
Nos hicieron una amable invitación y no nos podíamos negar. A la hora acordada estábamos en su casa. Nos recibieron como saben hacerlo: Amabilidad sin límites y cordialidad como solo ellos son capaces de brindar. Nuestros anfitriones no eran otros que el matrimonio Janeiro-Muradás. Don Julio y doña María Blanca. El yantar delicioso en todos los órdenes, pero la sobremesa superó todo lo pensado.
Sabido es lo buen conversador que es Julio, si a ello se añade que hoy tenía un auditorio deseoso de escucharlo, no es difícil entender que se conjugaban todos los elementos para hacer las delicias de los presentes.
Fui yo quien propició el inicio de la conversación y Julio comenzó haciéndonos un recuento de su interesante devenir por la vida. Desde que muy niño se presentó en Pontevedra para examinarse de Ingreso de Bachillerato, allá por los principios de los cuarenta del siglo pasado, hasta su dedicación a la apicultura que, por cierto, hace muy poco que dejó de hacerlo, nos hizo un repaso interesantísimo por muchos avatares, de todo orden que vivió Beariz, desde los años treinta hasta nuestros días. Julio es, sin lugar a dudas, el testigo más documentado de nuestro Municipio. Sus muchos juveniles años los vivió siempre aquí, en su pueblo, en Beariz. Fue panadero, enfermero, director de banco, industrial maderero, aserrador y muchas cosas más. Político desde antes de nacer. Vivió en la República, la Guerra Civil, la Dictadura, la Democracia y en todas ellas lideró, de alguna manera, situaciones de toda índole.
No me cansaré de repetir que escucharle es todo un placer porque su verbo no solo relata los hechos acontecidos durante su vida, sino que se introduce en los recovecos más profundos de nuestras gentes justificando en todo momento errores de unos y de otros y dedicando elogios a quienes elogios merecen.
Desde mi Atalaya de Os Cotiños a donde acabamos de regresar después de compartir con María Blanca y con él en su apartamento de Sanxenxo, tan enriquecedora sobremesa, solo puedo decir que hoy escuchamos una lección magna de la boca de un hombre que conoce nuestro pueblo y sus gentes como nadie. Gracias, Maestro, te agradezco en el alma todo lo que hoy me has enseñado. Continuaremos, si a bien lo tienes, hablando sobre un tema tan interesante como es el conocer a nuestros antepasados que es la mejor manera de conocernos a nosotros mismos. Es para personas privilegiadas. Gracias Don Julio.
Aspecto de la playa de Sanxenxo por culpa del maldito Coronavirus. Leiriñas de arena, como as leiriñas en las huertas en las aldeas.
e julio, caluroso
No sé cómo se llama ni se lo pregunté. Me regaló una sonrisa y para mí fue el mejor obsequio. Es un Peregrino no CAMINHO DA GEIRA E DOS ARRIEIROS, el primero que veo y creo que pasa después de la maldita Pandemia. No le pregunté el nombre, su identidad la lleva impresa en su sonreír a pesar del sol de justicia que calienta nuestros cuerpos. Viene desde el País hermano, desde la bellísima y ciudad de Braga donde comienza el Camino que lleva a la casa del Apóstol Santiago . No quise entretenerle, era un pecado hacerlo mientras el sol seguía implacable su labor veraniega. Le acompañé unos metros hasta cruzar el río Avia, con un gesto de hermanos, y un abrazo virtual le dije: BUEN CAMINO.
Mantenemos un noviazgo de conocimiento mutuo para si ello es cónsono con nuestros propios criterios, terminar en un matrimonio como cualquier otra pareja. En esto debo hacer una observación que llevo expresando hace ya muchos años y con pleno conocimiento: Las personas somos unos seres mutantes, lo cual me lleva a la conclusión que en el segundo cuarenta y tres somos diferentes a cómo éramos en el segundo cuarenta y dos. No obstante, esta aplastante realidad, mi dama y yo nos damos este tiempo de reflexión y conocimiento de defectos y virtudes que nos adornan, a ella, porque a mí, son mínimas las que mejoran mi figura, tanto humana como de las otras. Bien, decía que pasado este tiempo de reflexión tenemos pensado unirnos en matrimonio como mandan los cánones. A los ochenta comencé a publicar en serio, Autobiografía, novelas, libros de relatos y sigo escribiendo con febril insistencia, intentando recuperar el tiempo perdido, si es que lo hay, porque cincuenta de ellos, compartidos con una mujer maravillosa que físicamente nos dejó hace ya quince, formamos una familia que hoy sigue siendo modelo de comportamientos en un mundo nada fácil. Hoy mismo, festividad de San Benito, con mi novia, hicimos una peregrinación a su Santuario de Pardesoa de Santiago recorriendo a pie veinte y tres kilómetros bajo un sol de justicia que superaba, a la sombra, una temperatura de treinta grados y realizamos el recorrido entre las nueve y media de la mañana y las seis de la tarde. Y más cosas que podría añadir. ¿Decidme si no bastan para que el título de mi Blog de hoy no pueda llevar el título que encabeza este comentario?
Suena a pedantería y no están muy errados quienes así piensan. La tal Estrella no es sino mi nueva novela LA FUERZA DE LOS HELECHOS. Como mi personal firmamento es tan insignificante, en cuanto nace algo nuevo, resalta tanto que deslumbra mis ojos, por eso con toda rapidez pongo en conocimiento de mis fieles lectores, la salida a la calle de este libro, en el que, como en los demás, le entrego lo mejor de mí mismo. LA FUERZA DE LOS HELECHOS es un cántico a la mujer. Todos sabéis que lo helechos son una plantas muy abundantes en las regiones húmedas. Su desarrollo es muy rápido y, sin embargo su complexión es muy variada. El mástil estilizado y muy fibroso nace con un núcleo redondeado y muy blando, tanto que, si se le toca con las yemas de los dedos, a la mínima presión, se deshace. Es frecuente hallarlo en los arcenes de las carreteras donde el hormigón asfáltico que los cubre no tiene el espesor ni la compactación que se le da al firme de la zona de rodadura, sin embargo, no deja de ser un elemento compuesto de un betún sólido amasado con gravilla pétrea, formando una capa muy resistente a cualquier tipo de agresión, incluso punzante. Caminante, por las tierras gallegas, párate y observa con detenimiento, en primavera, cuando la naturaleza despierta del letargo invernal, cómo los helechos atraviesan esa capa de hormigón asfáltico de los bordes de las carreteras y se desarrolla en plenitud. Y, si cuando los ves que asoman, los frotas con las yemas de tus dedos, como digo al principio, sin apenas esfuerzo, tus dedos se verán manchados de una pulpa húmeda y tierna. En mi humilde entender, en esa capacidad de salvar dificultades, utilizando la ternura, su fortaleza, su prudente inteligencia, su silencioso sufrir, su darse a sí mismas para fertilizar su hábitat y engendrar vida, veo la similitud de la humildad del helecho y la humilde grandiosidad de la mujer. Siempre se ha dicho que detrás de cada gran hombre hay una mujer. Pienso que no hay ningún hombre que destaque si a su lado no hay un ser extraordinario, una mujer, que lo motive. Es ella la Reina de la Naturaleza, es la Señora de lo creado y si se para, el mundo no se mueve. Los helechos han copiado de la Mujer su capacidad de sacrificio y en todo su vivir lo demuestran. En LA FUERZA DE LOS HELECHOS así lo expreso y en cada instante de mi vida, así lo manifiesto.
Esta primera tarde del Verano, acompañado de la mujer con la que comparto mi vida, visitamos el Oural. El Oural es un paraje donde tuve, no hace muchos años, mis cerditos Celtas. Me dió mucha pena ver cómo está, por esa maldad de algunas personas que no soportan que los demás aspiren a realizar algo bueno. Lo que prometían convertirlo en un vergel que enriquecería a todos los vecinos del pueblo, está totalmente abandonado. En el cruce de caminos que hay al principio de lo que habíamos convertido en un parque, me vino a la memoria un recuerdo que nos sucedió a mi socio Serafín, por cierto ya hace unos años que se fue a lo eterno, y a mi. N pude por menos que contárselo a Lorena.