplia que aquella   que me dio cuando le regalé el capullito carmesí que tanto me costó encontrar.

LEMBRANZAS

No sé si por cultura, por tradición, por estados de ánimo o por condicionantes encerrados en lo más profundo de mi cerebro, en estas fechas comienzan a tomar posesión de mis ventanales recuerdos que en el resto del año permanecen silenciosos. Hoy cociné unas alcachofas y su degustación me trasladó a Tudela y de allí,  al vecino pueblo de Castejón. Allá por el año 2.000 colaboré en la construcción de una Central de Ciclo Combinado, a las orillas del río Ebro. La obra no ofrecía ni más ni menos dificultades que cualquier otra obra de características similares. Sin embargo, nada más comenzar las excavaciones para su cimentación, aparecieron unos restos arqueológicos que, con el mínimo de responsabilidad, obligaba comunicar a Patrimonio, el hallazgo. Como es natural el Departamento de Arqueología hizo unos estudios sobre el terreno y efectivamente, aquello ameritaba que sobre el terreno hubiera un equipo que hiciera un seguimiento de los trabajos que allí se realizaban Un grupo de excelentes profesionales controlaban en cada momento todo lo que iba pareciendo. Entre el grupo, como digo, de auténticos profesionales, destacaba una joven navarrica, Amaparo Laborda,  que por su dedicación se notaba a las claras que no había escogido aquella profesión por casualidad. Realizaba los trabajos con auténtica devoción. Cuando había muestras, en medio del fragor de los trabajos de máquinas y obreros, de algo que pudiera tener relación con algún resto arqueológico, era digno de admiración con qué mimo y profesionalidad realizaba las labores para detectar lo que allí pudiera aparecer. Ella me enseñó a respetar la Historia, no escrita de nuestros antepasados, que es también la nuestra,  reflejada en toda clase de utensilios y restos que permanecen en las entrañas de la Madre Tierra y que la desidia y la barbarie, con frecuencia, ignora y destruye. En ella, en Amparo Laborda, hoy, quiero rendir un homenaje de admiración y respeto a los profesionales de la Arqueología que, con su profesionalidad, no siempre bien entendida, enriquecen nuestro acerbo cultural, haciendo que nos conozcamos mejor y tengamos más conocimientos sobre nuestros orígenes.

DIA CON ALGO DE NOSTALGIA

o

 

Hoy, festividad de la Inmaculada, amaneció un poco brumoso el ambiente. Hacía bastante frío, pero mucho menos de lo que es habitual en estas fechas. Al despertarme no vi en la ventana a mi Pitirrojo, pero sí oía los trinos del Mirlo cantarín en lo alto del Castaño. Cogí mis pequeños prismáticos, abrí la ventana, ya que el Pitirrojo no estaba y localicé en la rama más alta, el negro plumaje del Mirlo. Apenas hice ruido, ni me asomé al exterior, sin embargo, en cuanto dirigí los prismáticos hacia donde él estaba, dejó de cantar y no volvieron a sonar sus trinos hasta que cerré la ventana y me retiré un poco de ella. No le gusta que le miren cuando canta. Si quiero escucharle, tengo que respetar su soledad. Así lo haré. A los pocos instantes, cuando me disponía a vestirme, apareció el diminuto pajarillo del pecho rojo y resto de  plumaje aceitunado. Estaba la escena al completo. Este debía haberse despertado con apetito porque no hacía más que limpiar el pico frotándolo de lado contra las piedras que conforman el cuadro de la ventana. Me senté en la cama observándole a él y escuchando la melodía que interpretaba su congénere en lo alto del viejo castaño. Cuanto más frío hace, mejor interpreta sus melodías. Un día, cuando tengamos más confianza, le preguntaré quién se las compone. A lo mejor es él mismo. Tal vez algún día lo sepamos.

Para que se me entienda mejor, tengo que explicar que mi pequeña y  querida casita, está situada en el extremo de la aldea. No tengo ningún otro vecino a quien molestar ni que me moleste. De ahí que, como ya he dicho, el silencio y la soledad son mis compañeros inseparables y a fe que hacemos un trío muy soportable. De vez en cuando nos visita el viento con sus notas graves y amenazadoras. Frecuentemente le acompaña la pertinaz lluvia y cuando ambos se ponen de acuerdo, suelo tomar dos decisiones, o arrimarme al hogar con buena leña calentando el ambiente o encerrarme en mi alcoba y dormir. Reconozco que he llegado a convertir en Nanas muchas de las borrascas que nos llegan desde el Atlántico. Es muy placentero  hacerlo, al principio cuesta un poco pero a todo se acostumbra uno. Solo no se consigue aquello que no se intenta con tesón e inteligencia. De ésta no tengo mucha pero de lo otro, para regalar en cantidad. Buenas noches sufridos y admirables amigas y amigos que me soportais. ¡¡Cómo os lo agradezco!!